La crisis migratoria desencadenada en Ceuta ha abierto un nuevo frente diplomático para España en un momento especialmente delicado de las relaciones con Marruecos y con varios socios europeos. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez trata de contener las consecuencias políticas del cruce masivo de miles de personas desde territorio marroquí y defender la cooperación con Rabat, Estados Unidos ha enviado una señal inequívoca de respaldo al reino alauí.
El presidente Donald Trump ha reiterado oficialmente que Washington mantiene su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y considera que el plan de autonomía presentado por Rabat constituye la única base válida para resolver un conflicto que permanece enquistado desde hace casi medio siglo.
El mensaje, remitido al rey Mohamed VI con motivo del aniversario de su entronización y difundido por el Gabinete Real marroquí, adquiere una relevancia política que va mucho más allá de una felicitación protocolaria. En plena tensión en la frontera sur de España y cuando el papel desempeñado por Marruecos durante la crisis de Ceuta continúa siendo objeto de intenso debate político y diplomático, Washington ha optado por reforzar públicamente su alianza estratégica con Rabat.
Trump fue tajante al reiterar que Estados Unidos reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y respalda la propuesta marroquí de autonomía como "la solución seria, creíble y realista" para poner fin al conflicto. El mandatario añadió que mantener el actual escenario resulta "inaceptable" y subrayó que Estados Unidos continuará impulsando iniciativas encaminadas a alcanzar una solución definitiva.
Se trata de una posición que mantiene la línea iniciada en diciembre de 2020, cuando, durante el tramo final de su primer mandato, Trump reconoció oficialmente la soberanía marroquí sobre el territorio. Aquella decisión supuso un importante giro en la política exterior estadounidense y estuvo vinculada al acuerdo mediante el cual Marruecos normalizó sus relaciones diplomáticas con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham.
Desde entonces, la cooperación entre Washington y Rabat ha seguido profundizándose tanto en el plano político como en el estratégico. El nuevo mensaje confirma que la Administración estadounidense mantiene intacto ese compromiso y que la cuestión del Sáhara Occidental continúa ocupando un lugar prioritario dentro de la relación bilateral.
Más allá del respaldo político, Trump presentó a Marruecos como uno de los principales socios de Estados Unidos en el norte de África. El presidente estadounidense elogió el liderazgo de Mohamed VI en materia de estabilidad regional y destacó la colaboración marroquí en la lucha contra el terrorismo y contra el extremismo violento.
Asimismo, anunció la voluntad de ampliar la cooperación en ámbitos considerados estratégicos para ambos países, incluyendo defensa, inteligencia artificial, energía, minerales críticos y seguridad regional. El mensaje también hace referencia al Sahel, una de las zonas más inestables del continente africano, donde Washington considera que Marruecos desempeña un papel creciente como aliado.
La comunicación presidencial insiste en que ambos países seguirán trabajando conjuntamente para reforzar la estabilidad regional y favorecer el desarrollo económico, incluido el del propio Sáhara Occidental, un elemento que Rabat interpreta como una legitimación adicional de su posición sobre el territorio.
Todo ello ocurre mientras España afronta la mayor crisis migratoria de su historia reciente en Ceuta, tras la entrada a nado de más de 50 000 personas. El colapso fronterizo ha desatado una fractura política interna en la que el Partido Popular y Vox exigen la dimisión en bloque del Ejecutivo de Pedro Sánchez y la declaración del estado de sitio; por su parte, socios parlamentarios como Sumar critican las devoluciones "exprés" amparadas en el convenio bilateral de 1992.
A escala comunitaria, el suceso ha encendido las alarmas en el espacio Schengen, ante las amenazas explícitas de Italia de restablecer controles fronterizos con España si no se frena el flujo. Esta vulnerabilidad reactiva la tensión internacional sobre la soberanía de las ciudades autónomas españolas, objeto histórico de la doctrina del "Gran Marruecos" y que ha dado pie ha intensos debates sobre posibles estrategias de guerra híbrida con la que Rabat podría presionar de forma intermitente, como las fronteras de Ceuta y Melilla
En ese contexto, el respaldo estadounidense adquiere una evidente dimensión diplomática. Mientras varios gobiernos europeos han reclamado reforzar los controles fronterizos y revisar determinados aspectos de la política migratoria comunitaria, Estados Unidos ha optado por centrar su mensaje en fortalecer la cooperación con Marruecos y respaldar expresamente su posición sobre el Sáhara Occidental.
Por su parte, el Gobierno de España mantiene una férrea defensa de la alianza bilateral con Rabat en el marco de la crisis. Tanto el presidente Pedro Sánchez como el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, han comparecido públicamente para blindar la condición de Marruecos como un "socio absolutamente fiable", eximiendo por completo al régimen de Mohamed VI de cualquier negligencia o autoría en la entrada masiva de las más de 50.000 personas.
En su lugar, la Moncloa ha alineado su discurso con la tesis de las autoridades marroquíes, atribuyendo el colapso del Tarajal a una campaña de desinformación en redes sociales y a la manipulación por parte de organizaciones criminales de tráfico humano. Según el Ejecutivo central, estas mafias habrían instrumentalizado de forma interesada la reciente sentencia del Tribunal Supremo que limita los rechazos automáticos de migrantes en el agua.
En paralelo, Rabat continúa proyectando una imagen de estrecha cooperación internacional tanto con Madrid como con Washington. El comunicado difundido por su Ministerio del Interior sostiene que Marruecos seguirá siendo "un socio fiable y responsable" comprometido con la lucha contra la inmigración irregular y la trata de personas, una formulación muy similar a la empleada por responsables del Ejecutivo español durante los últimos días.
El conflicto del Sáhara Occidental continúa siendo uno de los principales focos de tensión diplomática del norte de África. Desde la retirada española en 1975, Marruecos mantiene que el territorio forma parte integrante de su soberanía nacional y propone un régimen de amplia autonomía bajo administración marroquí. Frente a esa posición, el Frente Polisario, respaldado por Argelia, sigue defendiendo el derecho de autodeterminación mediante un referéndum auspiciado por Naciones Unidas.
La ONU mantiene oficialmente el proceso político abierto bajo los parámetros fijados por el Consejo de Seguridad y continúa considerando el Sáhara Occidental un territorio pendiente de una solución negociada entre las partes. En ese escenario, el respaldo estadounidense y la postura española representan una de las posiciones internacionales más favorables a las tesis defendidas por Rabat, aunque no constituye la postura oficial del conjunto de la comunidad internacional. @mundiario




