El dolor de codo se ha convertido en uno de esos problemas que pueden transformar un gesto deportivo aparentemente sencillo en una limitación constante. Tenistas, jugadores de pádel, golfistas, levantadores de peso, gimnastas y deportistas que utilizan repetidamente los brazos están especialmente expuestos a las tendinopatías del codo. Lo que durante años se llamó simplemente “epicondilitis” hoy se entiende mejor como un problema del tendón, y ese cambio de concepto también ha modificado los tratamientos. En 2026, la estrategia ya no consiste únicamente en descansar hasta que deje de doler, sino en recuperar progresivamente la capacidad del tejido para soportar carga.
El llamado “codo de tenista” afecta principalmente a la zona externa del codo y suele relacionarse con los tendones que participan en la extensión de la muñeca. El “codo de golfista”, en cambio, afecta a la zona interna y compromete los tendones flexores. Ambos pueden aparecer por la práctica deportiva, pero también por actividades laborales o movimientos repetitivos. De hecho, la denominación popular puede llevar a engaño: tener dolor en la parte externa del codo no significa necesariamente que el tenis sea la causa.
Uno de los cambios más importantes está precisamente en dejar de considerar el problema exclusivamente como una inflamación. Muchas tendinopatías crónicas presentan alteraciones degenerativas y de adaptación del tendón, por lo que combatir la supuesta inflamación como si fuera una lesión muscular aguda no siempre resuelve el problema. Según American Family Physician, la rehabilitación mediante ejercicios de fortalecimiento y estiramiento ocupa un lugar central en el tratamiento de la tendinopatía lateral del codo.
El primer paso, por tanto, suele ser modificar temporalmente la carga que está provocando el dolor. Eso no significa necesariamente abandonar toda actividad física. Para un deportista, la diferencia es enorme: puede ser necesario reducir determinados golpes, cambiar el volumen de entrenamiento, corregir la técnica o disminuir temporalmente ejercicios que exijan demasiado a la musculatura del antebrazo. Mantener el movimiento dentro de unos límites tolerables puede formar parte de la recuperación, siempre que exista una valoración adecuada de la lesión.
El tratamiento empieza mucho antes de una infiltración
La fisioterapia ocupa un lugar fundamental porque el objetivo no es solamente conseguir que el deportista deje de sentir dolor, sino conseguir que el tendón vuelva a tolerar las cargas que tendrá que soportar cuando regrese a la competición. Los programas pueden incluir ejercicios isométricos, concéntricos y excéntricos, además de fortalecimiento progresivo de la muñeca y el antebrazo. La progresión debe adaptarse a la persona y al deporte, porque el codo de un tenista no recibe exactamente las mismas exigencias que el de un escalador o un levantador de pesas.
Las férulas y las bandas de descarga también pueden tener un papel complementario. Una banda situada alrededor del antebrazo puede modificar la distribución de las fuerzas y ayudar a controlar las molestias durante determinadas actividades. Sin embargo, no debería convertirse en una solución permanente que permita seguir sobrecargando el tejido sin corregir la causa. La evidencia disponible apunta a que estos dispositivos pueden ayudar con el dolor, pero la rehabilitación sigue siendo una pieza más importante para recuperar la función a largo plazo.
Los antiinflamatorios pueden reducir temporalmente el dolor, pero tampoco deberían confundirse con un tratamiento capaz de reparar por sí mismo una tendinopatía. En determinados pacientes pueden utilizarse durante periodos cortos y bajo indicación profesional, especialmente cuando el dolor dificulta la actividad cotidiana o la rehabilitación. El problema aparece cuando el deportista utiliza el medicamento para competir por encima de sus posibilidades y termina ocultando una señal que debería servir para regular la carga.
Las infiltraciones con corticoides representan uno de los puntos donde más ha cambiado el debate. Pueden proporcionar alivio relativamente rápido, algo que resulta atractivo para un deportista que necesita recuperar movilidad, pero sus beneficios en la tendinopatía lateral del codo tienden a ser principalmente a corto plazo y existe una mayor preocupación por las recaídas y por sus posibles efectos sobre los tejidos. Revisiones recientes recomiendan que se utilicen con mucha más cautela que en el pasado.
Otro tratamiento que ha despertado interés es el plasma rico en plaquetas, conocido como PRP. La idea consiste en utilizar componentes obtenidos de la propia sangre del paciente para realizar una infiltración en la zona lesionada. Sin embargo, no debería presentarse como una solución milagrosa: los resultados científicos son variables según la lesión, la preparación utilizada y el protocolo. En 2026 sigue siendo una alternativa que puede estudiarse en determinados casos, especialmente cuando el tratamiento rehabilitador no consigue los resultados esperados, pero requiere una valoración médica individualizada.
También existen otras opciones, como la proloterapia con dextrosa, determinadas técnicas de fisioterapia y algunos procedimientos intervencionistas. Algunas investigaciones han encontrado resultados prometedores en pacientes con dolor persistente, pero eso no significa que todos estos tratamientos deban adelantarse al ejercicio terapéutico. La evidencia disponible sigue siendo desigual y el tratamiento debe depender de la causa, el tiempo de evolución, la gravedad y las exigencias deportivas de cada paciente.
La cirugía queda generalmente para situaciones más resistentes, cuando el dolor y la limitación funcional persisten después de un tratamiento conservador correctamente realizado. Llegar a ese punto exige comprobar primero que el diagnóstico sea correcto y que se haya cumplido realmente un programa de rehabilitación progresiva. En medicina deportiva, acelerar una intervención puede parecer atractivo cuando existe presión por volver a competir, pero una recuperación incompleta puede terminar convirtiendo una lesión aparentemente pequeña en un problema mucho más prolongado.
La gran evolución del tratamiento del codo deportivo está, por tanto, en cambiar la pregunta. Ya no se trata simplemente de buscar qué medicamento, infiltración o aparato consigue eliminar el dolor más rápido. La cuestión importante es por qué el tendón no está soportando la carga, qué debe modificarse y cómo recuperar progresivamente esa capacidad. Para un deportista, volver a competir no debería significar solamente jugar sin dolor, sino poder repetir los movimientos de su disciplina sin que el problema vuelva a aparecer. En 2026, esa diferencia marca el camino entre esconder una lesión y realmente recuperarla. @mundiario




