El cambio de color de tus uñas podría indicar algo más que la falta de un lavado de manos. Investigadores de la Facultad de Medicina de Rutgers, en Nueva Jersey, realizaron un análisis de distintos estudios que sugieren y documentan una relación peculiar entre el cambio de coloración en la base de esta estructura anatómica y la posible presencia de ciertas intoxicaciones, afecciones cardiovasculares, enfermedades del hígado, así como trastornos autoinmunes y reumatológicos.
La mayoría de los trabajos analizados se centran en el estudio de la lúnula, una pequeña zona ubicada en la base de la uña y cercana a la cutícula que, con forma de media luna, corresponde a la porción visible de la matriz ungueal, es decir, la estructura donde se desarrolla y crece la uña. Esta área, que es especialmente visible en los dedos pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies, habitualmente presenta un tono blanco característico.
Sin embargo, en ocasiones poco comunes, puede adoptar un tono rojizo, lo que podría relacionarse con ciertas alteraciones en el organismo, según la literatura científica. La explicación propuesta para este fenómeno por el nuevo artículo, publicado en American Journal of the Medical Sciences, está relacionada con los vasos sanguíneos situados debajo de la uña.
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El óxido de trimetilbenzoil difenilfosfina (TPO) actúa como fotoiniciador, es decir, absorbe la luz LED de la lámpara de secado y permite que el gel pase de líquido a sólido.
Las lúnulas rojas generalmente parecen producirse cuando los pequeños vasos sanguíneos se dilatan y aumenta el flujo de sangre hacia esta zona. La matriz ungueal es relativamente delgada y translúcida, por lo que los glóbulos rojos que circulan por los vasos dilatados pueden hacerse más visibles y darle a la lúnula su apariencia rojiza. Esta explicación también podría ayudar a entender por qué el signo se observa con mayor facilidad en determinadas personas, particularmente con el avance de la edad.
Según el artículo, las lúnulas rojas fueron descritas por primera vez en 1954 en Londres. Richard Terry, médico investigador del Hospital St. Bartholomew, examinó a 23 pacientes con diferentes enfermedades y encontró que 14 de ellos, equivalentes al 61%, tenían insuficiencia cardíaca. Los demás presentaban enfermedades como enfisema, bronquitis crónica, policitemia vera, desnutrición, cirrosis, linfoma y leucemia mieloide. Además, examinó a 150 mujeres jóvenes aparentemente sanas y no encontró lúnulas rojas entre ellas. Este trabajo documentó el primer indicio de que el cambio de coloración en la base de las uñas era poco común en personas sin enfermedades subyacentes y que podía estar relacionado con ciertos padecimientos sistémicos.
Desde entonces, esta variación se ha asociado con otros padecimientos alejados, aunque relacionados, del sistema cardiovascular. Entre ellos destaca la alopecia areata, una enfermedad que provoca pérdida del cabello. Algunos pacientes con este padecimiento desarrollaron un enrojecimiento que sustituyó las lúnulas blancas normales. Al principio se consideró que podía deberse al uso de corticosteroides, pero posteriormente se documentaron varios casos de personas con alopecia areata que no recibían este tipo de tratamiento y también presentaban lúnulas rojas. Esto fortaleció la posibilidad de que el cambio estuviera relacionado directamente con la enfermedad y no necesariamente con los medicamentos.
También se ha observado este signo en distintas enfermedades reumatológicas. Se han documentado casos en personas con artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico y dermatomiositis, entre otras enfermedades del tejido conectivo.
En un estudio con 39 pacientes con diferentes enfermedades de este grupo, el 69% presentó algún cambio en una o varias partes de la unidad ungueal y uno de los pacientes con lupus presentó lúnulas rojas como una de las primeras manifestaciones de la enfermedad. Otro estudio incluyó a 190 pacientes: 56 tenían lupus eritematoso sistémico, 47 artritis reumatoide, 35 síndrome de Sjögren primario, 39 esclerosis sistémica y 13 dermatomiositis o polimiositis. En cada uno de estos grupos se encontró al menos un paciente con lúnulas rojas. La asociación fue particularmente significativa entre los pacientes con artritis reumatoide y síndrome de Sjögren primario.
Un síntoma temprano que necesita ser evaluado
El cambio de coloración también se ha asociado con cirrosis hepática, linfoma, psoriasis, intoxicación por monóxido de carbono, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, vitíligo y distrofia de las veinte uñas, además de algunas anomalías hematológicas.
Los autores aseguran que “aunque la etiología precisa sigue sin estar clara, las lúnulas rojas pueden reflejar tanto la actividad de una enfermedad sistémica como una patología local, como tumores subungueales. Dada su rareza, su potencial relevancia diagnóstica a menudo se pasa por alto”.
Sin embargo, enfatizan que no todos los cambios en la coloración de la base de las uñas diagnostican, por sí solos, el padecimiento de alguna enfermedad. En cambio, aseguran que “al identificar lúnulas rojas, los médicos deben considerar su posible relación con una enfermedad sistémica o dermatológica subyacente”.
Los especialistas sugieren que, para determinar si realmente se trata de una lúnula roja, es importante observar cuidadosamente todas las uñas. Cuando está relacionada con una enfermedad sistémica, generalmente aparece en varias uñas de manera bilateral y simétrica. Sin embargo, reiteran que “este sutil signo clínico puede facilitar la detección e identificación tempranas de enfermedades sistémicas potencialmente importantes”.




