La crisis migratoria que atraviesa Ceuta ha abierto un nuevo frente: la presión sobre el sistema sanitario de la ciudad autónoma. El Colegio de Enfermería sostiene que los profesionales están afrontando una situación excepcional, con jornadas prolongadas y un volumen de asistencias que, según sus datos, ha llegado a superar ampliamente la capacidad habitual de los servicios.
La denuncia se produce después de la llegada masiva de personas a finales de julio y de varias semanas de atención sanitaria extraordinaria. Según los datos recogidos por El País, en este periodo se han atendido miles de migrantes y se han registrado más de 200 casos de gastroenteritis, alrededor de 20 de sarna, 21 de impétigo y cuatro casos de tuberculosis.
Las organizaciones sanitarias reclaman que se refuercen de inmediato las plantillas y los medios disponibles. El Colegio de Enfermería ha llegado a solicitar que se declare el estado de alarma ante lo que considera una emergencia asistencial.
Uno de los principales problemas señalados por los enfermeros es el enorme incremento de pacientes en un periodo muy reducido. Durante los primeros días de la crisis se llegaron a registrar 1.149 asistencias en 24 horas, mientras que los servicios han tenido que prolongar horarios y recurrir a personal adicional para poder atender la demanda.
La situación también está afectando a la atención primaria y a las urgencias. Los profesionales denuncian que el sistema depende en buena medida del sobreesfuerzo de las plantillas, que afrontan jornadas más largas precisamente durante un periodo en el que parte del personal se encuentra de vacaciones.
El Colegio de Enfermería considera que mantener esta situación durante un periodo prolongado puede tener consecuencias tanto para los pacientes como para los propios trabajadores sanitarios.
Brotes vinculados a condiciones de hacinamiento
La preocupación sanitaria no se limita al número de consultas. Los profesionales también han alertado de la aparición de enfermedades asociadas a condiciones de hacinamiento, falta de higiene y dificultades para garantizar el acceso a agua potable.
Entre los problemas detectados figura un brote de gastroenteritis, además de casos de sarna e impétigo. También se han comunicado casos de tuberculosis, aunque las autoridades sanitarias han precisado que no todos los diagnósticos tienen relación con la llegada de migrantes a Ceuta.
La Sociedad Española de Epidemiología ha pedido evitar cualquier asociación automática entre inmigración y enfermedad. Su mensaje pone el foco en las condiciones de salubridad y hacinamiento, que pueden favorecer la transmisión de determinadas patologías con independencia del origen de las personas afectadas.
El diagnóstico de los profesionales sanitarios no coincide con el del Ministerio de Sanidad. La ministra Mónica García ha rechazado que el sistema sanitario ceutí se encuentre actualmente en situación de colapso.
Según los datos ofrecidos por el Gobierno, durante los primeros 15 días se atendió a unos 5.800 migrantes, de los cuales aproximadamente 3.500 fueron asistidos en atención primaria y 2.300 en el hospital. La presión asistencial, según Sanidad, ha disminuido considerablemente desde el máximo registrado durante las primeras jornadas.
El Ejecutivo sostiene que existe una situación de sobrecarga asistencial, pero considera que esta no equivale a un colapso del sistema.
El riesgo epidemiológico centra ahora la preocupación
Más allá de la discusión sobre cómo denominar la situación, el problema sanitario está obligando a reforzar la vigilancia epidemiológica. Las autoridades ceutíes han puesto en marcha medidas extraordinarias para mejorar la limpieza, el saneamiento y el seguimiento de posibles focos infecciosos.
La dificultad principal reside en que miles de personas continúan viviendo en espacios improvisados o en condiciones que complican tanto la atención médica como el seguimiento de los pacientes. La propia situación de los asentamientos dificulta localizar a las personas afectadas y garantizar que continúen los tratamientos cuando son necesarios.
En este contexto, los profesionales reclaman más recursos y una coordinación más intensa entre las administraciones.
El debate sanitario se ha convertido así en una nueva derivada de la crisis que comenzó con la llegada masiva de migrantes a Ceuta. La discusión ya no se limita a la capacidad de acogida o al control de la frontera, sino que afecta directamente a hospitales, centros de salud, servicios de emergencia y profesionales sanitarios.
Las enfermeras consideran que la dimensión de la emergencia exige una respuesta extraordinaria, mientras el Gobierno sostiene que el sistema continúa operativo y que la presión está disminuyendo.
Lo que sí parece evidente es que Ceuta afronta una situación sanitaria excepcional, con miles de personas atendidas en pocas semanas y con determinados brotes que requieren vigilancia. Los expertos insisten, además, en que la prioridad debe ser mejorar las condiciones de vida y evitar situaciones de hacinamiento que puedan favorecer la propagación de enfermedades.
La evolución de los próximos días será clave para determinar si el refuerzo de medios consigue aliviar la presión sobre los profesionales y evitar que la emergencia migratoria termine convirtiéndose también en una crisis sanitaria de mayor alcance. @mundiario




