Sebastian Stan llegó al Festival de Cine de Nueva York con algo más que una película bajo el brazo. El actor presentó Fjord, el nuevo drama de Cristian Mungiu, con un discurso en el que pidió al público mirar hacia dentro antes de juzgar a los demás, una idea que atraviesa toda la historia.
La proyección tuvo lugar el domingo por la noche en el Alice Tully Hall, meses después de que la película causara sensación en Cannes. Allí recibió una ovación de diez minutos y se llevó la Palma de Oro, el séptimo triunfo consecutivo de Neon, la distribuidora que la compró para Norteamérica un año antes de su paso por el certamen francés.
En Fjord, Stan interpreta a un padre rumano y conservador que se traslada con su familia al pueblo natal de su esposa, a la que da vida Renate Reinsve, una localidad noruega remota y de mentalidad progresista. Todo se tuerce cuando los servicios de protección infantil reciben un aviso sobre unos leves moratones en los dos hijos mayores. La pareja pasa a ser sospechosa de maltrato, las autoridades retiran a los cinco niños del hogar y la familia queda expuesta a un escrutinio constante.
Un llamamiento a la duda
Al presentar la película, Stan habló sin rodeos sobre el momento que vive el mundo. Defendió la necesidad de tener el valor de reconocer los propios defectos, sean cuales sean nuestras creencias, y de pensar en cómo esos defectos condicionan la forma en la que juzgamos a otros. También vinculó esa reflexión con la crianza de los hijos, a quienes, según dijo, en última instancia servimos.
El actor cerró su intervención con una frase que resume el espíritu del filme: hay algo más que simplemente tener razón. Para Stan, la duda sigue siendo útil y la sutileza forma parte de la naturaleza humana, dos ideas que chocan con la rapidez con la que hoy se emiten juicios.
Una promesa que nació en la misma sala
Tras la proyección, Stan participó en un coloquio junto a Mungiu, con quien coincidió por primera vez en ese mismo auditorio hace una década. Fue en 2016, durante el pase de Los exámenes, otra película del director rumano protagonizada por un padre. El intérprete, que dejó Rumanía siendo niño y se instaló en Estados Unidos a los 12 años, acudió entonces con su madre.
Esa noche, según recordó, se giró hacia ella y le dijo que tenía que volver a su país, rodar una película en rumano y trabajar con Mungiu. Diez años después, ese deseo se ha cumplido. Con humor, la estrella de Marvel imaginó a su madre comentando que, por fin, había interpretado a su abuelo.
Por su parte, Mungiu explicó que la historia se inspira en varios casos reales ocurridos en países escandinavos, que a su juicio a veces se presentan injustamente como los lugares más felices para vivir. Al investigarlos, detectó un patrón: familias de sociedades más conservadoras que llegaban a la región y veían cómo se tomaban decisiones sobre sus hijos a partir de suposiciones, sin certeza de que hubiera existido violencia. El cineasta confía en que la película fomente la tolerancia hacia las minorías, incluso cuando no se comparte su opinión. Fjord llega a los cines estadounidenses el 9 de octubre.




