Finlandia dio por concluida este lunes la construcción de una valla de 200 kilómetros a lo largo de su frontera con Rusia, un proyecto que demandó tres años y que Helsinki enmarca en su estrategia de seguridad frente a lo que denomina “guerra híbrida”.
La estructura, de 4,5 metros de altura, cuenta con cámaras y sensores de vigilancia, y se extiende por tramos estratégicos de los 1.340 kilómetros que separan a ambos países. Se trata de la frontera terrestre más larga que comparte un miembro de la Unión Europea (UE) o de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con territorio ruso. Las obras a gran escala comenzaron en agosto de 2024, luego de una fase piloto puesta en marcha el año anterior, y demandaron una inversión estimada de 356 millones de euros (413 millones de dólares).
El acto de cierre se realizó junto al puesto fronterizo de Nuijamaa, en el sureste del país, inactivo desde hace casi tres años. La ministra del Interior, Mari Rantanen, definió la obra como una pieza “esencial” para blindar el territorio y afirmó: “En esta situación, cada Estado debe velar por su propia seguridad y la inviolabilidad de sus fronteras”.
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