Fernando Trueba y Niño Josele llevaron la música hasta el Festival de San Sebastián. El director y el reconocido guitarrista español, acompañados por parte del equipo de la película, atendieron a los medios y pasaron por el Kursaal antes del estreno mundial de Bajañí.
La película forma parte de las Proyecciones Especiales de la Sección Oficial, donde se presenta fuera de concurso durante la edición 74 del festival. Se trata de un nuevo acercamiento de Trueba a uno de los territorios que más han marcado su filmografía: la música.
El título tiene un significado especial. “Bajañí” es la palabra utilizada para referirse a la guitarra en caló, instrumento que funciona como punto de partida de un recorrido cinematográfico y sonoro protagonizado por el arte de Niño Josele.
A lo largo de sus 112 minutos, la película viaja por tres grandes universos musicales: el flamenco, el jazz y la música brasileña. Más que explicar cada género, Trueba busca dejar que la guitarra se convierta en el hilo conductor y que sean los propios músicos quienes establezcan el diálogo.
Para conseguirlo, Niño Josele comparte este viaje con figuras internacionales como Caetano Veloso, Ron Carter, Rubén Blades, Kenny Barron y Marisa Monte, creando encuentros en los que estilos y tradiciones aparentemente diferentes terminan conectándose a través de la música.
El documental recorre además distintos lugares de España, Estados Unidos y Brasil, siguiendo al guitarrista en una experiencia que combina interpretación, encuentros y la relación personal que mantiene con cada uno de estos universos musicales.
Para Trueba, Bajañí supone también una nueva oportunidad de poner el cine al servicio de la música. El director ha descrito el proyecto como un acto de amor hacia Niño Josele y su talento, construyendo la película alrededor de su capacidad para moverse entre géneros sin abandonar sus raíces.
Con su estreno mundial en San Sebastián, Bajañí propone escuchar antes que explicar: un recorrido en el que la guitarra de Niño Josele conecta flamenco, jazz y música brasileña y demuestra que, algunas veces, una conversación no necesita palabras. .




