Buscar un síntoma en Google, escuchar una experiencia en TikTok o descubrir un nuevo método anticonceptivo en Instagram forma parte de una rutina cada vez más habitual. Pero tener información al alcance de la mano no significa necesariamente utilizarla para tomar una decisión médica. Una investigación de la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA) revela precisamente esa diferencia entre lo que circula en las pantallas y lo que finalmente ocurre dentro del consultorio.
El estudio, realizado durante 2025, reunió a 314 profesionales especializados en salud sexual y reproductiva y 2.055 mujeres de entre 15 y 50 años de Argentina. El contraste entre ambos grupos resulta llamativo: el 71,7% de los especialistas considera frecuente que sus pacientes consulten las redes antes de acudir a una cita, mientras que solamente el 33,1% de las mujeres reconoce utilizarlas para informarse sobre anticoncepción.
Entre las plataformas, Instagram y TikTok concentran buena parte de la conversación. Desde la percepción de los profesionales, el 80% identifica Instagram como una de las plataformas utilizadas para buscar este tipo de contenidos y el 72% menciona TikTok. Después aparecen Google o herramientas de inteligencia artificial, con un 44%. Pero esos porcentajes reflejan la visión de quienes atienden las consultas, no una medición directa del comportamiento de las pacientes.
La diferencia es importante porque muestra un cambio mucho más interesante que una simple batalla entre médicos y redes sociales. Las plataformas pueden introducir una pregunta, descubrir un método desconocido o amplificar el relato de alguien que cuenta su experiencia. La decisión, sin embargo, requiere valorar antecedentes, edad, condiciones de salud, eficacia, posibles efectos adversos y preferencias personales.
De TikTok al consultorio
La confianza en los profesionales continúa siendo abrumadora. El 95,3% de las mujeres encuestadas había realizado alguna consulta relacionada con anticoncepción y, entre quienes recibieron información, el 91% la calificó como buena o muy buena. Más revelador todavía es que el 97% señaló a los profesionales sanitarios como fuente preferida de orientación, frente al 10% que mencionó Google o herramientas de inteligencia artificial y el 9% que eligió las redes sociales.
El problema aparece cuando la información más visible no es necesariamente la más representativa. Silvia Ciarmatori, expresidenta de AMAdA, advierte de que los contenidos que alcanzan mayor viralidad suelen estar relacionados con malas experiencias o posibles efectos adversos de los anticonceptivos. Una experiencia personal puede ser legítima y abrir preguntas necesarias, pero no determina cómo responderá otra persona al mismo método.
Hay además otra paradoja. Nunca hubo tanta información disponible sobre sexualidad y prevención, pero ese acceso no siempre termina convirtiéndose en una conducta de cuidado. El informe señala que algunas mujeres expresan dificultades para plantear el uso del preservativo por temor al rechazo de la otra persona. La prevención, por tanto, no depende únicamente de conocer los riesgos, sino también de factores emocionales, sociales y de las dinámicas existentes dentro de cada relación.
La cuestión adquiere especial relevancia ante el aumento de las infecciones de transmisión sexual en Argentina. El material recoge datos del Boletín Epidemiológico Nacional según los cuales en 2025 se registraron más de 46.000 casos de sífilis, un 75% más que en 2022. Los especialistas consultados advierten además de que el abandono del preservativo atraviesa diferentes franjas de edad y no puede explicarse exclusivamente por falta de información.
El verdadero cambio de época, por tanto, quizá no sea que las redes hayan sustituido al médico, sino que la consulta comienza mucho antes de entrar al consultorio. Instagram, TikTok, Google y ahora también la inteligencia artificial participan en la construcción de preguntas, temores y expectativas. El desafío pasa por conseguir que esa primera información sea fiable y comprensible sin confundirla con una evaluación personalizada. La pantalla puede iniciar la conversación; cuando se trata de anticoncepción y salud sexual, los datos muestran que el consultorio todavía ocupa el lugar central en la decisión. @mundiario




