Tom Cruise ha construido su carrera colgado de aviones y escalando rascacielos, pero su próximo reto podría ser el más arriesgado de todos: conseguir que el público pague una entrada para ver Digger, una comedia original de gran presupuesto, protagonizada por una estrella y calificada para adultos en Estados Unidos.
La película de Warner Bros., dirigida por Alejandro González Iñárritu, llega a los cines de España y Estados Unidos el 2 de octubre como una de las grandes apuestas del otoño. Cruise, irreconocible bajo capas de maquillaje, da vida a Digger Rockwell, un poderoso magnate petrolero cuya compañía desata una catástrofe ecológica. Sin embargo, las previsiones apuntan a un estreno de entre 12 y 15 millones de dólares en Norteamérica, lejos de los 18 a 20 millones que se calculaban hace apenas unos días.
El reto es mayúsculo. Digger no solo debe compensar un año pésimo del estudio, marcado por fracasos como ¡La novia!, de Maggie Gyllenhaal, y Supergirl, sino también convencer a sus futuros dueños: Paramount Skydance espera cerrar pronto la compra de Warner Bros. Discovery.
Un presupuesto que dispara la presión
El proyecto recibió luz verde con 125 millones de dólares, pero según fuentes citadas por Variety el coste subió hasta situarse entre 160 y 180 millones tras los retrasos de la producción, cifras que el estudio desmiente. Con otros 100 millones invertidos en marketing, algunos ejecutivos sitúan el punto de equilibrio en unos 350 millones a nivel mundial, mientras que Warner Bros. lo rebaja a 300 millones. Además, Cruise cobra un porcentaje de la recaudación bruta desde el primer dólar, lo que retrasa los beneficios del estudio.
Es su primer proyecto original en casi una década, tras años ligado a la saga Misión: Imposible y a éxitos como Top Gun: Maverick. Para el analista Jeff Bock, de Exhibitor Relations, la gran duda es si el público aceptará de nuevo a Cruise como un intérprete versátil y no solo como héroe de acción. Consciente de ello, el actor ha hecho una promoción inusual, con su primera portada en dos décadas para GQ.
Iñárritu y el precedente de Una batalla tras otra
Warner Bros. se apoyó también en el historial del cineasta mexicano. El renacido recaudó 533 millones de dólares en todo el mundo y le dio el Óscar a Leonardo DiCaprio, mientras que Birdman se llevó el premio a mejor película. Su último largometraje, Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, llegó a Netflix en 2022.
Los copresidentes del estudio, Pamela Abdy y Michael De Luca, ya vivieron un escrutinio parecido con Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, que recaudó 213 millones y perdió unos 100 millones en taquilla, aunque ganó el Óscar a mejor película. Entonces la compañía venía de un 2025 brillante; hoy solo controla el 6 % del mercado estadounidense y no tiene ningún título por encima de los 100 millones en ese país.
Con las pérdidas acumuladas, la compañía confía en recuperarse en diciembre con la tercera entrega de Dune, de Denis Villeneuve. Hasta entonces, el destino de Digger dependerá de la crítica, del boca a boca y del mercado internacional, donde las películas de Cruise suelen lograr la mayor parte de su recaudación.




