Bruce Dern vuelve a demostrar que, incluso a los 90 años, conserva ese punto de rebeldía que lo hizo célebre. En Northbound, la nueva película de William Scoular, el actor interpreta a Arthur, un octogenario que se niega a marchitarse en una residencia de ancianos y que protagoniza una fuga tan disparatada como memorable. Sin embargo, esa chispa inicial se diluye pronto en un relato que prioriza la amabilidad por encima de la originalidad, dejando una sensación agridulce en quienes esperaban algo más arriesgado.
La cinta arranca con Arthur recorriendo a toda velocidad los jardines de su residencia en un carrito de golf, acompañado de una trabajadora sexual y una botella de tequila. Expulsado del lugar, su nieto Kevin, interpretado por Hunter Parrish, se ve obligado a llevarlo hasta el aeropuerto por orden del padre de ambos, un hombre de negocios distante encarnado por Dylan Baker. Pero Arthur tiene otros planes: quiere regresar a Canadá, reencontrarse con su exesposa, interpretada por Joanna Cassidy, y recuperar la destilería de whisky familiar que fundó décadas atrás.
Motivado por el cariño hacia su abuelo y por su propio desencanto con la vida corporativa, Kevin acepta emprender un viaje de más de 3.000 kilómetros. El guion de Ashlin Halfnight construye el trayecto a partir de choques generacionales previsibles, con Arthur defendiendo ideas anticuadas sobre el amor y Kevin respondiendo con la incomodidad propia de su generación.
Un reparto secundario desaprovechado
La llegada de Adrien, interpretada por Julia Fox, inyecta algo de energía justo cuando el guion empieza a agotar sus recursos cómicos. Su personaje, una autoestopista con una historia mucho más turbia de lo que aparenta, tiene el potencial de aportar tensión real al relato. Lamentablemente, ese potencial queda apenas esbozado, y su trama termina resolviéndose con una superficialidad que contrasta con la gravedad del conflicto que insinúa.
El resto del reparto, que incluye a Graham Greene en un cameo demasiado breve, corre una suerte similar: nombres capaces de sostener historias mucho más complejas quedan reducidos a comparsas de un protagonista, Kevin, que resulta ser el personaje menos interesante de todos.
Una fotografía bonita, un fondo vacío
La cinematografía de Peter Menzies Jr. ofrece postales atractivas de carreteras sinuosas y paisajes boscosos, reforzadas por una selección musical que subraya cada giro emocional sin dejar nada a la interpretación del espectador. Ese exceso de literalidad, sumado a un desenlace demasiado ordenado, termina restándole fuerza a lo que podría haber sido un retrato más incisivo de la vejez y sus contradicciones.
Pese a su carisma innegable, incluso Dern queda atrapado en un papel que funciona más como telón de fondo que como protagonista real. Scoular busca rendir homenaje a una generación mayor, pero al hacerlo cae en la misma trampa que critica: convertir la experiencia vital de Arthur en una simple lección para los más jóvenes, en lugar de dejarla existir por derecho propio.
Northbound tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Cannes y más tarde se presentó en el Festival de Cine de Edimburgo, donde Dern volvió a acaparar los focos pese a sus 90 años. La cinta aspira a repetir el tono agridulce que le valió al actor su nominación al Óscar por Nebraska, sin alcanzar la misma profundidad emocional.




