La nueva película de Resident Evil demuestra que no importa que tengas un buen director o actores talentosos, porque ni Sony ni Constantine Films se toman la saga en serio.
Resident Evil edición 2026 es todo lo que se esperaba, una buena película de zombies pero una mala adaptación del juego. La historia se ambienta en el presente con un repartidor que debe llevar algo al hospital de Racoon City, aunque termina descubriendo que la ciudad cayó por el brote zombie.
Lo mejor de la película indiscutiblemente es Austin Abrams, sabe vender la idea de que un gamer viviera una epidemia zombie, así que su estupidez termina favoreciendo el guion; que encima tiene una apertura brillante y en general un buen ritmo, porque se siente más corta de lo que realmente es.
Eso sí, se hubiera preferido ese tono de terror que prevalece en toda la primera parte, aunque se entiende la idea de pasar a la acción, que suele ser común en el survival horror a medida que uno encuentra más equipo; además de que la escena de los zombies en el techo se ve brutal y es una de las mejores de la película.
Mala adaptación, mal final
El fallo propio de su historia viene con el final. Zeggler tiene un estilo particular donde el cierre aparentemente ocupa comedia, y aquí tenemos diálogos idiotas y una comedia burda que solo tiene como fin propiciar que la historia acabe de una manera específica.
Más allá de eso, el problema de la historia es solo estar inspirada. Tomar un puñado de referencias no es suficiente para decir que esta es una película de Resident Evil, y eso demuestra que nadie se toma en serio la saga como para aterrizar un buen lore y condensarlo en 2-3 horas; y eso a la vez tiene que ver con un presupuesto demasiado limitado.
Así que: Resident Evil tiene propuesta en su fotografía y apertura, sabe adentrarte en su historia, y aunque es una buena película para ver en cines, pasa sin pena ni gloria dentro de un universo desgastado por las libertades creativas.




