Lo que comenzó como una curiosa tonalidad blanquecina en el suroeste del Mar Menor en otoño de 2022 se ha transformado en una amenaza persistente para el ecosistema de la mayor laguna hipersalina de Europa. La denominada mancha blanca, asociada al fenómeno conocido como whiting, continúa activa casi cuatro años después y ha alterado por completo las condiciones de vida en una parte importante del fondo marino.
Un estudio elaborado por investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y la Universidad de Murcia calcula que la superficie afectada alcanza los 12,3 kilómetros cuadrados, alrededor del 9% de toda la extensión del Mar Menor. La consecuencia más visible ha sido la desaparición de unos siete kilómetros cuadrados de vegetación submarina, fundamental para numerosas especies porque funciona como refugio, zona de reproducción y área de alimentación.
El whiting se produce cuando el aumento del pH del agua favorece la formación de diminutos cristales de calcita que quedan suspendidos en la columna de agua y generan ese aspecto lechoso. No se trata de residuos arrastrados desde tierra, sino de un proceso químico que ocurre dentro de la propia laguna. Aunque este fenómeno se ha observado en lugares como las Bahamas, el golfo Arábigo o Florida, su duración en el Mar Menor resulta extraordinaria.
La falta de luz cambia las reglas del ecosistema
Los investigadores destacan que la principal amenaza no es la presencia de la calcita en sí misma, sino su permanencia. En otros casos estudiados, estos episodios suelen desaparecer en días o semanas. Sin embargo, en la laguna murciana el bloqueo de la radiación solar se ha mantenido durante años, generando un escenario desconocido para sus organismos.
Durante el periodo analizado entre 2023 y 2024, la luz que alcanzaba el fondo en la zona afectada era muy inferior a la registrada en áreas saludables. Solo un 3,9% de la luz solar conseguía atravesar la capa de partículas, frente al 18,3% en otros puntos de la laguna. Esta reducción ha provocado unas condiciones similares a las de un fondo permanentemente oscurecido, incompatible con la supervivencia de muchas plantas marinas.
El impacto también se refleja en las comunidades de peces. Los científicos estudiaron cerca de 4.000 ejemplares distribuidos en zonas sanas, áreas de transición y el núcleo de la mancha. Mientras que en los sectores sin afección se identificaron 21 especies, en el centro del fenómeno solo aparecieron tres. Entre las especies desaparecidas figuran algunas emblemáticas del Mar Menor, como el caballito de mar, los peces pipa o determinadas poblaciones de doradas.
Un problema que se suma a décadas de presión ambiental
La persistencia de la mancha blanca no puede analizarse de forma aislada. Los expertos consideran que el fenómeno se desarrolla sobre un ecosistema ya debilitado por décadas de transformaciones humanas. La modificación de las conexiones con el Mediterráneo en los años setenta alteró la dinámica natural de la laguna, mientras que la intensificación agrícola posterior incrementó la llegada de nutrientes procedentes de la cuenca.
Ese proceso desembocó en episodios críticos como la crisis de eutrofización de 2016, cuando el Mar Menor quedó convertido en una masa de agua verdosa por la proliferación de algas, y las mortandades masivas de peces registradas en 2019 y 2021 debido a la falta de oxígeno.
La gran incógnita ahora es cuánto tiempo permanecerá activa la mancha blanca. Los investigadores apuntan a que su evolución está relacionada con factores hidrológicos y químicos complejos, entre ellos la entrada de aguas subterráneas cargadas durante décadas con nitrógeno y carbonatos procedentes de la actividad agrícola. Ese contexto podría estar favoreciendo las condiciones necesarias para que la calcita siga formándose.
Más allá del fenómeno concreto, el estudio advierte de una consecuencia preocupante: un ecosistema ya transformado está sufriendo una nueva simplificación biológica que puede dificultar todavía más su recuperación. @mundiario




