El Ejecutivo ha dado un paso decisivo para transformar la legislación antitabaco con la aprobación del proyecto de ley que actualizará una normativa que llevaba casi veinte años sin una reforma de gran calado. El texto impulsado por el Ministerio de Sanidad amplía de forma significativa los espacios libres de humo y endurece las limitaciones tanto para el tabaco tradicional como para los cigarrillos electrónicos y otros productos con nicotina.
La iniciativa deberá superar ahora la tramitación en el Congreso de los Diputados, donde el Gobierno buscará los apoyos necesarios para convertirla en ley definitiva. Uno de los cambios más llamativos afecta a los lugares donde estará prohibido fumar.
Si la norma sale adelante, desaparecerá el humo del tabaco en playas, incluidas las fluviales, terrazas de bares y restaurantes, piscinas de uso colectivo, instalaciones deportivas, campus universitarios, eventos multitudinarios al aire libre y vehículos comerciales utilizados con fines profesionales.
El objetivo es reducir la exposición al humo ambiental y reforzar la protección de quienes comparten estos espacios, especialmente los menores. La ley también establece zonas de protección alrededor de colegios, hospitales, centros sanitarios, bibliotecas, museos, parques infantiles, centros culturales o de investigación. En estos entornos no se podrá fumar ni utilizar cigarrillos electrónicos en un radio inferior a quince metros.
Los menores tampoco podrán fumar
Otra de las grandes novedades afecta directamente a los adolescentes. Hasta ahora la legislación impedía vender tabaco a los menores de edad, pero no sancionaba expresamente el hecho de fumar.
Con la nueva normativa esa situación cambia por completo. Los menores tendrán prohibido consumir cigarrillos, vapeadores, dispositivos electrónicos y otros productos derivados de la nicotina.
En caso de incumplimiento, la responsabilidad recaerá sobre sus padres o tutores legales, que podrán enfrentarse a multas de al menos 200 euros. La normativa contempla la posibilidad de sustituir esa sanción económica por trabajos en beneficio de la comunidad.
Uno de los principales objetivos de Sanidad es cerrar el vacío legal que existía respecto a los nuevos dispositivos electrónicos. La reforma equipara prácticamente los vapeadores, cigarrillos electrónicos y productos similares al tabaco convencional, independientemente de que contengan o no nicotina.
Esto implica importantes restricciones tanto para su consumo como para su comercialización. Además, la venta quedará mucho más limitada, concentrándose en establecimientos autorizados y evitando que estos productos puedan adquirirse con facilidad en bazares, tiendas de conveniencia u otros comercios generalistas.
Publicidad prácticamente desaparecida
La nueva ley también endurece las normas sobre promoción comercial. Desaparecerán los carteles publicitarios en escaparates y establecimientos abiertos al público, así como cualquier otro elemento que pueda incentivar el consumo.
Las limitaciones afectarán igualmente a internet, las máquinas expendedoras y cualquier fórmula de publicidad directa o indirecta relacionada con productos del tabaco o dispositivos electrónicos.
Además, los programas audiovisuales no podrán mostrar a presentadores o colaboradores consumiendo estos productos ni exhibir de forma promocional marcas o logotipos asociados al sector.
La decisión del Gobierno llega respaldada por los datos de consumo entre los jóvenes. Aunque el número de fumadores diarios de entre 14 y 18 años continúa descendiendo, el uso de cigarrillos electrónicos ha experimentado un fuerte crecimiento durante los últimos años.
Las encuestas realizadas por Sanidad reflejan que prácticamente uno de cada dos adolescentes ha probado alguna vez un vapeador y que su utilización habitual sigue aumentando, convirtiéndose en una de las principales preocupaciones de las autoridades sanitarias. Precisamente por ello, el Ministerio considera que estos dispositivos se han convertido en una puerta de entrada al consumo de nicotina y pretende frenar esa tendencia mediante una regulación mucho más estricta.
La reforma también recupera el Observatorio para la Prevención del Tabaquismo, un organismo que había desaparecido hace más de una década. Su función será realizar estudios, evaluar la evolución del consumo, proponer nuevas medidas preventivas y coordinar las actuaciones entre las distintas administraciones.
Sin embargo, algunas iniciativas finalmente han quedado fuera del texto aprobado. Es el caso del denominado empaquetado genérico, que obligaría a eliminar cualquier elemento diferenciador en las cajetillas de tabaco. El Ministerio de Sanidad mantiene su intención de incorporarlo durante la tramitación parlamentaria, aunque por el momento no cuenta con el respaldo suficiente dentro del propio Gobierno.
El proyecto inicia ahora su recorrido parlamentario y todavía puede sufrir modificaciones antes de su aprobación definitiva.
El Partido Popular ha evitado adelantar cuál será el sentido de su voto hasta estudiar el texto completo. Los populares respaldan endurecer la protección frente al tabaquismo, especialmente entre los menores, aunque muestran reservas respecto a algunas medidas que podrían afectar a sectores como la hostelería, especialmente por la prohibición de fumar en terrazas.
Mientras tanto, el Gobierno defiende que la reforma supone un nuevo paso en materia de salud pública y aspira a repetir el impacto que tuvo la histórica ley de 2005, que cambió para siempre la forma de entender los espacios sin humo en España. @mundiario




