Cuando parecía abrirse una nueva oportunidad diplomática para avanzar hacia el final de la guerra de Gaza, el Gobierno israelí ha dejado claro que todavía existen diferencias de fondo que impiden un acuerdo. La propuesta impulsada desde Estados Unidos, que plantea el desarme de Hamás, la retirada gradual de las fuerzas israelíes y la creación de un nuevo sistema de administración para la Franja, ha encontrado una respuesta fría por parte de Tel Aviv.
Las declaraciones del primer ministro, Benjamín Netanyahu, y del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Eyal Zamir, muestran que la prioridad del Ejecutivo israelí sigue siendo la seguridad militar sobre el terreno. Para Israel, el conflicto no puede darse por concluido mientras Hamás conserve capacidad operativa, aunque sea parcialmente.
La iniciativa promovida por el denominado Board of Peace de la Administración estadounidense busca establecer una hoja de ruta para cerrar uno de los conflictos más prolongados y destructivos de Oriente Próximo desde octubre de 2023.
El esquema del plan conocido hasta la fecha se articula en torno a varios pilares fundamentales. En primer lugar, exige el desarme completo de Hamás y de las demás facciones armadas en Gaza, seguido de la retirada progresiva de las fuerzas militares israelíes del enclave. Paralelamente, se contempla la creación de una fuerza internacional de estabilización y el despliegue de una nueva estructura policial palestina para la administración del territorio, todo ello con miras a consolidar la transición hacia un nuevo modelo de gobierno en la región.
Sobre el papel, el proyecto intenta resolver simultáneamente los dos principales problemas abiertos tras casi dos años de guerra: quién garantizaría la seguridad y quién gobernaría la Franja una vez terminados los combates. Sin embargo, precisamente esos dos aspectos son los que generan mayores discrepancias.
Netanyahu rechaza el borrador
Tras la confirmación pública de Benjamín Netanyahu de que Israel no ha aceptado el texto de Estados Unidos, el primer ministro detalló que su Ejecutivo estudió el borrador remitido por Washington, pero concluyó que no respondía a sus exigencias. Debido a que consideran insuficientes algunas de las garantías contempladas, el Gobierno israelí procedió a enviar una serie de observaciones y modificaciones al documento.
Mientras el plan estadounidense plantea que las tropas israelíes abandonen progresivamente determinadas posiciones conforme avance el proceso de desarme, Netanyahu sostiene que Israel no abandonará sus actuales líneas de despliegue hasta que Hamás quede completamente desarmado.
Mientras que para Estados Unidos el proceso de negociación debería desarrollarse de forma paralela, el enfoque israelí exige que primero desaparezca la amenaza, un matiz que altera sustancialmente el diálogo. Esta postura se encuentra profundamente condicionada por el temor a repetir el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023; debido a esta experiencia, la doctrina de seguridad del Gobierno ha evolucionado hacia una estrategia que busca impedir, de forma prioritaria, que cualquier organización armada vuelva a consolidar estructuras militares próximas a las fronteras de Israel.
En ese contexto se entienden también las declaraciones del jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, quien, durante una visita a las tropas desplegadas en Gaza, aseguró que las Fuerzas de Defensa de Israel continuarán actuando "de forma proactiva" para eliminar cualquier amenaza potencial. Según Zamir, aunque las operaciones militares han debilitado significativamente a Hamás y modificado el escenario operativo dentro del enclave, todavía no consideran cumplidos los objetivos estratégicos fijados por el Gobierno.
El mensaje transmite que la presencia militar israelí no responde únicamente a operaciones ofensivas puntuales, sino a una estrategia de seguridad que pretende evitar la reconstrucción de capacidades militares por parte de Hamás.
Más allá de la retirada de las tropas, las discrepancias alcanzan al cese inmediato de las operaciones militares israelíes estipulado por el plan estadounidense tras la entrada en vigor del acuerdo. Este aspecto despierta un fuerte recelo en Tel Aviv, puesto que Israel defiende la necesidad de preservar su capacidad de respuesta operativa ante la detección de "cualquier amenaza inmediata" o violación de los términos por parte de Hamás.
Al mismo tiempo, el Ejecutivo israelí considera esencial mantener libertad operativa para actuar contra posibles focos armados mientras se desarrolla el proceso de desarme. La dificultad reside en que una flexibilización excesiva de estas condiciones podría provocar el rechazo de Hamás, que habría aceptado negociar sobre la base del esquema inicialmente planteado.
Gaza sigue siendo un escenario militar activo
La negociación depende en gran medida del trabajo diplomático desarrollado por varios actores regionales e internacionales; mientras Estados Unidos continúa liderando la iniciativa política, Egipto y Qatar mantienen su papel tradicional como principales mediadores entre Israel y Hamás, al tiempo que Turquía participa en los contactos vinculados al futuro del enclave. Ante este escenario, diversos analistas consideran que ningún acuerdo será viable sin un mecanismo internacional que supervise simultáneamente el proceso de desarme, la seguridad interior y la futura administración civil de Gaza.
Precisamente por ello, el proyecto contempla la creación de una fuerza internacional de estabilización, aunque todavía no se conocen detalles sobre qué países podrían integrarla, cuál sería su mandato o cómo se coordinaría con las autoridades palestinas.
El lento avance de las negociaciones contrasta con una realidad sobre el terreno fuertemente marcada por los combates. Por un lado, las autoridades sanitarias de Gaza reportan que la ofensiva israelí ha dejado ya más de 73.000 víctimas mortales y por encima de 174.000 heridos desde su inicio; por otro, el Gobierno de Israel insiste en que sus incursiones militares están estrictamente dirigidas a desmantelar la infraestructura de Hamás e impedir que el grupo reconstituya su capacidad ofensiva.
Por su parte, Hamás continúa siendo considerado por Israel como la principal amenaza para la seguridad nacional, argumento que el Gobierno utiliza para justificar el mantenimiento de su presencia militar en la Franja. La evolución de las conversaciones refleja que el principal obstáculo ya no consiste únicamente en alcanzar un acuerdo político, sino en definir cómo garantizar la seguridad durante el periodo de transición.
Mientras ambas posiciones continúan alejadas en aspectos esenciales, el margen para un acuerdo definitivo dependerá de la capacidad de los mediadores para conciliar las exigencias de seguridad israelíes con las condiciones aceptables de Hamás y el futuro marco político que deberá regir la Franja de Gaza. @mundiario




