El sonido sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de parte de la industria cinematográfica. Aunque cada vez adquiere mayor relevancia en la construcción de una película, su desarrollo continúa condicionado por los tiempos de rodaje y las exigencias de la producción. Sobre esta cuestión han reflexionado en Valladolid Willie D. Burton, responsable del sonido directo de La Odisea, de Christopher Nolan, y Alejandro López, vinculado al diseño y la postproducción sonora de La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi.
El encuentro, titulado Una odisea sonora, ha abierto el ciclo Pensar (y escuchar) el cine de la 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). Moderada por Javier H. Estrada, codirector del festival, la conversación ha abordado la evolución tecnológica del sonido, su importancia en la narración cinematográfica y el papel de los equipos humanos frente a la irrupción de nuevas herramientas como la inteligencia artificial.
La charla se ha celebrado en una edición de la Seminci que ha situado el sonido entre sus líneas de reflexión. El festival arrancó el 23 de octubre con My Notes on Mars, de la cineasta húngara Lili Horvát, y dedicó su gala inaugural a recordar el legado de José Luis Cienfuegos, director del certamen entre 2023 y 2025. Burton, ganador de dos premios Oscar a lo largo de su carrera, recibió también la Espiga de Honor.
Dos películas, dos formas de construir el sonido
Las experiencias de Burton y López ilustran dos etapas diferentes de un mismo proceso creativo. El primero trabaja en el sonido directo durante el rodaje; el segundo participa en la construcción del universo sonoro de una película durante la postproducción. Sus testimonios han permitido acercarse a dos producciones de gran repercusión en 2026, con propuestas narrativas y necesidades técnicas muy distintas.
Con más de cinco décadas de trayectoria, Burton ha trabajado con cineastas como Steven Spielberg, Clint Eastwood y Christopher Nolan. Su carrera incluye títulos como Bird, por el que obtuvo uno de sus dos Oscar, y Dreamgirls. En La Odisea, la epopeya mitológica de Nolan inspirada en el poema de Homero, el desafío ha sido capturar el sonido en condiciones exigentes y responder a las necesidades de un director que concede especial importancia al trabajo artesanal.
"Tienes que estar preparado para todo, no puede pedirte algo y que no tengas una solución", ha explicado el sonidista. Burton ha destacado el método de trabajo de Nolan, partidario de registrar los sonidos en el propio entorno del rodaje y de aprovechar al máximo las posibilidades de la captación directa. «Es la película más exigente en la que he trabajado», ha afirmado.
Para el profesional estadounidense, el sonido no debe ocupar una posición secundaria en el proceso cinematográfico. «Hay que hacer del sonido algo tan importante como la imagen», ha defendido, al tiempo que ha advertido de que algunos cineastas jóvenes todavía no conceden a esta labor la atención que merece.
Alejandro López ha coincidido en la necesidad de reconocer el valor del departamento de sonido, aunque ha introducido un matiz: la voluntad creativa de los directores no siempre encuentra el tiempo necesario para desarrollarse. "A los directores hoy en día les interesa mucho el sonido, pero a veces los tiempos y calendarios de producción no te dejan jugar con la estructura que tienes en la cabeza", ha explicado. La mezcla final, ha añadido, requiere un periodo de trabajo que no siempre se respeta y que obliga, en ocasiones, a sacrificar soluciones inicialmente previstas.
Con Una odisea sonora, Seminci ha abierto un espacio para reflexionar sobre una dimensión del cine que a menudo permanece fuera del foco, pero que resulta decisiva en la experiencia del espectador.
El universo sonoro de La bola negra
En La bola negra, la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi que entrelaza las vidas de tres hombres en épocas distintas y dialoga con una obra inacabada de Federico García Lorca, el sonido debía acompañar los cambios narrativos y emocionales entre los diferentes relatos.
López ha explicado que cada línea temporal exigía una identidad sonora propia. "La sonoridad de una de las líneas temporales es mucho más expresiva, hay efectos que crean una sensación y que huyen completamente del realismo", ha señalado. La intención no era limitarse a reproducir fielmente lo que sucedía en pantalla, sino contribuir a la atmósfera y al significado de cada secuencia.
La coordinación con otros departamentos resultó fundamental. López ha recordado, entre otros ejemplos, una escena teatral junto a Penélope Cruz en la que la música de Raül Refree desempeñaba un papel especialmente relevante. La integración de diálogos, ambientes, efectos y banda sonora exigía que todas las piezas funcionaran como parte de una misma propuesta narrativa.
El proceso estuvo condicionado también por el calendario de producción. Según ha explicado, la participación de la película en el Festival de Cannes redujo el tiempo disponible para desarrollar algunas de las ideas previstas, que tuvieron que resolverse directamente en el estudio. El resultado demuestra, una vez más, hasta qué punto la construcción del sonido depende tanto de las decisiones creativas como de las circunstancias materiales en las que se desarrolla una película.
Aunque sus responsabilidades son distintas, Burton y López han coincidido en reivindicar el carácter colectivo del oficio. El sonido cinematográfico no es el resultado del trabajo aislado de una sola persona, sino de la coordinación entre técnicos, dirección, montaje, música y el resto de los departamentos. La confianza y la capacidad de anticiparse a los problemas son fundamentales para que el proceso avance sin comprometer el trabajo de los demás.
Burton ha subrayado la importancia de contar con un equipo habitual y de confianza, preparado para resolver las dificultades que surgen durante el rodaje. También ha descrito las reuniones diarias con Nolan, en las que se planificaba el trabajo después de cada jornada. La preparación previa y la comunicación entre profesionales se convierten así en herramientas esenciales para afrontar producciones que requieren una precisión técnica considerable.
La inteligencia artificial, una herramienta al servicio de la creatividad
La conversación ha abordado asimismo el futuro del sonido cinematográfico y las posibilidades que abren las nuevas tecnologías. La inteligencia artificial ocupa un lugar creciente en los procesos audiovisuales, pero ambos profesionales han rechazado que su avance implique necesariamente la desaparición del trabajo humano.
"No creo que la IA vaya a reemplazar a la gente, pero si se usa bien sirve para mejorar lo que haces y acelerar procesos", ha sostenido López. Su reflexión apunta a una distinción importante: una herramienta puede agilizar determinadas tareas y facilitar el trabajo técnico, pero eso no elimina la necesidad de tomar decisiones creativas ni de comprender las exigencias expresivas de una película.
Burton ha defendido igualmente la posibilidad de incorporar estos avances sin renunciar al componente humano del oficio. «Grabar sonido es como interpretar un papel, siempre necesitas un componente humano», ha afirmado.
La experiencia de ambos profesionales deja una conclusión compartida: el desarrollo tecnológico puede ampliar las herramientas disponibles, pero el sonido cinematográfico continúa dependiendo de la escucha, la sensibilidad, la experiencia y la capacidad de resolver problemas. En un medio en el que cada detalle puede alterar la percepción de una escena, dar al sonido el tiempo y la importancia que necesita sigue siendo una decisión artística de primer orden.
Con Una odisea sonora, Seminci ha abierto un espacio para reflexionar sobre una dimensión del cine que a menudo permanece fuera del foco, pero que resulta decisiva en la experiencia del espectador. De los desafíos del rodaje de La Odisea a la compleja arquitectura sonora de La bola negra, el encuentro ha puesto de manifiesto que escuchar una película es también una forma de comprender cómo está hecha.
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