China se está consolidando como una de las principales potencias mundiales en robótica y ha sorprendido al mundo con robots humanoides capaces de ejecutar movimientos de kung-fu, acrobacias y coreografías de baile con gran precisión.
Sin embargo, detrás de esas demostraciones existe una realidad mucho más compleja: los robots humanoides todavía enfrentan grandes dificultades para realizar trabajos útiles de manera autónoma y constante.
Durante 2025 se distribuyeron alrededor de 20,000 robots humanoides en todo el mundo, y cerca del 95 % procedían de China, según datos citados por medios internacionales. Para 2026, la producción china podría superar las 100,000 unidades, de acuerdo con Gan Xiaobin, funcionario del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información.
Este crecimiento está relacionado, en buena medida, con el fuerte respaldo que el Gobierno chino está dando al desarrollo de esta tecnología. Grandes contratos y programas de apoyo han impulsado la aparición de numerosas compañías dedicadas a la fabricación de robots humanoides.
Actualmente, China cuenta con más de 150 empresas vinculadas al desarrollo de este tipo de robots, una cifra que refleja la dimensión que ha alcanzado la industria.
La apuesta responde a varios objetivos. Uno de ellos es posicionarse en la carrera tecnológica internacional y conseguir una ventaja en el desarrollo de robots capaces de interactuar y trabajar en entornos diseñados para personas.
Otro factor está relacionado con el futuro demográfico del país. China enfrenta un rápido envejecimiento de su población y, durante las próximas décadas, podría perder una cantidad importante de personas en edad laboral. Los robots humanoides son vistos por algunos sectores como una posible herramienta para compensar parte de esa reducción.
Pero existe una contradicción importante: China no enfrenta actualmente una escasez generalizada de trabajadores. Por el contrario, los jóvenes afrontan dificultades para encontrar empleo, especialmente en sectores donde existe una elevada competencia.

El principal desafío de los robots humanoides no está en caminar, correr, bailar o realizar demostraciones llamativas. Está en conseguir que puedan trabajar de manera autónoma, segura, precisa y económicamente rentable.
Algunos especialistas de la propia industria han reconocido que la tecnología todavía está lejos de ese objetivo. Tang Wenbin, cofundador y director ejecutivo de la empresa de robótica Yuanli Lingji, señaló que las capacidades de los robots todavía son limitadas y que muchas de las demostraciones que se presentan como trabajo corresponden, en realidad, a movimientos previamente preparados.
El problema fundamental es que un robot humanoide necesita enfrentarse a situaciones impredecibles. Una persona puede aprender rápidamente una tarea, adaptarse a cambios en el entorno y resolver problemas que no estaban previstos inicialmente. Para un robot, esas situaciones pueden requerir nuevos datos, programación adicional o supervisión humana.
Por esa razón, muchas aplicaciones actuales siguen siendo muy específicas y controladas.
Además, los robots humanoides tienen que competir con una tecnología que lleva décadas instalada en las fábricas: los robots industriales tradicionales.
Estos sistemas ya realizan tareas repetitivas con gran precisión y velocidad, especialmente en sectores como la fabricación de automóviles, la electrónica y la logística. En muchos de esos trabajos, utilizar una máquina con forma humana no ofrece necesariamente una ventaja frente a un brazo robótico o un sistema automatizado diseñado específicamente para esa función.
El gran reto: demostrar que pueden ser rentables
La gran pregunta para la industria es qué tareas pueden realizar los robots humanoides que justifiquen su costo frente a otras alternativas.
En teoría, su principal ventaj




