El documental Father Father (título aún sin estreno confirmado en España), que se presenta en el Festival de Río, sigue a Aviv, un judío israelí, y a Khader, su esposo palestino-israelí, durante el viaje a Texas en el que una madre subrogada da a luz a su hijo, Albi. El bebé nació el 6 de octubre de 2023, apenas unas horas antes del ataque de Hamás del 7 de octubre, que cambió para siempre la vida de la pareja y el rumbo de la película.
La cinta está dirigida por el documentalista británico Jake Witzenfeld, que en 2015 llamó la atención con Oriented, un retrato de tres hombres palestinos homosexuales en Tel Aviv antes del conflicto entre Israel y Gaza de aquel año. Su nuevo trabajo es una historia de amor muy personal que choca con los horrores de la política y la guerra, y que pone a prueba la relación de Aviv y Khader sin llegar a destruir su sueño de formar una familia.
En su primera entrevista sobre el filme, concedida a Variety, Witzenfeld explicó que la película busca mantener vivo el sueño de un amor capaz de superar las diferencias, incluso en un momento tan oscuro. También reconoció que se vive un contexto cultural complejo para las obras que intentan mostrar una apertura entre israelíes y palestinos.
Un proyecto que nació en plena crisis política
El origen del proyecto se remonta a la primavera de 2021, cuando Khader, a quien el director conocía desde el rodaje de Oriented, lo llamó para contarle que él y Aviv querían ser padres. Witzenfeld, que entonces vivía en Londres, reunió el dinero suficiente para empezar a seguir el proceso sin comprometerse con ningún resultado concreto.
El contexto político acabó marcando el relato. Benjamín Netanyahu salió del poder durante un tiempo y, tras su regreso y el giro del Gobierno hacia la derecha, la película se convirtió en una reflexión sobre si la pareja podría resistir dentro del país. Las protestas contra la reforma judicial, a las que acuden Aviv y Khader, reflejan ese temor a perder su seguridad como pareja gay.
Uno de los momentos más reveladores llega en una agencia de gestación subrogada, donde les informan de que ambos padres deben profesar la misma religión. Para el cineasta, la escena resulta casi absurda: la pareja es recibida con cordialidad, pero esa cláusula les obliga a buscar una madre subrogada en Estados Unidos.
La guerra que puso a prueba a la pareja
El equipo terminó el rodaje en Texas con el nacimiento de Albi y tenía previsto volar a Tel Aviv días después, pero el ataque del 7 de octubre lo cambió todo. La familia decidió quedarse cerca de un mes en Estados Unidos, y la grabación continuó de forma intermitente hasta el primer cumpleaños del niño, coincidiendo con el primer año de la guerra.
Witzenfeld admira la resistencia de una pareja que encadenó la pandemia, un costoso proceso médico de varios años y un conflicto armado en apenas unas semanas. La película muestra sus diferencias sin intentar resolverlas, algo que el director define como una hermosa lección para estos tiempos.
La escena final resume ese espíritu: la madre de Khader, con hiyab, conversa sobre cocina con el hermano de Aviv, reservista del Ejército israelí, que sostiene un fusil sobre el regazo. La pregunta ahora es cómo será recibido el documental en Israel, a pocas semanas de unas elecciones decisivas.




