La covid ha dejado atrás una de las pocas certezas que parecían haber quedado después de la pandemia: que sus grandes oleadas llegarían asociadas al frío. Un nuevo atlas elaborado a partir de miles de muestras recogidas en Cataluña muestra que el SARS-CoV-2 ha presentado durante los últimos años sus principales repuntes en primavera y verano, un comportamiento que empieza a plantear una pregunta incómoda para la salud pública: ¿tiene sentido mantener la vacunación concentrada en otoño si una parte importante de la circulación del virus se produce antes?
El estudio, publicado en Eurosurveillance, analiza la evolución de 18 virus respiratorios a partir de más de 33.000 muestras recogidas entre octubre de 2022 y septiembre de 2025. El trabajo permite observar que cada patógeno ocupa una especie de espacio propio dentro del calendario anual y que, aunque algunos comparten periodos de circulación, otros se suceden con una regularidad que puede ser útil para anticipar futuras ondas.
La principal sorpresa está en el SARS-CoV-2. A diferencia de la gripe A, cuyo comportamiento estacional continúa siendo muy marcado, el coronavirus ha mostrado en Cataluña una pauta predominantemente estival. El hallazgo coincide además con lo ocurrido este año, cuando el aumento de la incidencia se ha producido antes de que comenzaran las campañas de vacunación de otoño.
El desfase entre las olas y las vacunas
Jacobo Mendioroz, subdirector general de Vigilancia y Salud Pública de la Generalitat de Cataluña, señala a El País que estos datos obligan al menos a estudiar si las estrategias actuales necesitan ajustes. El problema no consiste únicamente en decidir una fecha diferente para administrar una vacuna, sino en encontrar el momento en el que la protección pueda llegar antes de que se produzca la mayor presión epidemiológica.
La cuestión afecta especialmente a las personas mayores y a quienes padecen enfermedades crónicas, precisamente los grupos que concentran una mayor preocupación ante las complicaciones de las infecciones respiratorias. Si el virus alcanza niveles elevados durante los meses cálidos y la inmunización se concentra después, existe un periodo en el que parte de la población vulnerable puede afrontar una nueva ola sin haber recibido todavía la dosis correspondiente.
Gregorio Montes Salas, secretario general de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria (SEMPSPGS), plantea en este contexto la posibilidad de estudiar una vacunación frente al SARS-CoV-2 menos vinculada al otoño. No obstante, tanto él como Mendioroz subrayan que todavía hacen falta más datos antes de modificar una estrategia que implica una compleja organización sanitaria.
El problema no es solo cuándo vacunar
Cambiar el calendario tendría consecuencias que van mucho más allá de mover una campaña unas semanas o unos meses. Las vacunaciones de otoño permiten concentrar recursos, personal y comunicación pública y aprovechar un momento en el que la población ya está familiarizada con la idea de protegerse frente a las infecciones respiratorias.
Mendioroz advierte precisamente de ese riesgo: trasladar la campaña a una época en la que tradicionalmente no se relaciona la covid con una mayor circulación podría reducir la percepción de necesidad entre la población. La consecuencia sería paradójica: una estrategia diseñada para vacunar antes de la ola podría terminar consiguiendo que menos personas acudieran a recibir la protección.
El atlas permite entender por qué el problema es más complejo de lo que parece. No existe un único calendario respiratorio. La gripe A suele alcanzar su máximo entre finales de diciembre y principios de febrero; el virus respiratorio sincitial (VRS) aparece antes y suele llegar a su pico aproximadamente un mes antes que la gripe. Rinovirus y enterovirus presentan dos periodos de mayor actividad, en otoño y primavera, mientras que otros patógenos circulan de manera mucho más constante.
Un calendario lleno de virus diferentes
Los investigadores analizaron muestras procedentes de 33 centros que representan aproximadamente al 9% de la población catalana y tuvieron en cuenta variables como edad, sexo, territorio y nivel socioeconómico. El resultado es una fotografía detallada de cómo se distribuyen durante el año diferentes virus respiratorios.
La gripe A aparece como uno de los patógenos con una estacionalidad más definida. El VRS también mantiene un patrón invernal reconocible, mientras que los rinovirus y enterovirus dibujan dos oleadas diferenciadas. En cambio, adenovirus, el coronavirus NL63 y algunos tipos de parainfluenza mantienen una circulación más estable y sin un pico epidémico tan evidente.
Esta sucesión tiene importancia práctica. Conocer qué virus suele aparecer antes puede ayudar a los sistemas sanitarios a prepararse para incrementos de consultas, hospitalizaciones y utilización de recursos. También puede servir para mejorar la vigilancia epidemiológica y anticipar qué patógenos podrían ganar protagonismo en determinados momentos del año.
La covid todavía puede cambiar otra vez
Los autores del estudio no plantean que el SARS-CoV-2 haya adquirido definitivamente un comportamiento exclusivamente estival. Juan Carlos Galán, jefe de Virología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, sostiene al diario antes mencionado que los resultados constituyen una señal relevante, pero recuerda que otras observaciones recientes apuntan a la posibilidad de dos periodos de mayor circulación, uno en verano y otro en invierno.
Esa cautela resulta especialmente importante porque el coronavirus continúa evolucionando y su comportamiento depende de múltiples factores. La inmunidad acumulada de la población, las nuevas variantes, las condiciones ambientales y la interacción con otros virus pueden modificar sus patrones de circulación.
El interés del atlas, por tanto, no reside únicamente en descubrir que la covid puede estar dejando de comportarse como un virus típicamente invernal. Su aportación más importante es mostrar que las infecciones respiratorias forman un ecosistema mucho más complejo de lo que sugiere el tradicional binomio gripe-invierno.
Para Mendioroz y Montes Salas, el debate sobre las vacunas deberá apoyarse en nuevas temporadas de datos antes de adoptar cambios. Para Galán, también será necesario comprobar si el patrón observado en Cataluña se repite en otros territorios. La cuestión queda así abierta: si la covid continúa adelantando sus principales ondas hacia los meses cálidos, la salud pública tendrá que decidir si adapta su calendario a la nueva realidad o mantiene las campañas de otoño para proteger las coberturas alcanzadas.
El cambio, en definitiva, no consiste solamente en decidir cuándo administrar una vacuna. Supone asumir que el calendario de los virus respiratorios ya no puede darse por supuesto y que las estrategias diseñadas para un escenario anterior podrían necesitar ajustes a medida que el comportamiento del SARS-CoV-2 se consolida. @mundiario




