El cineasta japonés Shinichiro Ueda se ganó una reputación de culto gracias a One Cut of the Dead, una comedia de terror con zombis que arrancaba como un rodaje en una sola toma y terminaba convertida en una reflexión sobre el propio acto de hacer cine y el caos que se vive en un set. Ahora, el director vuelve a explorar cómo el cine nos transforma, pero desde un terreno inesperado: el microdrama vertical pensado para las redes sociales.
Su nuevo largometraje, Earthlings in Love (título aún sin estreno confirmado en España), se proyecta en la sección Nippon Cinema Now del 39 Festival Internacional de Cine de Tokio. La historia sigue a Shinpei, un director que descubre que padece demencia de inicio temprano y que emprende un viaje para registrar sus recuerdos mientras intenta terminar una película que empezó a rodar con sus amigos durante la adolescencia.
El proyecto nació como una serie de 30 episodios cortos, de apenas unos minutos cada uno, publicados en redes sociales. Según explicó Ueda en una entrevista con Variety, la entusiasta respuesta del público en internet fue lo que impulsó su adaptación a largometraje y su llegada a las salas de cine.
Un formato vertical con sentido narrativo
Ueda contó que primero eligieron el formato vertical y después escribieron el guion. La idea surgió tras un reencuentro con antiguos compañeros de colegio en su ciudad natal: mientras recordaban anécdotas, se dio cuenta de que cada uno interpretaba los mismos hechos de forma distinta y de que algunas cosas se habían olvidado por completo. De ahí nació su interés por contar una historia sobre la diferencia entre la memoria y lo que realmente queda registrado.
El director considera que la relación de aspecto vertical encaja muy bien con las proporciones humanas, aunque reconoce que complica las escenas de grupo. Lejos de verlo como un problema, lo aprovechó para dejar espacio a la imaginación del espectador. Además, el encuadre recortado dialoga con el tema central de la película, ya que algunos síntomas de la demencia limitan el campo de visión.
De 76 a 111 minutos
Ueda, que también monta sus películas, explicó que los 30 episodios sumaban 76 minutos en redes sociales, mientras que la versión para cines alcanza los 111 minutos. En internet, señaló, hay que cuidar constantemente la atención del público porque, si el ritmo decae, el usuario pasa a otro contenido. En una sala, en cambio, el espectador se queda sentado durante dos horas, lo que le permitió dar más tiempo a la dirección y a las interpretaciones.
Para el montaje final recuperó tomas y diálogos que no habían cabido en la versión digital, rodó algunas escenas adicionales y eliminó los momentos de suspense diseñados para que la audiencia regresara al episodio del día siguiente. Aun así, asegura que su manera de dirigir no cambió respecto a sus anteriores largometrajes.
Lo que más le sorprendió del microdrama fue la velocidad de la respuesta: los comentarios inundan las redes en cuanto se publica algo, mientras que una película necesita al menos 12 meses para llegar a los cines. Pese a ello, Ueda está convencido de que ambos formatos convivirán. En Japón, sostiene, la sala de cine es hoy el único lugar donde la gente apaga el móvil y comparte dos horas en la oscuridad, casi como un ritual que está destinado a perdurar.
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