Nadie le dice a Mike Leigh de qué trata su película. Ni los inversores, ni los distribuidores, ni siquiera Netflix, que según él podría financiarlo "sin pestañear" pero nunca lo ha hecho. A sus 83 años, sigue siendo el mismo artista íntegro que jamás negocia su libertad creativa a cambio de dinero.
La anécdota que mejor lo resume ocurrió en el Hotel Savoy de Londres, un año después de los Óscar de 1997. Harvey Weinstein lo recibió en su habitación y le soltó una frase que Leigh jamás olvidaría: podría haberle conseguido esos Óscar. Leigh había ido al Savoy a hablar de la financiación de "Topsy-Turvy", no a revivir la noche en que "El paciente inglés" ganó nueve estatuillas frente a "Secretos y mentiras", su drama nominado a cinco que se fue con las manos vacías. Hizo "Topsy-Turvy" sin él.
Esa negativa constante es el hilo conductor de una trayectoria singular. En más de 50 años, Leigh se ha convertido en el poeta de la clase trabajadora y media británica, con títulos como "Secretos y mentiras", "Vera Drake" y "Happy-Go-Lucky". Su método es igual de excepcional: llega a las reuniones sin guion ni reparto cerrado, y aun así siempre ha habido alguien dispuesto a financiarlo.
Un posible adiós con nombre propio
Ahora ese alguien es Bleecker Street, que produce "Tender Loving Care" (título aún sin estreno confirmado en España), el retrato tierno y divertido que Leigh hace de dos trabajadoras sociales y las personas a las que cuidan. Es el largometraje con menor presupuesto de su carrera y, según reconoce con reticencia, probablemente el último.
En el reparto destaca Kate O'Flynn, a quien Leigh dirigió por primera vez en "Happy-Go-Lucky" y que hoy suena para el Emmy por "Widow's Bay" (título aún sin estreno confirmado en España). La acompañan Marion Bailey, pareja de Leigh desde hace más de dos décadas, su hija Alice Bailey Johnson y Paul Jesson, veterano colaborador del director. Leigh admite que esos vínculos reales aportan una verdad difícil de fingir en pantalla.
El director, que padece miositis y no pudo asistir al estreno en Telluride, insiste en que el cuerpo, no la cabeza, es lo que le frena. "En términos de energía e ideas no sería un problema", asegura. Aun así, prefiere no hablar de retiro: planear una despedida es distinto a saber que quizá no vuelva a rodar.
Nada de guiones, nada de certezas
Leigh nunca sigue el método convencional de escribir primero y filmar después. Descubre cada película durante el rodaje, a través de la improvisación con los actores, algo que solo funciona si nadie interfiere en el proceso. Por eso rechazó a Weinstein y por eso sigue desconfiando de cualquier financiación que exija control creativo.
Leigh reconoce que su generación tuvo más suerte: en los setenta, la BBC financiaba proyectos sin conocer el argumento ni el reparto. Hoy, dice, el dinero existe, pero quienes lo controlan quieren intervenir en todo, algo que sigue considerando inaceptable.
Con siete nominaciones al Óscar y ninguna victoria, Leigh asegura que lo único que le importa es que el público vea sus películas. Su filmografía, de "Secretos y mentiras" a "Mi única familia", sigue intacta en su memoria: la revisa con gusto, algo poco habitual entre cineastas. Su consejo para los jóvenes directores es tajante: nunca ceder ante nadie.
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