Durante décadas, cuando una pareja tenía dificultades para concebir, la lupa de la medicina reproductiva se dirigía principalmente hacia el cuerpo femenino. La calidad de los óvulos, el estado del útero, las hormonas o el microbioma vaginal han ocupado gran parte de la investigación científica sobre infertilidad. Sin embargo, un nuevo estudio plantea una cuestión incómoda para la medicina actual: el semen también tiene un ecosistema propio y sus microorganismos podrían desempeñar un papel decisivo en el camino hacia un embarazo.
La investigación publicada en la revista The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health abre una nueva vía de estudio al analizar la influencia del microbioma seminal, es decir, el conjunto de bacterias, virus y hongos presentes en el líquido seminal. Sus conclusiones apuntan a que determinados desequilibrios en estos microorganismos pueden relacionarse con una menor probabilidad de lograr un nacimiento tras tratamientos de fertilidad y con un mayor riesgo de pérdidas gestacionales.
El trabajo, dirigido por un equipo de investigadores daneses, pone sobre la mesa una idea que durante años apenas había recibido atención: la reproducción no depende únicamente de la biología femenina, sino de la interacción entre dos organismos que comparten microorganismos constantemente. “En las clínicas de fertilidad se sigue tratando sobre todo a la mujer”, advierte Ida Behrendt-Møller, médica y primera autora del estudio, al señalar un desequilibrio histórico en la forma de abordar la infertilidad.
El estudio analizó de forma conjunta tres grandes comunidades microbianas: el semen masculino, el microbioma vaginal y el microbioma intestinal femenino. Los investigadores siguieron durante casi nueve años a parejas sometidas a fecundación in vitro o inyección intracitoplasmática de espermatozoides, así como a pacientes con antecedentes de pérdidas recurrentes de embarazo.
El semen, un “ecosistema” que puede influir en la reproducción
Los resultados revelaron que algunos hombres presentaban un patrón denominado disbiosis seminal, una alteración del equilibrio normal de bacterias presentes en el semen. En estos casos, los investigadores observaron una relación con peores resultados reproductivos.
En concreto, las parejas en las que el hombre tenía un perfil bacteriano similar al asociado a la vaginosis bacteriana presentaban menos posibilidades de conseguir un nacimiento tras un tratamiento de fertilidad. Entre quienes se sometieron a fecundación in vitro, el porcentaje de nacimientos con vida fue del 57% cuando estaba presente este patrón bacteriano, frente al 85% cuando no aparecía.
Los científicos creen que una posible explicación es que estos microorganismos puedan transmitirse durante las relaciones sexuales y modificar el entorno reproductivo femenino. “Sabemos que las parejas pueden compartir infecciones, así que también es posible que compartan bacterias beneficiosas o potencialmente perjudiciales”, explica Pernille Neve Myers, bioinformática y autora del trabajo.
No obstante, los investigadores insisten en que todavía no se ha demostrado una relación directa de causa y efecto. Encontrar una asociación entre una alteración del microbioma y un problema reproductivo no significa necesariamente que esa alteración sea la responsable. El siguiente reto será descubrir si modificar ese ecosistema bacteriano puede mejorar realmente las posibilidades de embarazo.
El intestino femenino también entra en la ecuación de la fertilidad
La investigación también analizó el microbioma intestinal de las mujeres participantes y encontró que aquellas con perfiles considerados más equilibrados tenían mejores probabilidades de conseguir un embarazo. Los autores plantean que la explicación podría estar relacionada con la inflamación, el metabolismo o la regulación del sistema inmunitario.
El intestino se ha convertido en los últimos años en uno de los grandes focos de la investigación médica por su capacidad para influir en numerosos procesos del organismo. Su relación con las hormonas y con la respuesta inmunitaria podría tener consecuencias también en la reproducción, aunque todavía quedan muchas preguntas abiertas.
Ida Behrendt-Møller recuerda que estos resultados no permiten recomendar tratamientos concretos. No se debe recurrir a antibióticos ni a cambios extremos de dieta con la intención de modificar el microbioma para mejorar la fertilidad, ya que aún no existen pruebas suficientes de que estas estrategias sean eficaces.
La doctora Belén Acevedo Martín, especialista de la Unidad de Reproducción Asistida de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, coincide en la necesidad de mantener la cautela. A su juicio, el estudio supone un avance importante porque amplía la mirada hacia el hombre, pero no debe interpretarse como una explicación definitiva de la infertilidad.
Un cambio de paradigma: la pareja como unidad biológica
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es que cuestiona una visión tradicional de la medicina reproductiva. Durante años, muchos tratamientos han puesto el foco casi exclusivamente en la mujer, incluso en casos donde existe un factor masculino relacionado con la infertilidad.
Los autores defienden que la reproducción debe entenderse como un proceso compartido. La pareja no solo comparte una relación emocional o un proyecto de vida, sino también microorganismos que pueden interactuar con los sistemas reproductivos de ambos.
El estudio, sin embargo, tiene limitaciones. Todos los participantes procedían de Dinamarca, por lo que será necesario repetir la investigación en poblaciones más amplias y con diferentes estilos de vida, dietas y características genéticas. Como recuerda Acevedo Martín, el microbioma puede variar mucho entre personas y regiones.
Aun así, el hallazgo representa un giro significativo. La infertilidad continúa afectando a millones de parejas en todo el mundo y en una proporción importante de casos no existe una causa clara. Explorar nuevos factores, como el microbioma masculino, puede ayudar a comprender mejor por qué algunos embarazos no llegan a término y abrir futuras vías de diagnóstico y tratamiento. @mundiario




