Durante décadas, la vacunación infantil fue una de las historias de éxito más sólidas de la salud pública europea. Gracias a diversos programas, enfermedades como el sarampión, la polio o la difteria dejaron de ser una amenaza cotidiana para millones de familias. Sin embargo, un nuevo análisis publicado en The Lancet Regional Health-Europe apunta a un cambio que, aunque todavía no supone una crisis, sí obliga a mirar el futuro con más cautela.
La advertencia no parte de un desplome de las cifras actuales, sino de un fenómeno más sutil: la dirección en la que avanzan. Los investigadores Leonardo Villani y Luigi Russo sostienen que muchos países han pasado de mejorar año tras año sus coberturas vacunales a experimentar un estancamiento o incluso un retroceso, especialmente desde el periodo comprendido entre 2019 y 2022.
El dato resulta especialmente relevante porque Europa continúa registrando porcentajes elevados de vacunación en la mayoría de sus Estados. En países como España, por ejemplo, muchas inmunizaciones siguen situándose entre el 92% y el 97%, cifras que continúan siendo altas en términos absolutos. Precisamente por eso, los autores insisten en que el riesgo está en interpretar estos buenos resultados como una garantía permanente.
Su mensaje es claro: cuando una tendencia cambia, las consecuencias pueden tardar años en hacerse visibles, pero una vez aparecen son mucho más difíciles de revertir.
Un estudio que mira cuatro décadas para detectar un cambio reciente
La investigación analizó la evolución de siete vacunas infantiles en los 27 países de la Unión Europea entre 1980 y 2024. Entre ellas figuran las de la hepatitis B, el sarampión, la polio, la rubeola, el neumococo, la Haemophilus influenzae tipo b y la combinación frente a difteria, tétanos y tos ferina.
En lugar de fijarse únicamente en las cifras más recientes, los científicos emplearon un método estadístico diseñado para detectar cuándo una tendencia cambia de dirección. Ese enfoque permitió identificar un patrón repetido en numerosos países: después de años de crecimiento o estabilidad, comenzaron a aparecer descensos.
El balance refleja que 16 Estados miembros registraron caídas en más de la mitad de las vacunas estudiadas. Los retrocesos más extendidos afectan a la vacuna contra la polio y a la de Haemophilus influenzae tipo b, con tendencias descendentes en 20 países.
La pandemia aparece como un posible punto de inflexión
El estudio no atribuye una causa única a este fenómeno. Sus autores recuerdan que el trabajo no estaba diseñado para demostrar relaciones causales, pero sí identifican un momento especialmente significativo: los años posteriores al inicio de la pandemia.
Las restricciones sanitarias, las dificultades de acceso a los servicios médicos y la reorganización de los sistemas de salud pudieron alterar los calendarios de vacunación infantil en numerosos territorios.
A ese escenario se suman otros elementos que la literatura científica lleva años señalando. La circulación de desinformación sobre vacunas, la pérdida de confianza en determinadas instituciones y la utilización política de los debates sanitarios pueden contribuir a retrasar o rechazar algunas inmunizaciones.
Villani y Russo insisten, sin embargo, en que sería un error explicar todos los descensos únicamente por la reticencia vacunal. Las desigualdades sociales, las barreras económicas o los problemas organizativos también forman parte del contexto.
Aparecen señales de desgaste en España
España sigue figurando entre los países europeos con mejores coberturas vacunales. En 2024, la mayoría de las inmunizaciones infantiles superaban ampliamente el 90%.
No obstante, el estudio detecta una tendencia descendente en cinco de las siete vacunas analizadas, un dato que los investigadores consideran relevante aunque las cifras actuales continúen siendo elevadas.
Jaime Jesús Pérez Martín, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), ha pedido interpretar estos resultados con prudencia. Recuerda que pueden existir factores técnicos, como cambios en los sistemas de registro o en la metodología de cálculo, que influyan en las tendencias observadas. Aun así, considera que el trabajo constituye una llamada de atención para seguir vigilando tanto las coberturas reales como su evolución.
El riesgo no es inmediato, pero puede acumularse
Los expertos diferencian entre la fotografía actual y la trayectoria futura. Una cobertura del 95% ofrece una protección comunitaria muy distinta a otra que cae progresivamente hasta el 92% o el 90%, aunque el descenso parezca pequeño.
Cuando suficientes personas dejan de estar inmunizadas, se debilita la llamada inmunidad de grupo, el mecanismo que dificulta la circulación de un virus o una bacteria dentro de una comunidad.
Ese deterioro afecta especialmente a quienes no pueden vacunarse o presentan mayor vulnerabilidad, como los lactantes, las personas inmunodeprimidas o los mayores.
La experiencia reciente con el sarampión ilustra ese riesgo. Fernando Moraga-Llop, pediatra y miembro de la AEV, recuerda a El País que la reaparición de brotes comenzó hace años en distintos países y que España perdió recientemente el estatus de país libre de transmisión endémica del sarampión otorgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El éxito de las vacunas también puede generar un efecto inesperado
Paradójicamente, uno de los desafíos actuales nace del propio éxito de los programas de vacunación. Cuando enfermedades antes frecuentes prácticamente desaparecen de la vida cotidiana, también disminuye la percepción del peligro que representan.
El epidemiólogo Otavio Ranzani, del Instituto de Investigación Sant Pau, resume esa paradoja con una idea sencilla: cuanto menos vemos estas enfermedades, más fácil resulta olvidar por qué era necesario prevenirlas.
Ese cambio de percepción puede tener consecuencias colectivas si coincide con problemas de acceso, mensajes contradictorios o retrasos en las campañas de inmunización.
Por eso, Villani y Russo subrayan que el objetivo de su estudio no es generar alarma, sino actuar antes de que los pequeños retrocesos acumulados se conviertan en un problema mayor. Europa sigue siendo una de las regiones con mejores niveles de vacunación infantil del mundo, pero el trabajo invita a no dar por irreversible una protección construida durante décadas. @mundiario




