Lali Espósito vuelve al cine en un momento en el que su dimensión como estrella musical podría haberla llevado precisamente en la dirección contraria. Glaxo, la nueva película de Benjamín Naishtat, coloca a la artista dentro de una producción de autor que tendrá su estreno internacional en Toronto y posteriormente competirá en la sección oficial del Festival de San Sebastián. La elección resulta significativa porque amplía una carrera cada vez más difícil de encerrar en una sola categoría: mientras llena estadios y mantiene una enorme exposición como cantante, Lali vuelve a buscar en el cine un territorio interpretativo menos asociado al espectáculo masivo. El primer tráiler confirma que esa faceta no funciona como complemento de su carrera musical, sino como una apuesta artística con recorrido propio.
La película llegará primero al Festival Internacional de Cine de Toronto, donde forma parte de la sección Special Presentations, antes de viajar a España para competir en San Sebastián. El calendario convierte a Glaxo en una producción argentina con una exposición internacional especialmente relevante: Toronto funciona como una de las grandes plataformas de lanzamiento de la temporada cinematográfica, mientras San Sebastián mantiene una relación histórica con el cine latinoamericano. Lali compartirá protagonismo con Marcelo Subiotto y Esteban Bigliardi bajo la dirección de un cineasta que ya conoce bien el festival vasco. La combinación entre una figura de enorme popularidad y un director consolidado dentro del circuito de autor constituye uno de los principales atractivos del proyecto.
Glaxo está basada en la novela homónima de Hernán Ronsino, publicada en 2009, y traslada al cine un universo construido alrededor de memoria, amistad, violencia y secretos. La historia se desarrolla entre finales de los años cincuenta y la década de 1980 en un pueblo marcado por la presencia de una fábrica farmacéutica. Cuatro jóvenes mantienen una relación que comienza a quebrarse con la llegada de un expolicía y su esposa, introduciendo una perturbación capaz de alterar los vínculos y revelar tensiones acumuladas. No parece, por tanto, un vehículo diseñado alrededor de la celebridad de su protagonista, sino una obra coral en la que los personajes quedan atrapados dentro de las transformaciones de una comunidad.
Ahí reside uno de los aspectos más interesantes del regreso cinematográfico de Lali. Su fama podría convertir cualquier aparición en pantalla en una extensión de su personaje público, pero Glaxo propone justamente el desafío contrario: conseguir que desaparezca detrás de una ficción con códigos alejados del universo pop. El cine de autor exige una relación diferente con la imagen, el ritmo y la interpretación. No necesita necesariamente amplificar el carisma de una estrella, sino ponerlo al servicio de una narración. Para una artista acostumbrada a controlar escenarios multitudinarios, aceptar esa reducción puede ser también una forma de expansión profesional.
El proyecto supone además su reencuentro con Naishtat después de su participación en Puan, codirigida por el realizador junto a María Alché. Aquella película tuvo una destacada trayectoria precisamente en San Sebastián, donde obtuvo el premio al mejor guion y permitió a Marcelo Subiotto compartir la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista. Ese antecedente introduce expectativas alrededor de Glaxo, pero también establece una continuidad creativa. Lali no llega al cine independiente como una celebridad incorporada exclusivamente para aumentar la visibilidad de una producción; regresa a trabajar dentro de un entorno cinematográfico con el que ya había comenzado a construir una relación.
De los estadios a San Sebastián sin abandonar ninguno de los dos mundos
Según Infobae, la producción reúne además a Esteban Lamothe, Manu Fanego, Alan Sabbagh y Joaquín Bonadeo, junto a Subiotto y Bigliardi. Detrás del proyecto aparecen Rei Pictures, de Argentina, y RT Features, de Brasil, mientras buena parte del rodaje se realizó en territorio brasileño. Esa estructura habla también de cómo funciona actualmente una parte importante del cine latinoamericano: coproducciones, incentivos internacionales y festivales se convierten en piezas fundamentales para desarrollar películas capaces de circular fuera de sus mercados nacionales. Glaxo es argentina por su literatura, parte importante de su elenco y su director, pero su construcción industrial ya responde a una lógica regional e internacional.
Naishtat aporta además una trayectoria que permite entender el tipo de apuesta. En 2018, Rojo consiguió en San Sebastián la Concha de Plata a la mejor dirección, además de reconocimientos a su fotografía y a la interpretación de Darío Grandinetti. Películas como Historia del miedo o El movimiento consolidaron una filmografía interesada en las tensiones sociales y políticas sin necesidad de convertirlas siempre en discursos explícitos. Adaptar el universo literario de Ronsino parece encajar naturalmente dentro de esa sensibilidad. La presencia de Lali introduce una variable adicional: un rostro extraordinariamente reconocible dentro de un cine que suele trabajar lejos de las dinámicas tradicionales del estrellato.
Esa convivencia entre popularidad y prestigio cultural representa, de hecho, una de las transformaciones más interesantes de la carrera de Espósito. Durante mucho tiempo, la industria tendió a separar con claridad a la estrella comercial del intérprete legitimado por determinados espacios cinematográficos. Las fronteras son hoy considerablemente más porosas. Una artista puede actuar frente a decenas de miles de personas, mantener una presencia constante en redes sociales y, simultáneamente, participar en una película basada en literatura argentina que busca reconocimiento en festivales internacionales. La contradicción desaparece cuando se entiende que las carreras contemporáneas ya no necesitan avanzar dentro de una única industria.
El contraste será especialmente visible durante septiembre. Mientras Glaxo comienza su recorrido por Toronto y San Sebastián, Lali prepara su tercer concierto en el estadio Monumental para el 26 de septiembre, después de haber agotado dos presentaciones anteriores en junio. Son dos escalas aparentemente opuestas: la intimidad controlada de una película de autor y el espectáculo masivo de River Plate. Pero ambas responden a la misma estrategia de construcción artística. En lugar de elegir entre cantante y actriz, Lali está utilizando el peso adquirido en un territorio para conservar libertad en el otro. Esa capacidad de desplazamiento puede convertirse en una de las mayores ventajas de su etapa actual.
El verdadero examen de Glaxo comenzará cuando la película deje atrás el atractivo de su reparto y se enfrente al público y al jurado. Los festivales no garantizan éxito comercial ni reconocimiento crítico, pero sí colocan una obra dentro de una conversación internacional a la que pocas producciones latinoamericanas consiguen acceder. Para Naishtat supone regresar a un escenario donde ya fue premiado; para Lali, la oportunidad de consolidar una identidad cinematográfica que pueda existir independientemente de sus canciones y sus estadios. Si Glaxo funciona, el dato relevante no será únicamente que una estrella pop argentina llegó a San Sebastián, sino que consiguió hacer algo más difícil: entrar en la película sin obligar a la película a convertirse en un espectáculo sobre ella. @Mundiario
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