Mientras miles de hectáreas arden este verano y las llamas vuelven a poner a prueba la capacidad de respuesta de España, la batalla política se ha trasladado al aire: los hidroaviones Canadair utilizados para combatir los incendios forestales. El Partido Popular ha señalado al Gobierno de Pedro Sánchez por la antigüedad y escasez de estos aparatos, pero los datos de la flota revelan una realidad incómoda para todos los partidos: de los 14 hidroaviones FOCA que opera el Ejército del Aire y del Espacio, solo uno fue adquirido durante un mandato del PP.
La portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Ester Muñoz, acusó al Ejecutivo de mantener una “flota obsoleta” y denunció una supuesta falta de inversión para reforzar los medios estatales de extinción. Sin embargo, la historia de estos aviones muestra que la renovación pendiente no es un problema exclusivo de una legislatura concreta, sino una herencia acumulada durante décadas.
Los 14 Canadair en servicio actualmente tienen detrás una larga trayectoria. Diez de ellos fueron comprados durante los gobiernos de Felipe González, entre finales de los años ochenta y principios de los noventa. Se trata de aeronaves del modelo CL-215T Serie V, unos aparatos que acumulan entre 36 y 40 años de antigüedad y que siguen desempeñando un papel clave cada verano en la lucha contra los grandes incendios.
Con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa llegaron tres nuevas incorporaciones del modelo CL415 entre 2006 y 2007, mientras que el último hidroavión adquirido por España se compró en 2013, durante el Gobierno de Mariano Rajoy. Ese aparato es el único de los 14 actuales cuya compra corresponde a un Ejecutivo del Partido Popular.
La polémica llega en un momento especialmente delicado, cuando los incendios forestales han vuelto a situar la prevención y la capacidad de extinción en el centro del debate público. La pregunta que surge es por qué España sigue dependiendo de una flota tan antiguas para afrontar emergencias cada vez más intensas.
La difícil renovación de una flota clave contra el fuego
El problema no ha sido únicamente presupuestario. Cuando el Gobierno de Pedro Sánchez planteó la renovación de los hidroaviones, se encontró con una dificultad industrial: el modelo utilizado durante décadas había dejado de fabricarse. La compañía De Havilland necesitaba un pedido amplio para reactivar la producción, una condición que obligó a varios países europeos a coordinarse.
España, junto con Francia, Italia, Grecia, Portugal y Croacia, terminó impulsando un nuevo programa europeo de adquisición. En 2024, el Ejecutivo español encargó siete nuevos aviones DHC-515 por 375 millones de euros. Serán aeronaves más modernas, con mayor capacidad de carga —hasta 6.000 litros de agua— y sistemas avanzados de navegación y visión nocturna.
Pero la solución no llegará de inmediato. El primer aparato no está previsto hasta 2028 y el último hasta 2031, lo que obliga a mantener durante años una flota diseñada en otra época.
Mientras tanto, España intentó mejorar el rendimiento de los aviones actuales con una actualización tecnológica de los diez CL-215T que permanecen operativos. El proyecto, valorado en 22 millones de euros, pretendía sustituir los sistemas analógicos de cabina por tecnología digital, pero terminó cancelándose en julio después de un conflicto administrativo por el aumento del coste del contrato.
La consecuencia es que los aparatos más antiguos tendrán que continuar volando hasta que lleguen los nuevos modelos. Una situación que refleja una de las grandes paradojas de la lucha contra los incendios: las emergencias evolucionan más rápido que los medios destinados a combatirlas.
España afronta los incendios con una flota limitada hasta 2028
El Grupo 43 del Ejército del Aire y del Espacio dispone de 14 hidroaviones, aunque su compromiso operativo con el Ministerio para la Transición Ecológica es aportar diez durante la campaña de incendios. Este verano, distintos incidentes han reducido temporalmente la disponibilidad, aunque fuentes militares consideran que el nivel de operatividad sigue siendo aceptable.
Desde Defensa destacan que la unidad mantiene una elevada preparación y que incluso permite que pilotos con gran experiencia continúen en activo pese a encontrarse en situación de reserva, debido al valor de sus conocimientos acumulados durante años de misiones.
Además de los grandes hidroaviones, el dispositivo estatal cuenta con otros aviones y helicópteros para apoyar a las comunidades autónomas, que son las responsables directas de la prevención y extinción de incendios forestales.
El debate sobre los Canadair se ha convertido así en un nuevo frente político, pero también en el reflejo de un problema estructural: España necesita renovar unos medios esenciales para un escenario marcado por incendios más rápidos, intensos y difíciles de controlar.
Hasta que lleguen los nuevos DHC-515, la respuesta dependerá de unos aviones veteranos que siguen siendo imprescindibles, pero que evidencian una asignatura pendiente que varios gobiernos han ido dejando atrás. @mundiario




