A primera vista parece un árbol vencido por el viento. Sin embargo, basta observarlo unos segundos para comprender que no es así. Su tronco apenas asciende un metro antes de inclinarse casi por completo hasta formar un largo brazo horizontal del que nacen todas sus ramas. Contra toda lógica aparente, el árbol no solo permanece vivo, sino que cada verano se llena de nectarinas.
La escena se encuentra en una finca particular de Carreira, en Ribeira (A Coruña), donde este nectarino lleva unos diez años creciendo de una forma que sorprende incluso a quienes están acostumbrados al cultivo de frutales. Según sus propietarios, siempre tuvo esa estructura. Nunca llegó a desarrollar el porte vertical que caracteriza a los nectarinos y melocotoneros, pero tampoco dejó de producir fruta.
Su silueta recuerda más a una escultura vegetal que a un árbol frutal convencional. El grueso brazo horizontal sostiene una copa repartida a ambos lados mientras un tutor ayuda a soportar parte del peso de la estructura. En verano, las ramas aparecen cargadas de frutos, prueba de que el peculiar crecimiento no ha impedido que el árbol complete su ciclo vegetativo.
A sus diez años, el árbol nunca ha crecido hacia arriba y cada verano produce una abundante cosecha de nectarinas. Los frutales pueden adaptarse a situaciones excepcionales sin perder su capacidad de fructificar
Lejos de ser una curiosidad sin explicación, este tipo de desarrollo tiene una base biológica. Los árboles no crecen siguiendo un plano rígido, sino que responden continuamente a estímulos externos y a los cambios que experimentan durante sus primeros años de vida. Una lesión temprana, una poda, una alteración en el brote principal o incluso un episodio mecánico pueden modificar la llamada dominancia apical, el mecanismo por el que el árbol concentra el crecimiento en un eje vertical.
Una de las partes del nectarino que crece en horizontal en una finca de Ribeira (A Coruña). / Mundiario
Una arquitectura casi horizontal
Cuando ese eje desaparece o pierde vigor, una rama lateral puede asumir el protagonismo y convertirse en el nuevo tronco funcional. Lo excepcional en este caso no sería tanto ese proceso como el hecho de que el árbol haya mantenido durante una década una arquitectura casi horizontal y continúe ofreciendo una producción abundante y saludable.
Paradójicamente, la horizontalidad no siempre perjudica a los frutales. Los cultivadores saben desde hace siglos que las ramas muy verticales tienden a producir madera, mientras que las más abiertas favorecen la aparición de flores y frutos. Por esa razón, en muchas explotaciones agrícolas las ramas jóvenes se doblan o se guían para mejorar la producción y facilitar la recolección.
Lo que distingue al ejemplar de Ribeira es que no forma parte de un sistema de cultivo en espaldera ni de una plantación diseñada con criterios agronómicos. Se trata de un árbol aislado que ha desarrollado por sí mismo una estructura que recuerda a esas técnicas, pero de una manera mucho más extrema y llamativa.
Los botánicos advierten de que la naturaleza rara vez responde a patrones absolutos. Dentro de una misma especie pueden aparecer individuos con formas inesperadas como consecuencia de pequeñas alteraciones en su desarrollo. La enorme plasticidad de los árboles les permite reorganizar su crecimiento cuando las circunstancias cambian. En muchos casos, esa capacidad de adaptación resulta suficiente para que el ejemplar sobreviva durante décadas. Y eso parece haber ocurrido con este nectarino gallego.
Una de las partes del nectarino que crece en horizontal en una finca de Ribeira (A Coruña). / Mundiario
La biología vegetal encuentra caminos alternativos
Lejos de convertirse en un árbol enfermo o improductivo, ha encontrado una solución propia para sostener su copa y completar cada año su ciclo reproductivo. Su historia demuestra hasta qué punto la biología vegetal es capaz de encontrar caminos alternativos cuando las condiciones iniciales se apartan de lo habitual.
Este nectarino quizá nunca llegue a figurar en un catálogo de récords botánicos, pero sí constituye uno de esos pequeños fenómenos de la naturaleza que invitan a detenerse y mirar dos veces. En un cuidado jardín de Carreira, un árbol lleva diez años contradiciendo la imagen que todos tenemos de un frutal. Mientras la mayoría busca el cielo, él decidió crecer de lado. Y, contra todo pronóstico, sigue premiando cada verano esa singular elección con una generosa cosecha de nectarinas. @mundiario
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