Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos dejaron una contundente victoria del Partido Demócrata, que arrebató a los republicanos el control de la Cámara de Representantes y del Senado. El resultado se ha leído como un referéndum sobre Donald Trump, el coste de la vida y la guerra en Irán, pero sus efectos irán mucho más allá y alcanzarán a los estudios de Hollywood, a las cadenas de televisión y a sus equipos de relaciones gubernamentales.
La principal prioridad legislativa de la industria es aprobar un incentivo fiscal federal antes de que termine el año. El proyecto cuenta con un apoyo bipartidista que une a Trump con el senador demócrata Adam Schiff, por lo que, en teoría, el cambio de mayoría no debería frenarlo. Sin embargo, una sacudida electoral así rara vez favorece el impulso.
Tampoco ayuda que el presidente parezca dudar. En un mitin celebrado el viernes pasado, Trump se burló de quienes, desde Hollywood, le piden favores a cambio de esos créditos y preguntó al público si debía concederlos, entre abucheos. “Tendremos que pensarlo”, zanjó. La industria confía en que acabe dando el sí.
Un proyecto que podría empezar de cero
Mientras tanto, los republicanos del Congreso siguen conmocionados y volcados en las recriminaciones y en la lucha por el liderazgo. Todavía podrían aprobar los créditos, pero no figuran entre sus prioridades. Los demócratas de la Cámara, por su parte, quizá prefieran aplazar cualquier pacto bipartidista hasta el próximo Congreso, cuando tendrán la sartén por el mango.
Esa espera tiene un coste. Aunque los demócratas son más afines a Hollywood, el 120.º Congreso obligaría a empezar desde cero: de los 31 copatrocinadores republicanos del proyecto en ambas cámaras, 10 no volverán el próximo año. Además, la iniciativa se apoya en la idea de una crisis que exige actuar ya, algo difícil de sostener en un proceso largo. “El momento es crucial”, advirtió Schiff en septiembre.
La FCC, PBS y NPR, bajo el foco
El nuevo Congreso no alterará la composición de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), pero sí traerá una supervisión más estrecha de su presidente, Brendan Carr, que en los dos últimos años ha presionado a las cadenas por los chistes de Jimmy Kimmel y ha abierto investigaciones sobre comentarios políticos en The View. Los demócratas lo ven como una pieza del empeño de Trump por acallar las voces críticas y probablemente usarán su poder de citación.
También se abre una puerta para los medios públicos. La Corporación para la Radiodifusión Pública quebró el año pasado tras un recorte de 1.100 millones de dólares y dejó sin una fuente clave de financiación a cientos de emisoras locales, a PBS y a NPR. Con los demócratas al mando existe la posibilidad de recuperar ese apoyo, aunque supondría reabrir la batalla cultural con los conservadores, que acusan a ambas de sesgo progresista.
Por último, el Comité de Supervisión de la Cámara podría revisar las concesiones de los grandes grupos mediáticos a Trump en 2025, como el acuerdo por el documental Melania o los pagos para cerrar sus demandas contra 60 Minutes y George Stephanopoulos, además de los esfuerzos de la familia Ellison por lograr el visto bueno a las fusiones de Paramount con Skydance y Warner Bros. Si lo consigue, podría sacar a la luz cómo negociaban esas compañías con el presidente en la cúspide de su poder.




