Los patinetes eléctricos se consolidaron en pocos años como uno de los símbolos de la movilidad urbana moderna. Son rápidos, económicos y permiten recorrer distancias cortas sin depender del coche o del transporte público. Sin embargo, esa imagen de vehículo práctico y accesible empieza a chocar con una realidad que preocupa cada vez más a médicos y autoridades: quienes los utilizan parecen estar mucho más expuestos a sufrir lesiones especialmente graves cuando ocurre un accidente.
Un estudio liderado por el traumatólogo David Bodansky y publicado este verano aporta una de las radiografías más amplias hasta la fecha sobre este fenómeno. Tras analizar los datos de más de 15.000 pacientes en Inglaterra, la investigación concluye que los usuarios de patinetes eléctricos presentan un riesgo significativamente mayor de sufrir traumatismos craneales, lesiones en órganos internos y daños vasculares que quienes circulan en motocicleta o bicicleta.
Aunque el trabajo se realizó en el Reino Unido, sus autores consideran que muchas de sus conclusiones pueden aplicarse a otros países europeos con sistemas de alquiler similares, entre ellos España, donde plataformas como Lime utilizan modelos prácticamente idénticos a los analizados.
La investigación llega además en un momento especialmente relevante para España, donde el número de accidentes relacionados con estos vehículos sigue creciendo y el uso obligatorio del casco está a punto de convertirse en una exigencia legal para todos los conductores de patinetes.
Un vehículo con un impacto mayor del esperado
Los resultados del estudio muestran diferencias llamativas cuando se comparan distintos medios de transporte. Frente a los motoristas, los usuarios de patinetes eléctricos tienen 3,5 veces más probabilidades de sufrir una lesión cerebral traumática, un 50% más de riesgo de padecer lesiones en órganos internos y más del triple de posibilidades de sufrir daños en arterias o venas.
La comparación con los ciclistas tampoco resulta favorable para el patinete. El riesgo de lesión cerebral sigue siendo un 70% superior, mientras que también aumentan las probabilidades de sufrir lesiones internas y vasculares.
Una de las explicaciones apunta al propio diseño del vehículo. El análisis se centró exclusivamente en patinetes de alquiler precisamente porque ofrecen un modelo estandarizado. Según explica Bodansky a El País, esta uniformidad permite estudiar mejor cómo determinadas características del vehículo pueden favorecer que el conductor salga proyectado hacia delante y golpee directamente la cabeza en caso de colisión.
El casco aparece como el gran factor diferencial
Si hay un dato que resume buena parte del problema es el uso del casco. Entre los usuarios de patinetes apenas un 5,9% llevaba esta protección en los accidentes analizados.
La diferencia con otros conductores es enorme. Entre los motociclistas el porcentaje asciende al 75,7%, mientras que entre los ciclistas alcanza el 45%.
Precisamente por ello, los investigadores defienden reforzar la obligatoriedad del casco. En España esa medida ya ha iniciado su recorrido definitivo tras ser aprobada por el Consejo de Ministros y su entrada en vigor está prevista para octubre, un cambio que busca reducir especialmente los traumatismos craneales, considerados una de las consecuencias más graves de este tipo de siniestros.
España también registra un aumento constante de accidentes
Los datos de la Dirección General de Tráfico reflejan que el problema no es exclusivo del Reino Unido. Durante 2024, los siniestros con víctimas en los que estuvo implicado un patinete eléctrico alcanzaron los 7.423 casos, un incremento del 23% respecto al año anterior.
Ese aumento también se tradujo en consecuencias más graves. En esos accidentes fallecieron 22 personas y 524 resultaron hospitalizadas, lo que supone un incremento del 34% de los heridos ingresados respecto a 2023.
La evolución coincide con la expansión del uso cotidiano de estos vehículos desde que dejaron de considerarse un simple juguete para convertirse en una alternativa real de movilidad urbana.
El estudio encuentra diferencias inesperadas entre hombres y mujeres
Otro de los hallazgos que más ha llamado la atención de los investigadores apareció en un análisis adicional de 23.193 colisiones notificadas por los propios usuarios.
Contra lo que suele ocurrir en la mayoría de estudios sobre seguridad vial, las mujeres aparecieron con una mayor probabilidad de comunicar lesiones graves tras un accidente con patinete.
Los autores plantean varias hipótesis para explicar esta diferencia. Una de ellas apunta a que muchos patinetes continúan diseñándose con proporciones corporales más cercanas al cuerpo masculino. También sugieren que las mujeres utilizan con mayor frecuencia aceras y superficies irregulares, lo que podría aumentar determinadas situaciones de riesgo.
La traumatóloga Karla Bascones, que ha investigado la evolución de estos accidentes en España, considera valiosa la investigación británica, aunque recuerda que los datos españoles obtenidos entre 2018 y 2020 no mostraban una diferencia tan marcada entre sexos, con un reparto relativamente equilibrado entre hombres y mujeres atendidos.
La desigualdad también aparece en el mapa de los accidentes
El trabajo también incorporó un análisis geográfico que permitió identificar patrones menos habituales en este tipo de investigaciones.
Los accidentes se concentraron con mayor frecuencia en zonas socialmente más desfavorecidas, mientras que la gravedad de las lesiones mostró una asociación moderada con áreas de mayor renta.
Estas diferencias abren nuevas preguntas sobre cómo influyen factores como el estado de las infraestructuras, el tipo de desplazamientos cotidianos o las condiciones urbanas en la seguridad de quienes utilizan estos vehículos.
El crecimiento del patinete eléctrico ha cambiado la forma de desplazarse en muchas ciudades, pero también ha obligado a replantear cómo convive con peatones, bicicletas y vehículos de mayor tamaño.
Para especialistas como David Bodansky y Karla Bascones, el aumento de la siniestralidad hace necesario seguir investigando tanto el diseño de estos vehículos como las medidas de protección más eficaces. La entrada en vigor del casco obligatorio en España representa uno de los primeros pasos de una regulación que busca adaptarse a una movilidad que ya forma parte del paisaje urbano, aunque sus riesgos aún sigan infravalorados. @mundiario




