La terapia hormonal para la menopausia vive una paradoja difícil de explicar: mientras una revisión científica publicada en Science refuerza las ventajas de determinadas formas de administrar estradiol, algunas de esas presentaciones se han convertido en productos difíciles de encontrar en las farmacias españolas. El problema no es que falte evidencia sobre las diferencias entre tratamientos, sino que la disponibilidad de la opción considerada más favorable en determinados perfiles se ha deteriorado.
La revisión, elaborada por investigadoras del Centro de Adicciones y Salud Mental de la Universidad de Toronto, pone el foco en una cuestión que durante años quedó simplificada: no existe una única terapia hormonal para la menopausia. Hay más de 200 combinaciones posibles si se tienen en cuenta la hormona utilizada, la cantidad, la frecuencia, el momento de inicio y la vía de administración.
Entre todas esas posibilidades, las autoras destacan las formulaciones que permiten administrar estradiol a través de la piel. Los parches, geles y esprays evitan el primer paso del medicamento por el hígado y permiten utilizar dosis menores. Además, los estudios revisados apuntan a un riesgo de trombosis entre dos y cuatro veces inferior al observado con el estradiol administrado por vía oral.
La diferencia resulta especialmente relevante porque la elección del tratamiento no es una cuestión puramente comercial. La vía de administración modifica cómo se comporta el estradiol en el organismo y, por tanto, forma parte del equilibrio entre beneficios y riesgos que debe valorar cada paciente junto con su médico.
El problema aparece cuando la opción recomendada no está disponible
En España, precisamente las presentaciones transdérmicas atraviesan dificultades de suministro. Lenzetto, un espray de estradiol, permanece en falta desde marzo; Evopad ha sufrido problemas de abastecimiento y Estradot dejará de comercializarse. Mientras tanto, Oestraclin, en formato gel, constituye la alternativa transdérmica disponible, aunque no está financiado por la Seguridad Social y su precio es muy superior al que tenía Lenzetto.
La consecuencia es que una cuestión que debería resolverse principalmente en la consulta médica incorpora ahora otro elemento: qué medicamento puede encontrarse realmente en una farmacia. Las autoridades sanitarias y los especialistas estudian distintas soluciones, entre ellas priorizar las presentaciones transdérmicas para las mujeres que ya las utilizan y recurrir a otras opciones para las nuevas pacientes cuando no exista una contraindicación.
Cataluña ha planteado otra posibilidad: permitir que las farmacias preparen estradiol mediante fórmulas magistrales. Sin embargo, esta alternativa tampoco elimina todas las dudas. La absorción a través de la piel no depende exclusivamente de la cantidad de estradiol, sino también de los excipientes y de la formulación utilizada.
La propia evidencia citada por las autoridades sanitarias señala diferencias importantes entre algunas fórmulas elaboradas en farmacia y los medicamentos autorizados. Las primeras pueden conseguir una absorción menor y más variable, una circunstancia que complica el ajuste preciso de la dosis.
La mala reputación de la terapia hormonal tiene un origen concreto
Parte de la desconfianza que todavía rodea a estos tratamientos procede de un gran estudio publicado en 2002: el Women’s Health Initiative. El ensayo encontró un aumento de determinados riesgos con una combinación específica de estrógenos equinos conjugados por vía oral y medroxiprogesterona.
El problema posterior fue que sus resultados terminaron asociándose durante años con la terapia hormonal en general, pese a que existen diferencias importantes entre hormonas, dosis, vías de administración y perfiles de las pacientes. Las prescripciones descendieron más de un 60% después de la publicación de aquellos resultados.
La revisión de Science vuelve a poner sobre la mesa esa distinción. No significa que la terapia hormonal sea adecuada para todas las mujeres ni que esté exenta de riesgos. Significa que evaluar el tratamiento como si todas las opciones fueran equivalentes puede ocultar diferencias relevantes.
También hay señales interesantes sobre otros posibles efectos del estradiol transdérmico. Algunos estudios recientes apuntan a beneficios sobre la memoria episódica y un ensayo encontró un aumento del volumen de la corteza prefrontal en mujeres tratadas por esta vía. Sin embargo, las propias investigadoras advierten de que se trata de estudios pequeños y que estos resultados todavía no permiten establecer conclusiones definitivas.
Una etapa de la vida que sigue teniendo un problema de investigación
El debate adquiere otra dimensión cuando se observa la magnitud de los síntomas asociados a la menopausia. Los sofocos son solo una parte del problema. Se han descrito hasta 72 síntomas y muchas mujeres experimentan varios simultáneamente durante la transición menopáusica.
Los cambios cognitivos y emocionales también tienen un peso considerable. La niebla mental y las alteraciones del estado de ánimo pueden afectar hasta al 80% de las mujeres durante esta etapa, según los datos recogidos en la revisión. Sin embargo, el conocimiento científico sobre la menopausia continúa siendo mucho menor que el disponible sobre otras etapas y problemas de salud.
La investigación citada por las autoras refleja esa desigualdad: solo el 0,2% de la inversión pública destinada a investigación sanitaria en Norteamérica durante un periodo de 15 años se dedicó a la menopausia.
España afronta ahora una contradicción añadida. Mientras la investigación insiste en que la elección de la terapia debe individualizarse y que la vía de administración importa, las dificultades de suministro pueden reducir en la práctica el abanico de opciones disponibles.
La escasez, por tanto, no es únicamente un problema logístico. Puede terminar condicionando decisiones clínicas que deberían depender de las características, necesidades y riesgos de cada mujer. El reto para el sistema sanitario pasa por recuperar el acceso a las distintas formulaciones y evitar que la disponibilidad de un medicamento termine pesando más que la evidencia utilizada para elegirlo. @mundiario




