Kyle Rankin regresa al thriller universitario con Run Hide Fight: Infidels, secuela independiente de su cinta de 2020 sobre un tiroteo escolar. El respaldo de The Daily Wire, la plataforma mediática de derecha que ya produjo la primera entrega, garantiza que la película encuentre a su público, aunque su ambición vaya mucho más allá del entretenimiento.
Más que un esfuerzo creativo sincero, la cinta aspira a humillar a los progresistas y antagonizar a los musulmanes. Sin embargo, la realización es tan deficiente que ninguno de los dos colectivos parece dispuesto a verla, ni siquiera para comprobar si deberían sentirse ofendidos. Rankin, antiguo aspirante a estrella de Hollywood y responsable de The Battle of Shaker Heights, reproduce sin matices las opiniones de su distribuidor en una historia sobre un veterano que combate a yihadistas en un campus.
Jonathan Majors interpreta a Clay Saunders, capitán de las Fuerzas Delta cuyo compañero muere durante la captura del cerebro del ISIS, Asad al-Madhi. Siete años después, Saunders promociona su libro America Unafraid en la Universidad de Laughton el mismo día en que un grupo de supuestos combatientes de la libertad, en realidad terroristas liderados por Ibrahim, hijo de al-Madhi, toma el centro estudiantil aprovechando una protesta en el campus.
Fuera del edificio, Devlin, hijo del compañero fallecido de Saunders, decide actuar por su cuenta para rescatar a su amigo Kwan y salvar a Lizzy, convertida en moneda de cambio al descubrirse que es hija de un multimillonario. Junto a un guardia de seguridad y su compañero de cuarto xenófobo, el hasta entonces apolítico Devlin emprende una misión que combina rescate y venganza.
Una parodia involuntaria
Run Hide Fight: Infidels funciona casi como una sátira antiprogresista al estilo de Jason Friedberg y Aaron Seltzer, en la línea de PCU, Date Movie o Epic Movie. Cada personaje llega con una historia de fondo que amplifica su estereotipo, y todos entregan sus parlamentos con una arrogancia presuntuosa que Rankin parece confundir con ingenio.
La Universidad de Laughton, en realidad la Universidad Limestone de Carolina del Sur, aparece paralizada por una compasión que la película retrata como hipócrita: el decano teme parecer discriminatorio y la alcaldesa insiste en calmar los ánimos en plena escena de crimen. Cuando una profesora negra defiende el derecho de sus alumnos a usar las zonas comunes, sus colegas la miran con desagrado por no ceder ante el pensamiento colectivo progresista.
Islamofobia sin matices
La representación de los musulmanes es profundamente islamófoba, aunque Sue Obeidi, del Consejo de Asuntos Públicos Musulmanes, la calificó como más ridícula que ofensiva. La película carece de la inteligencia necesaria para explorar los valores de musulmanes o progresistas, y su director acaba convertido en portavoz del productor Ben Shapiro, cuyo estilo dialéctico favorito consiste en abrumar al contrario con argumentos falaces.
Majors aparece principalmente al inicio y al final del metraje, con una actuación distante que contrasta con la intensidad que mostró en Magazine Dreams. The Daily Wire ofrece el contexto perfecto para esta película: quienes desprecien a quienes creen que los demás merecen decencia y respeto encontrarán aquí su cinta ideal. El resto de espectadores tiene decenas de opciones mucho más satisfactorias donde elegir.




