Gonzalo Caballero ha regresado plenamente a la universidad, pero no da por concluida de manera irreversible su trayectoria política. El exsecretario general del PSdeG-PSOE, que acaba de alcanzar la cátedra de Economía Aplicada en la Universidade de Vigo, se declara satisfecho con su actividad docente e investigadora y alejado de la primera línea partidista. Al mismo tiempo, evita cerrar una puerta que en política rara vez se clausura del todo.
“Si en algún momento se diesen las circunstancias y fuese necesaria mi presencia para impulsar un proyecto de futuro en algún ámbito, lo tendría que sopesar y estudiar”, afirma en una entrevista publicada por el diario Atlántico. La respuesta está cuidadosamente medida: no anuncia un regreso ni expresa una voluntad inmediata de protagonizarlo, pero tampoco acepta una retirada definitiva.
La posición refleja la etapa en la que se encuentra Caballero después de haber ocupado durante siete años responsabilidades políticas de primer nivel, primero al frente del socialismo gallego y después en el Parlamento de Galicia. Su retorno a la universidad no aparece en su discurso como un refugio provisional, sino como la recuperación de una vocación profesional que había quedado parcialmente condicionada por las exigencias de la actividad pública.
Caballero explica que la política absorbió durante años una parte sustancial de su tiempo y que, cuando el PSdeG escogió una nueva dirección, entendió que no debía mantenerse en otras responsabilidades institucionales. La decisión de volver a la Facultade de Ciencias Económicas e Empresariais de Vigo fue, según relata a Atlántico, coherente con su idea de que los cargos públicos no deben convertirse en un modo de vida sin alternativa exterior.
“Hay que dedicarse a la política para servir, no para servirse”, sostiene. La frase contiene tanto una declaración de principios como una crítica implícita a la profesionalización excesiva de la vida partidista. Para Caballero, disponer de una actividad propia a la que regresar permite entender la política como una etapa de servicio y no como una ocupación de la que dependa toda la trayectoria personal.
Esa visión puede resultar atractiva en una época marcada por la desconfianza hacia los partidos, aunque tampoco conviene idealizar la separación entre la universidad y la política. Ambas comparten una dimensión pública, producen ideas que influyen en la sociedad y participan, cada una desde su espacio, en la disputa sobre el modelo económico e institucional. Caballero no presenta su vuelta a las aulas como una despolitización, sino como otra manera de intervenir en los problemas de Galicia.
Una retirada sin despedida definitiva
El aspecto políticamente más significativo de la entrevista es la forma en que administra su futuro. Caballero insiste en que está “plenamente satisfecho” con su trabajo como profesor e investigador y subraya que la docencia universitaria constituye por sí misma un servicio público. Sin embargo, introduce inmediatamente una cautela: no quiere asumir compromisos tajantes que le impidan responder a un escenario distinto.
“El mundo es muy cambiante”, señala antes de recordar que mantiene una obligación cívica con Galicia y con Vigo. Sitúa ese compromiso alrededor de tres conceptos habituales en la tradición socialdemócrata: igualdad, bienestar y prosperidad. No menciona cargos, candidaturas ni procesos internos. Habla de un eventual “proyecto de futuro” y deja deliberadamente abierta la naturaleza del ámbito desde el que podría impulsarlo.
La ambigüedad forma parte del lenguaje político. Caballero sabe que un anuncio explícito de regreso generaría inmediatamente una lectura orgánica dentro del PSdeG y podría interpretarse como una impugnación de su dirección actual. Un abandono definitivo, en cambio, cancelaría una posibilidad que no parece dispuesto a descartar. Entre ambas opciones escoge una tercera: reafirmar su autonomía profesional y conservar su disponibilidad pública.
No hay en sus palabras una candidatura en preparación, al menos de forma explícita. Sí existe la voluntad de seguir formando parte del debate gallego. La distinción resulta importante. Tener vocación pública no equivale necesariamente a querer recuperar el liderazgo de un partido, aunque en alguien que ya dirigió el PSdeG cualquier reflexión sobre su futuro adquiere inevitablemente una lectura política.
Su respuesta también revela una forma de entender el liderazgo. Caballero no se ofrece de manera incondicional, sino que vincula una hipotética vuelta a la existencia de circunstancias que la justificasen y a un proyecto que considerase necesario. La formulación le permite presentarse como alguien disponible para una tarea colectiva, no como un dirigente en busca de acomodo. Será el tiempo, y sobre todo la evolución del socialismo gallego, el que permita comprobar si esa disponibilidad permanece en el terreno de las ideas o vuelve a convertirse en acción partidista.
