El samurái y el prisionero, la nueva película del director Kurosawa Kiyoshi, ha dado un salto internacional tras su paso por el Festival de Cannes, donde tuvo su estreno mundial dentro de la sección Cannes Premiere. La cinta, distribuida en el mercado internacional por la agencia Charades, ha cerrado acuerdos de venta en decenas de territorios, consolidándose como uno de los títulos japoneses más comentados del año.
En Japón, el filme ha sido distribuido por Shochiku y su desempeño en taquilla ha superado todas las expectativas iniciales. La producción ha recaudado más de 1.100 millones de yenes, unos 7,1 millones de dólares, y ha convocado a cerca de 800.000 espectadores en las salas del país, una cifra notable para una superproducción de época.
Un fenómeno que traspasa fronteras
Los derechos para Estados Unidos y Canadá están en manos de Janus Films, mercado en el que la película ya ha recaudado alrededor de 800.000 dólares desde su estreno limitado. A partir de este impulso, Charades ha cerrado nuevos acuerdos de distribución con Blue Finch Film para el Reino Unido, I Wonder Pictures para Italia, Arthouse para Francia, Adso Films para España, Film4you para Portugal, Mars Films para Turquía y Cinemart para la República Checa y Eslovaquia.
La expansión no se detiene ahí. Palace Entertainment se ha hecho con los derechos en Australia y Nueva Zelanda, mientras que en Asia la película ha llegado a manos de Studio DHL en Corea del Sur, Sky Digi Entertainment en Taiwán, Singapore Film Society en Singapur y Falcon en Indonesia. A esta lista se suman Paradise MGN, que cubre los países bálticos y la CEI, y MCF Megacom Film, que ha adquirido los derechos para la antigua Yugoslavia y Bulgaria. Bofrato, por su parte, se ha quedado con los derechos para su exhibición en vuelos comerciales, un canal cada vez más relevante para el cine internacional.
La historia detrás del filme
Kurosawa adapta en esta ocasión la novela ganadora del Premio Naoki, escrita por Yonezawa Honobu, uno de los autores más reconocidos del género histórico en Japón. La trama se ambienta en el período Sengoku y sigue a Lord Araki Murashige, interpretado por Motoki Masahiro, un señor de la guerra que se rebela contra el despiadado Oda Nobunaga y termina asediado dentro de sus propias murallas.
Mientras una serie de muertes misteriosas sacude el orden interno de su corte, Murashige forja una alianza tan inestable como necesaria con Kuroda Kanbei, encarnado por Suda Masaki, un brillante estratega que permanece prisionero en el calabozo, pero que en realidad podría ser quien ostenta el verdadero poder tras los muros del castillo.
La crítica especializada también se ha rendido ante el filme desde su paso por Cannes. En su reseña para Variety, la periodista Jessica Kiang destacó que la propuesta de Kurosawa resulta sumamente entretenida y plantea que estar encadenado no siempre equivale a ser prisionero, del mismo modo que la riqueza y el poder no garantizan una libertad real, una reflexión que atraviesa toda la trama del filme.
Con este recorrido internacional, El samurái y el prisionero se perfila como una de las grandes revelaciones del cine japonés reciente, con nuevos territorios que podrían sumarse en los próximos meses.




