El Festival de Cine de El Gouna, en Egipto, ha arrancado su novena edición con una selección de títulos internacionales, entre ellos varias películas premiadas en Cannes, y con el glamour del mar Rojo que forma parte de su sello. Sin embargo, su cofundador y director ejecutivo, Amr Mansi, tiene la mirada puesta mucho más allá de la alfombra roja.
Su objetivo es ampliar la ambición del certamen en el terreno profesional y tejer nuevas alianzas para que El Gouna se convierta en un actor clave del cine regional durante todo el año, no solo en los nueve días que dura el evento. “Queremos que la industria sea nuestra heroína”, resume Mansi en una entrevista con Variety, donde explica que buscan construir un ecosistema con cineastas y creadores sin renunciar al brillo que atrae a patrocinadores y visibilidad.
Esa expansión tiene nombre propio: CineGouna, el brazo industrial del festival, que crece en financiación, formación de talento y mercado, y que este año da el salto por primera vez a la televisión y las series de streaming.
CineGouna crece en cifras y en formatos
El programa de financiación recibió más de 310 propuestas de todo el mundo árabe y seleccionó 13 proyectos en desarrollo y seis películas en posproducción. A ello se suma una nueva iniciativa, Egyptian Voices, que respalda cuatro proyectos locales en su presentación, empaquetado y coproducción.
La gran novedad es CineGouna Series, impulsada por la guionista egipcia Mariam Naoum, directora del Foro CineGouna. Su nuevo laboratorio de desarrollo y mercado atrajo más de 125 propuestas para apenas seis plazas, una muestra del interés que despierta la ficción seriada en la región.
El festival mantiene además su lema de cine para la humanidad, visible en Safe Harbour MENA, un programa que lleva a cuatro cineastas desplazados de la región a El Gouna para formarse y hacer contactos. “Intentamos ser la voz de quienes no la tienen”, subraya Mansi.
Alianzas, público y un futuro sin calendario
Para Mansi, consolidar el festival como centro neurálgico de la industria tiene un fin muy concreto: conseguir más dinero para apoyar a más cineastas. Los socios comerciales son cada vez más importantes en esa ecuación, con patrocinadores que otorgan subvenciones directas a los creadores, algo que, según reconoce, era impensable hace cinco o seis años.
En agosto, el certamen firmó una alianza estratégica con el Festival de Cine de Zúrich para colaborar en la programación y compartir películas, talentos y miembros del jurado. El objetivo es replicar este modelo con otros eventos y facilitar que los nuevos cineastas se muevan entre festivales y desarrollen su carrera a escala internacional.
El público también responde. El año pasado se vendieron más de 40.000 entradas y se emitieron más de 7.000 acreditaciones, con una asistencia un 30 % superior a la de la edición anterior. Para llegar más lejos, parte de la programación viaja al cine Zawya de El Cairo, la cadena Al Nahar ofrecerá cobertura diaria y varias clases magistrales se emitirán en sus plataformas digitales.
Con la décima edición a la vuelta de la esquina, Mansi aspira a crear un punto de encuentro permanente para la industria que apoye a los cineastas y prolongue el alcance del festival mucho después de cada edición.




