Diego González Rivas recorre este mes de agosto siete países en cuatro continentes —Venezuela, Panamá, Brasil, Colombia, El Salvador, Catar, Siria, Chad y Sierra Leona— para operar, formar a cirujanos locales y llevar la cirugía torácica mínimamente invasiva a lugares donde antes no existía. Son, según los cálculos de su propia fundación, 68.000 kilómetros en cuatro semanas. Mientras viaja, MUNDIARIO recupera la conversación que el cirujano coruñés mantuvo en El Podcast de MUNDIARIO, donde repasó el origen de esa vocación y el momento que, según sus propias palabras, más le hizo replantearse el valor de la vida.
González Rivas es el cirujano torácico que ha operado en más países del mundo. Pionero de la cirugía uniportal —una técnica que redujo la toracotomía abierta a una sola incisión pequeña—, dirige hoy el mayor centro de cirugía pulmonar del planeta, en Shanghái, donde se realizan 150 intervenciones al día. Pero la entrevista con MUNDIARIO no gira en torno a la técnica, sino en torno a una frase que le dijo una madre en Sierra Leona.
"Llévate a mi hijo"
Durante una misión quirúrgica en Sierra Leona, González Rivas atendía a un niño que iba a operar. En la misma habitación, compartida por quince personas, había otra madre con un bebé en brazos.
¿Quieres llevarte a mi hijo para Europa? Te lo doy. Llévatelo, que le vas a dar una buena vida.
El cirujano recuerda que se quedó paralizado. La escena, grabada para un documental que todavía no se ha estrenado, resume para él la distancia entre lo que significa la salud —y la vida— en distintos lugares del mundo. "Esas cosas son las que te hacen ver la vida de otra manera, lo que vale la vida en unos sitios y en otros", explica en la entrevista.
Somos todos iguales en la camilla
González Rivas insiste en que, en el quirófano, no existen jerarquías. "En la camilla somos todos iguales. Los tumores no distinguen entre clases sociales". Pone como ejemplo a Steve Jobs, que murió de un cáncer de páncreas pese a disponer de los mejores tratamientos del mundo: la riqueza no compra la biología.
Esa misma idea atraviesa su reflexión sobre la felicidad, forjada en los países más pobres donde ha operado. "La felicidad no consiste en vivir bien. Consiste en necesitar muy poco para estar bien." Salud, afecto y la posibilidad de caminar o respirar sin dificultad son, para él, el verdadero patrimonio, algo que solo se valora del todo cuando falta.
Del quirófano de A Coruña al hospital que opera a 150 pacientes al día
La trayectoria de González Rivas empezó en la sanidad pública española, donde la cirugía torácica se practicaba de forma abierta y muy invasiva. En 2010 realizó en A Coruña la primera cirugía del mundo con una sola incisión, después de formarse en Estados Unidos y de topar con el rechazo habitual que acompaña a toda innovación médica: su primer artículo científico sobre la técnica fue rechazado por la revista más importante del sector antes de convertirse, ya en otra publicación, en una de las más citadas del mundo.
Ese camino lo llevó a Shanghái, donde en 2012 encontró un hospital dispuesto a multiplicar por diez el volumen de cirugías que se realizaba en cualquier centro occidental. Hoy ese hospital, que él mismo ayudó a construir como referencia mundial, opera a 150 pacientes al día, diez veces más que el centro más activo de Estados Unidos.
La fundación que nació de una casualidad
Antes de contar con una fundación propia, González Rivas financiaba sus misiones humanitarias pidiendo favores: material donado, vuelos gestionados a cambio de charlas gratuitas. La Fundación Diego González Rivas, creada hace poco más de tres años, le permitió por fin organizar ese esfuerzo y poner en marcha una unidad médica móvil con la tecnología de un quirófano occidental, pensada para operar en países sin recursos con las mismas garantías que en A Coruña o en Madrid.
La unidad ha pasado por Ghana, Costa de Marfil y Sierra Leona, y en abril llegará a Liberia. El traslado no siempre es sencillo: el último trayecto, de cuatro días por carreteras de la región del Sahel, dejó la unidad con desperfectos que un equipo de técnicos gallegos, de la concesión Mercedes de Lugo, viajó hasta allí para reparar.
Recuperar esta conversación mientras González Rivas cruza continentes con su fundación permite entender, con hechos y no solo con cifras, por qué su nombre aparece siempre en la conversación sobre medicina humanitaria. Es la cuarta pieza de la serie que ha repasado ya las entrevistas con Fernando González Laxe, Augusto César Lendoiro y José Ramón González Juanatey en El Podcast de MUNDIARIO. El episodio completo con Diego González Rivas está disponible en MUNDIARIO para quien quiera escuchar, con su propia voz, por qué la vida, para él, merece la pena cuando se vive con intensidad. @mundiario




