A Ucrania se le ha acabado la paciencia con los bandazos de Estados Unidos y con la cercanía de Donald Trump con el autócrata Vladímir Putin. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha advertido de que el ejército ucranio reanudará, pese a la presión de Washington, los ataques contra las refinerías rusas, dando por enterrada ya definitivamente una supuesta tregua −“energética”, prometió Trump− entre Kiev y Moscú. Ese presunto alto el fuego lo anunció el domingo unilateralmente el presidente de Estados Unidos y el Kremlin se lo saltó desde el minuto uno.
“Se acabó el bloqueo [a los ataques contra refinerías]. Ya basta”, dijo Zelenski en una entrevista con el periódico británico Financial Times, realizada poco antes de viajar a Bruselas para buscar respaldo de los líderes europeos. Estos también se han mostrado molestos por un nuevo acuerdo entre Trump y Putin sobre el que tampoco han sido consultados y por el que Moscú liberará miles de barriles de diésel en los mercados mundiales y Washington levantará las sanciones a ese hidrocarburo.
Este jueves ―tras dos días en los que el servicio de internet proporcionado por Starlink, empresa del aliado de Trump Elon Musk, ha funcionado con restricciones como otra medida de presión a Ucrania―, un ataque con drones de Kiev en la región rusa de Riazán ha causado un incendio en una refinería de petróleo, según informó Pavel Malkov, gobernador regional. “Se están evaluando los daños materiales. Los servicios de emergencia están trabajando en el lugar”, indicó en una publicación en Telegram. Otro almacén resultó dañado.
Ucrania suspendió los ataques contra las refinerías de petróleo rusas y otras infraestructuras energéticas durante dos días tras el anuncio de Trump de ese “alto el fuego energético”. Desde entonces, Zelenski ha explicado que han dejado de recibir las alertas que les proporcionaba EE UU para prevenirles de la llegada de misiles balísticos. Además, el servicio de comunicaciones por satélite Starlink, del que dependen enormemente las fuerzas ucranias, ha estado funcionando muy lento en todo el país; un problema grave que obstaculiza las operaciones en el frente y los ataques de medio alcance contra instalaciones militares rusas.
Zelenski ha recalcado que los problemas con ese sistema de comunicación no son fortuitos. “No fue un problema técnico; fue una cuestión de voluntad”, ha afirmado el presidente ucranio, que ha incidido en que solo podría aceptar detener los ataques contra la infraestructura energética rusa si, a cambio, recibe más misiles interceptores Patriot de fabricación estadounidense.
Los sistemas Starshield, filial de Starlink para usos militares, “son propiedad y están controlados por el Gobierno de Estados Unidos. Cualquier límite en velocidad o uso es decidido por el ejército de Estados Unidos y en última instancia por el presidente”, recordó el miércoles Musk en un mensaje en X.
La relación entre Trump y Zelenski, que siempre ha sido muy tensa, está de nuevo bajo mínimos. El sábado, el magnate republicano pidió a los ucranios que buscaran un nuevo presidente y arremetió contra los ataques de Kiev a la infraestructura petrolera rusa. Trump y su partido se enfrentan a elecciones de mitad de mandato a principios de noviembre, y sus índices de aprobación están bajo mínimos.
La ciudadanía estadounidense desaprueba que metiera al país en la guerra contra Irán, que ha disparado los precios de los combustibles; como el diésel, que se ha encarecido casi un 70% desde el inicio de los bombardeos sobre Teherán. De ahí el apresurado acuerdo con Putin sobre el diésel, el anuncio de una tregua energética y los nuevos ataques a Zelenski, a quien Trump culpa de la subida de los hidrocarburos que le están pasando factura en las encuestas. Solo los votantes MAGA se creen esa mentira.
EE UU busca elevar la presión sobre Ucrania, extremadamente dependiente de la información de inteligencia que le proporciona y de las armas que le suministra, pero que pagan, en realidad, los aliados europeos. Washington ha amenazado con cortar el grifo de las dos cosas si Zelenski no vuelve al redil de lo ordenado por Trump.
“Todos nosotros en Europa queremos que esta guerra termine”, ha dicho Zelenski a su llegada a Bruselas, donde este jueves se ha reunido con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. “Para ello se necesitan señales de fuerza: más presión real sobre Rusia y más apoyo defensivo para Ucrania. Ahora es especialmente importante actuar juntos para proteger vidas”, ha añadido el presidente ucranio en un comunicado en las redes sociales.
En el encuentro, Rutte, sin embargo, le ha dado un toque de atención al presidente ucranio: “Hablamos de la importancia de implementar un alto el fuego energético”, ha dicho en X, la red social también propiedad de Musk.
Para Europa, la restricción de Starlink en Ucrania es otra señal preocupante desde Washington no solo por lo que pueda afectar al conflicto en sí en territorio ucranio, sino por sus implicaciones en todo el continente europeo.
“No somos capaces de proteger Europa si apagan” el sistema, ha advertido la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. “Si [EE UU] quiere proteger a la OTAN, si quiere proteger a Europa, tiene que permanecer abierto”, ha subrayado Frederikssen, para quien este nuevo incidente demuestra lo “profundamente problemático” que es que Europa dependa tanto de un sistema de comunicación privado clave para su defensa. “Es otro ejemplo más de cómo los gigantes tecnológicos han logrado demasiado poder y demasiada influencia”, ha señalado.
En cuanto al acuerdo sobre el diésel, se trata de “una mala señal” que “va en la dirección equivocada”, ha resaltado el primer ministro en funciones sueco, Ulf Kristersson, a su llegada a la cumbre en Bruselas. “Cada paso que se dé para ayudar a que los rusos incrementen la financiación de la guerra es una mala señal”, ha insistido, dando voz al sentir mayoritario —aunque no unánime: su par búlgaro, Rumen Radev, se ha desmarcado de las críticas al acuerdo— en la cita de líderes europeos, donde la guerra contra Ucrania centrará las discusiones de este viernes.
También Frederiksen ha manifestado su preocupación por un acuerdo que hace que “la alianza occidental” esté en una “situación peor que hace unos días”.
“Presionar a Ucrania no es la estrategia adecuada, y por eso Europa apoya a Ucrania”, ha resumido el malestar mayoritario frente al último desplante de Trump contra Ucrania la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. “En Europa sabemos perfectamente que, cuando compramos cualquier cosa a los rusos, estamos financiando el asesinato de europeos”, ha agregado Frederiksen.




