Insidious: Fuera del más allá llega este viernes a los cines españoles de la mano de Sony Pictures como un reinicio suave de una de las franquicias de terror más rentables. Su guionista y director, Jacob Chase, sabía lo que pensaría el público antes de sentarse a escribir.
En este sexto capítulo, Gemma (Amelia Eve) descubre que puede proyectarse astralmente como otros personajes de la saga, pero es capaz de traer de vuelta demonios del Más Allá al mundo real, mientras procesa el trauma heredado de su madre (Laura Gordon) y protege a su hija (Island Austin).
Es un enfoque distinto al de las entregas anteriores, y Chase asegura que fue deliberado. "Soy un gran fan de Insidious, pero ya han hecho cinco películas. Cualquiera se preguntará por qué seguimos haciendo estas películas. Mi argumento fue que esto no podía parecer una entrega más; tenía que sentirse como un nuevo comienzo".
Un laberinto de terror como escuela de miedo
Antes de dirigir Ven a jugar (2020), Chase construyó a mano Bigworm Sherwood Scare, una atracción de terror benéfica en Northridge, California. Durante dos años gestionó el laberinto de 550 metros, destinando los beneficios a la investigación contra la fibrosis quística.
Diseñar el miedo en persona le enseñó mecanismos que trasladó a la dirección. "Observábamos a los visitantes por cámaras para ver qué momentos les asustaban de verdad", recuerda. "Esa esquina que para nosotros era solo una esquina nos hacía pensar: tienen miedo de doblarla, ¿cómo usamos eso a nuestro favor?".
Al director no le convencen los sustos gratuitos, así que quiso que cada uno tuviera consecuencias reales. "El primer susto es cuando Gemma descubre su nueva habilidad, y eso la transforma por completo. Al analizar con Amelia el arco del personaje, vimos que sus momentos clave estaban ligados a esos sustos".
Los miedos personales que dieron forma al guion
Chase reconoce que la base emocional de la historia surgió de su propia ansiedad ante la paternidad, vivida mientras escribía. "Quería que el público sintiera a este personaje escapando de su propia madre. Mientras escribía me convertí en padre por primera vez, y eso alimentó mis propios miedos: no estoy preparado, no quiero repetir los errores de los míos".
Esa ansiedad da forma a la escena más ingeniosa de la película, donde Gemma se pierde en un fortín de almohadas interminable. Chase admite cierto pánico al descubrir que Backrooms, uno de los mayores éxitos de taquilla del año, exploraba un territorio visual parecido. "Me dan mucho miedo los espacios repetitivos y confusos. The Descent siempre me aterra, sobre todo esa secuencia en túneles tan estrechos".
Otro miedo personal que trasladó al guion es su aversión a los dentistas, cuyo origen resulta más aterrador que cualquier escena de la película. "Me sedaron para sacarme las muelas del juicio, pero no lo suficiente: me desperté en medio del procedimiento y golpeé al dentista. Su taladro me atravesó el labio y desperté con puntos por toda la boca".
Chase ya trabaja en un proyecto secreto de terror para Blumhouse y Universal, un voto de confianza del productor Jason Blum que lo confirma como parte de la nueva generación de cineastas del género. "Asustar a la gente es como la magia: se trata de sorprender constantemente al público".