La universidad frente a la polarización
Caballero dedica una parte relevante de la entrevista a analizar la degradación del debate público. Considera que la sociedad vive rodeada de noticias falsas, mensajes interesados y una polarización que dificulta distinguir “entre lo que es veraz y lo que es falacia”. Frente a ese fenómeno, atribuye a la universidad una responsabilidad que va más allá de la formación técnica.
A su juicio, las instituciones académicas deben actuar como un “faro moral” capaz de ayudar a la ciudadanía a separar la realidad de la falsedad y a formar personas críticas y reflexivas. Cuando existen dudas sobre lo que puede creerse, argumenta, la universidad tiene que proporcionar conocimiento, capacidad de análisis y opiniones solventes.
El planteamiento conecta directamente con su experiencia política. Caballero conoce la presión de la comunicación inmediata, la simplificación de los mensajes y la dificultad para introducir matices en una conversación pública dominada por la confrontación. Desde la universidad reivindica ahora un espacio en el que sea posible estudiar los problemas con una perspectiva más amplia que la impuesta por el ciclo electoral. Pero su defensa de la institución académica no se basa en una supuesta neutralidad absoluta. Caballero sostiene que la universidad debe estar comprometida con determinados valores, entre ellos la tolerancia. Es una precisión relevante: el rigor científico no exige indiferencia ante la desinformación ni obliga a situar en el mismo plano los hechos comprobados y las falsedades.
La propuesta, sin embargo, plantea una dificultad. Para conservar su autoridad social, la universidad debe evitar que su intervención pública sea percibida como una prolongación de los partidos. Su capacidad para combatir la polarización dependerá precisamente de que preserve la independencia, el pluralismo y la exigencia intelectual que reclama a los demás actores.
Economía, instituciones y poder
La nueva condición de catedrático culmina más de dos décadas de trayectoria académica. Caballero explica que su investigación se ha centrado en la economía política, la calidad institucional y las reglas que condicionan el desarrollo de los países. Entre sus referencias destaca al premio Nobel Douglass North, cuyas aportaciones ayudaron a situar las instituciones en el centro del análisis económico.
Esta formación permite entender mejor su discurso político. Para Caballero, la prosperidad no depende únicamente de las grandes variables macroeconómicas, sino también de las normas, los incentivos, la distribución del poder y la capacidad de las administraciones para ofrecer respuestas eficaces. Sus investigaciones han abordado, entre otras materias, la evolución de las instituciones españolas, el funcionamiento del Congreso de los Diputados y la comparación de sus reglas con las de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
Su interés por las instituciones tiene una traducción evidente en Galicia. Los problemas de la comunidad –la demografía, la productividad, la desigualdad territorial, la transformación industrial o la calidad de los servicios públicos– no pueden resolverse solo con más recursos. Exigen administraciones capaces de planificar, evaluar y cooperar, además de organizaciones políticas dispuestas a mirar más allá de la siguiente cita electoral.
Caballero se define así desde un territorio intermedio entre la academia y la política. La universidad le ofrece distancia para estudiar las causas de los problemas; su experiencia institucional le recuerda que todo diagnóstico acaba enfrentándose a intereses, mayorías y resistencias. El conocimiento puede mejorar las decisiones públicas, pero no elimina el conflicto sobre quién asume los costes y quién recibe los beneficios.
Un compromiso que permanece
La entrevista de Atlántico muestra a un Gonzalo Caballero cómodo en la Universidad de Vigo, orgulloso de haber alcanzado el máximo nivel de la carrera docente y convencido de que desde las aulas también puede trabajar por una Galicia mejor. Su reivindicación de Vigo y de la universidad pública ocupa un lugar central en su nueva etapa. Pero el político no ha desaparecido detrás del catedrático. Permanece en su interpretación de las instituciones, en su preocupación por la polarización, en su defensa de la igualdad y en la decisión de no descartar responsabilidades futuras. Su retirada de la primera línea tiene, por ahora, más de regreso profesional que de despedida.
Esa disponibilidad no garantiza que vaya a producirse una vuelta, ni permite anticipar bajo qué fórmula podría materializarse. Caballero tampoco ofrece en la entrevista un programa político renovado ni una alternativa concreta para el PSdeG. Lo que hace es conservar una posición propia: fuera de los cargos, pero dentro de la conversación pública; centrado en la universidad, pero atento a la evolución de Galicia. En política, las puertas entreabiertas pueden permanecer así durante años o abrirse de manera inesperada. Caballero ha dejado claro que no tiene prisa por cruzarla. Tampoco ha tirado la llave. @mundiario




