La próxima revolución de las vacunas no necesariamente llegará con una nueva enfermedad, sino con una vieja conocida: la gripe. Después de décadas dependiendo de fórmulas que deben anticipar qué cepas circularán durante cada temporada, la tecnología de ARN mensajero empieza a ofrecer una alternativa capaz de modificar la velocidad y la precisión con la que se responde al virus. Los resultados obtenidos con nuevas vacunas de ARNm muestran una eficacia superior a determinadas vacunas convencionales en algunos ensayos, especialmente frente a influenza A, aunque todavía sería prematuro hablar de una vacuna universal. Lo importante es que la plataforma ya ha dejado de ser una promesa experimental para convertirse en una tecnología con resultados clínicos concretos.
La diferencia está en la forma de fabricar la respuesta inmunitaria. Las vacunas tradicionales contra la gripe necesitan incorporar componentes del virus seleccionados para las cepas que se prevé que circulen durante una temporada determinada. El problema aparece cuando el virus cambia o cuando la predicción no coincide completamente con lo que termina propagándose. El ARNm introduce otra lógica: proporciona a las células las instrucciones para producir una proteína del virus y permite que el sistema inmunitario aprenda a reconocerla. La tecnología no elimina la evolución de la gripe, pero puede ofrecer herramientas más flexibles para responder a ella.
Uno de los resultados más relevantes de esta nueva generación llegó con mRNA-1010, una vacuna desarrollada por Moderna. En un ensayo de fase 3 publicado en el New England Journal of Medicine, más de 40.000 adultos de 50 años o más fueron comparados con personas que recibieron una vacuna estándar. La eficacia relativa frente a enfermedad tipo gripal confirmada por PCR fue del 26,6 % a favor de la vacuna de ARNm. El resultado cumplió los criterios estadísticos preestablecidos de superioridad frente al comparador utilizado.
Pero hay un matiz que resulta fundamental y que suele perderse cuando la noticia se convierte únicamente en un titular. Una vacuna no tiene una cifra universal de eficacia válida para todas las temporadas, edades y cepas. El rendimiento cambia según el virus que circule, el grupo de población estudiado y la vacuna utilizada como comparación. Además, una cosa es demostrar una ventaja frente a una fórmula estándar y otra muy diferente demostrar que una nueva plataforma supera a todas las alternativas disponibles. La propia literatura científica reciente obliga a mantener esa diferencia para no transformar un avance real en una promesa excesiva.
El interés por el ARNm tampoco se limita a la capacidad de evitar casos de gripe. Investigaciones recientes han observado respuestas inmunitarias más amplias con algunas vacunas de esta tecnología. Un trabajo publicado en Nature Immunology encontró mayores títulos de anticuerpos y más células B de memoria en participantes que recibieron mRNA-1010 frente a una vacuna convencional, además de respuestas prolongadas en los centros germinales de los ganglios linfáticos. Ese tipo de resultado importa porque plantea una pregunta de fondo: si conseguimos ampliar el reconocimiento inmunitario, quizá podamos reducir parte de la vulnerabilidad que provoca la enorme capacidad de la gripe para cambiar.
La batalla contra un virus que siempre cambia
La gripe es especialmente difícil porque no permanece quieta. Los virus influenza acumulan cambios y las variantes predominantes pueden desplazarse de una temporada a otra. Por eso la vacunación anual continúa siendo necesaria y las fórmulas se actualizan periódicamente. El objetivo de la investigación no consiste solamente en fabricar una vacuna más potente, sino en encontrar formas de conseguir una respuesta inmunitaria suficientemente amplia como para que pequeños cambios del virus no reduzcan tanto la protección.
Ahí aparece uno de los mayores atractivos de la plataforma de ARNm. Su capacidad de modificación podría permitir actualizar una formulación con mayor rapidez que algunos procesos tradicionales de fabricación. Nature señaló recientemente que esta flexibilidad es uno de los potenciales beneficios de las vacunas de ARNm frente a la evolución de las cepas de influenza. En agosto de 2026, además, la FDA estadounidense aprobó la vacuna mFLUSIVA de Moderna para determinados grupos de adultos, convirtiéndola en una de las primeras aplicaciones comerciales de esta tecnología frente a la gripe estacional.
Pfizer también forma parte de esta carrera. Un ensayo publicado previamente en el New England Journal of Medicine con una vacuna de ARNm modificada desarrollada por la compañía encontró una eficacia relativa del 34,5 % frente al comparador para el primer episodio de enfermedad tipo gripal. El resultado cumplió los criterios establecidos de no inferioridad y superioridad, aunque los resultados variaron según los tipos de influenza analizados. La experiencia demuestra que la plataforma tiene potencial, pero también que conseguir una respuesta sólida frente a influenza A y B continúa siendo un desafío técnico.
La cuestión económica y sanitaria puede terminar siendo tan importante como la científica. Una gripe estacional provoca cada año millones de infecciones y una carga considerable para hospitales, empresas y sistemas sanitarios. Una vacuna capaz de adaptarse con mayor rapidez, producir respuestas inmunitarias más amplias o mejorar la protección frente a determinadas cepas podría reducir parte de ese impacto. Pero para que esa posibilidad se convierta en una transformación real será necesario resolver también costes, producción a gran escala, distribución, aceptación pública y vigilancia permanente de los virus circulantes.
El ARNm está dejando así de ser identificado exclusivamente con la pandemia de covid-19. Su siguiente etapa puede ser mucho más amplia: gripe, virus respiratorios y otras enfermedades para las que durante décadas se ha buscado una respuesta más rápida y adaptable. Sin embargo, el verdadero salto no será anunciar una vacuna milagrosa, sino conseguir una plataforma capaz de actualizarse con el virus, mantener una protección sólida y llegar de forma accesible a las personas que más la necesitan. La gripe lleva un siglo demostrando que siempre encuentra la manera de cambiar; ahora la ciencia intenta que las vacunas aprendan a cambiar con ella. @mundiario




