Santo Domingo.- La propuesta del presidente Luis Abinader de sustituir el término “empleada doméstica”, por considerar que puede resultar despectivo, ha generado opiniones divididas entre ciudadanos consultados en las calles de Santo Domingo.
Mientras algunos consideran que un término más digno podría contribuir a reconocer el valor de este trabajo, otros entienden que el debate debe concentrarse en garantizar mejores condiciones laborales y protección legal.
Para José Antonio Monedero Jiménez, cambiar el nombre no resolvería las principales dificultades que enfrentan estas trabajadoras.
“Creo que lo que debe cambiar no es el nombre, es el marco legal que las protege”, sostuvo.
Monedero Jiménez llamó al Gobierno a prestar mayor atención a aspectos como los salarios, las prestaciones laborales y el acceso a seguro médico.
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“El nombre no tiene ningún sentido. Le pueden poner veinte mil nombres poéticos, lo que sea, y si el marco legal que hay, la calidad de vida que ellas puedan obtener no significa nada”, afirmó.
El ciudadano también defendió el valor de quienes realizan estas labores y consideró que no existe razón para avergonzarse de este oficio.
“No hay de qué avergonzarse. No, no, jamás en la vida”, expresó.
Una posición más tajante manifestó Jordan Hernández, quien rechazó que el término “empleada doméstica” sea considerado denigrante.
“Es una palabra para nada, para nada denigrante. Son empleadas domésticas, no hay que cambiarle ningún nombre”, afirmó.
Hernández consideró que se trata de un asunto relacionado con el uso del lenguaje y llamó a denominar las cosas por su nombre.
“Todo lo que nos quieren poner como que es denigrante, hay que llamar las cosas como son. Al pan, pan”, expresó.
Sin embargo, Gladys mostró una postura más abierta a la propuesta presidencial y consideró que, si existe una denominación que resulte más agradable para quienes desempeñan estas labores, podría ser adoptada.
“Si hay un nombre más lindo que doméstica se le puede cambiar, porque se lo merecen, trabajan mucho”, manifestó.
La ciudadana también señaló que algunas trabajadoras evitan identificarse como empleadas domésticas precisamente por el estigma asociado al término.
“Si la mayoría ni siquiera les gusta decir que trabajan en casa de familia pa’ que no le digan doméstica, entonces si tienen un nombre más lindo, lo hacen con más gusto”, sostuvo.
Los testimonios reflejan así un debate que va más allá de una palabra y que pone sobre la mesa la necesidad de dignificar el trabajo del hogar, tanto desde el lenguaje como desde las condiciones laborales y el reconocimiento social de quienes lo ejercen.
Ciudadanos reaccionan a propuesta de cambiar término “doméstica” por considerarlo despectivo




