Alberto Barbera, director artístico del Festival de Cine de Venecia, habló con franqueza sobre las presiones políticas que rodean la 83ª edición del certamen, que arrancó este miércoles. Durante un encuentro con la prensa en el Lido, Barbera reconoció que era casi inevitable que el festival recibiera presiones para posicionarse políticamente, dada la cantidad de películas de la programación que abordan Gaza, Palestina y Ucrania.
El director explicó que varias cintas de esta edición pueden generar reacciones políticas fuertes, pero fue tajante al respecto: ni la Bienal ni el festival harán jamás declaraciones políticas para tomar partido. Según Barbera, esa postura no tendría sentido para una institución cuyo papel es salvaguardar la libertad de expresión de artistas, críticos y público.
Sus declaraciones llegaron un día después de que Venecia restableciera la rueda de prensa del jurado, en medio de críticas de colectivos como Venice4Palestine, que había pedido a la organización una postura más firme sobre la guerra en Gaza. Barbera insistió en que el festival seguirá siendo un espacio abierto al debate, sin renunciar a proyectar cine que incomode.
Sin boicot a Israel
Barbera negó de forma rotunda que la ausencia de películas israelíes en la programación de este año responda a un boicot. Según explicó, Venecia solo recibió una propuesta procedente de Israel y decidió no invitarla por motivos de calidad, no por su origen. "No tenemos prejuicios contra nadie en ninguna parte del mundo", afirmó el director.
El responsable del festival añadió que, de haber llegado una cinta israelí o rusa de nivel suficiente, la habrían seleccionado sin dudarlo, asumiendo la reacción política que ello pudiera provocar. Esa disposición, dijo, forma parte del compromiso del certamen con la libertad artística por encima de cualquier cálculo.
El caso de Golden State Killer
El director también reveló que el festival estuvo cerca de incluir Golden State Killer, la controvertida película de Vincent Gallo protagonizada junto a James Franco. Barbera aseguró que le comunicaron al equipo que la cinta les gustaba mucho, aunque advirtieron que generaría opiniones encontradas.
Venecia ofreció a la producción participar fuera de competición, pero Gallo rechazó la propuesta porque prefería competir por el León de Oro. Barbera precisó que la posible controversia no tenía que ver con la presencia de Franco, sino con el tono provocador habitual del cineasta.
El director recordó que Venecia ya ha programado en el pasado obras de Roman Polanski y Woody Allen, algo que atribuye al prestigio acumulado por la Bienal. Preguntado sobre un posible regreso de Allen, que prepara un rodaje en Madrid, Barbera respondió con humor que todo dependerá de la calidad de la próxima cinta.
Sobre la escasa presencia estadounidense en esta edición, Barbera explicó que Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu con Tom Cruise, fue la única lista a tiempo, y que su estudio prefirió un estreno mundial sin pasar por festivales. Otros títulos, como The Social Reckoning, de Aaron Sorkin, y el proyecto de David Fincher, se retrasaron por rodajes adicionales y posproducción.
El festival abrió sus puertas con Ink, el drama de Danny Boyle sobre el nacimiento del imperio mediático de Rupert Murdoch, protagonizado por Jack O'Connell, Guy Pearce y Claire Foy.
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