El cineasta búlgaro Theodore Ushev, nominado al Oscar en 2017 por Blind Vaysha, prepara su primer largometraje de animación, Las cajas de luz, que presentará en el Venice Production Bridge, del 4 al 6 de septiembre.
La película combinará stop-motion con secuencias de acción real y adapta la novela de culto de Shane Jones, que explora la tensión entre escapar de la guerra a través de la imaginación y enfrentarse a su realidad. Ambientada en una ciudad ucraniana devastada por el conflicto, sigue a Anna, una niña de 13 años que, pese a las restricciones de las fuerzas de ocupación rusas, se adentra en una biblioteca en ruinas y rescata un libro en llamas titulado Las cajas de luz.
Buscando refugio del bombardeo, Anna descubre a Bianca, su doble imaginaria, que vive en un pueblo fantástico atrapado en su propia guerra. Allí, el tiránico Febrero condena a sus habitantes a un invierno eterno y prohíbe volar, mientras un movimiento de resistencia enmascarado, La Solución, lucha por restaurar la luz y la libertad.
Ni la realidad ni la imaginación ofrecen una vía de escape, por lo que la cinta plantea si la esperanza, la memoria y el amor pueden perdurar cuando la guerra amenaza con extinguirlos. Para Ushev, la supervivencia reside en la imitación: los personajes intentan reproducir lo perdido para convencerse de que puede regresar. Es lo que le fascina de todo régimen totalitario, explica a Variety, porque por muy oprimida que esté la gente, siempre encuentra la manera de recrear lo arrebatado.
Un proyecto nacido de un cortometraje
Hasta ahora, el director nunca había querido dirigir un largometraje de animación, pues temía poner en riesgo el toque personal y la imperfección que definen su obra. Eso cambió en 2010, cuando, presentando su cortometraje Lipsett Diaries en Toronto, se topó con la novela de Jones e imaginó de inmediato cómo la recrearía con marionetas.
La productora Jacqueline Wagenstein, fundadora de Cinelibri, adquirió los derechos, que antes pertenecían al cineasta estadounidense Spike Jonze, y concibió la fábula como coproducción entre Bulgaria, Canadá, Francia, Bélgica y Polonia. Será la mayor producción de animación liderada por Bulgaria hasta la fecha.
La cinta distinguirá sus dos mundos con técnicas distintas: la realidad de Anna se rodará en acción real con un elenco mayoritariamente ucraniano, mientras que el mundo de Bianca se recreará con marionetas diseñadas por el propio Ushev, quien lo considera la esencia de la película.
Los símbolos y la prohibición de volar
Al extinguirse la luz natural, los habitantes recrean su calor con luces flotantes, dientes de león mecidos por la brisa y soles artificiales. La iluminación será clave tanto en el rodaje como en los decorados, construidos con telas recicladas de paracaídas, cometas y otros objetos pensados para volar.
Ese simbolismo se extiende a la prohibición de volar impuesta por Febrero, que Ushev interpreta como una forma de arrebatar a la gente su capacidad de soñar. Cuando se vuela, se sueña, afirma, y lo primero que hace todo tirano es quitar los sueños y la esperanza de que las cosas cambien.
La película recuerda que preservar la luz exige algo más que esperar que perdure. El presente es crucial para el futuro, insiste Ushev, porque si no se actúa ahora, el futuro también transcurrirá en la oscuridad.
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