El reclutamiento de centroamericanos y latinoamericanos para el conflicto armado entre Rusia y Ucrania se ha convertido en una pesadilla silenciosa para decenas de familias.El caso de Gabriela Sandoval: la oferta millonaria en internet y el contrato en RusiaEl antecedente de las fugas en abril y la red de trata de personas
A través de entrevistas exclusivas con Infobae, Gabriela Sandoval y Rocío Medina rompieron el silencio para relatar, desde dos realidades y casos completamente distintos, cómo sus respectivos hermanos hondureños fueron arrastrados a miles de kilómetros de casa, atrapados en una red de engaños, opacidad y guerra.
El drama del reclutamiento de hondureños en Rusia no responde a un solo patrón, pero sí a un mismo detonante: la vulnerabilidad económica de familias que buscan desesperadamente una salida. Mientras el hermano de Gabriela Sandoval partió seducido por ofertas millonarias en internet, el caso del hermano de Rocío Medina revela una variante aún más cruel del engaño.
Medina comentó a Infobae que la decisión de su hermano, Wilfredo Lemuel Medina Zelaya (36 años), de partir hacia Rusia estuvo empujada por la asfixia económica y la urgencia de pagar el tratamiento médico de su hija de dos años, quien sufre graves cuadros convulsivos.
Según relató Rocío a este medio: “Mi hermano sí se va engañado, incluso que iba para una empresa relacionada con construcción de arpones, elaboración de arpones de pesca. Pero ya estando allá, sucedió que lo mandan al ejército.”
Esta falsa oferta de empleo fue el gancho perfecto para arrebatarlo de su hogar en El Progreso, entrelazando su destino con el de otros compatriotas como el hermano de Gabriela que terminaron atrapados bajo la misma maquinaria de guerra en territorio ruso.
El proceso de salida fue vertiginoso. Los intermediarios del viaje fueron identificados por la familia como presuntos reclutadores de origen colombiano llamados Dani y Dayana. El joven comunicó su partida solo tres días antes de abordar el avión:
Su trayecto incluyó escalas en Panamá y Estambul antes de tocar suelo ruso a inicios de mayo. Una vez allí, fue despojado de su dinero e ingresos iniciales y sometido a un aislamiento de quince días en condiciones precarias de alimentación. Le confiscaron su teléfono móvil y lo obligaron a firmar documentos en idioma ruso que no podía comprender.
La última vez que se comunicó con su esposa fue el 10 de julio de 2026. Afectado emocionalmente y consciente del peligro inminente, logró transmitir su destino final: “Él le dijo que al parecer lo iban a enviar al Batallón Oriental, al Dombás… que es la zona más caliente.” Desde esa llamada, la familia Medina no ha vuelto a tener ninguna noticia sobre su estado o paradero.
El caso de Gabriela Sandoval: la oferta millonaria en internet y el contrato en Rusia
El segundo caso es el del hermano de Gabriela Sandoval, Héctor Gabriel Sandoval Zuniga de 31 años originario de San Ignacio, Francisco Morazán, y padre de una niña de tres años. En su caso, el contacto no fue a través de una oferta laboral pesquera, sino mediante un portal de internet donde se le ofreció un contrato con sumas de dinero sumamente elevadas.
Gabriela detalló las promesas económicas que sedujeron a su hermano: “Aquí decía: pago inicial quince mil seiscientos USD… Salario mensual desde tres mil ochenta y ocho… Bono en zona de combate treinta mil por día… Indemnización por lesiones o fallecimiento hasta ciento cincuenta mil.”
Pese a que la familia intentó disuadirlo tras enterarse de la propuesta, el joven tomó la decisión de viajar solo el 4 de mayo de 2026, siguiendo una ruta de tránsito similar por Panamá y Turquía hasta arribar al Aeropuerto Internacional de Kazán, en Rusia.
Durante sus primeras semanas en territorio ruso, el joven mantenía breves llamadas diarias con su familia mientras realizaba entrenamientos matutinos. Sin embargo, las trabas para descargar la aplicación exigida por los reclutadores para enviar dinero a Honduras derivaron en la firma forzosa de documentos en papel.
El punto de inflexión ocurrió un mes después de su llegada. El 15 de junio de 2026, envió un último mensaje que encendió todas las alarmas en el hogar de las Sandoval:
“Hoy me separaron del grupo de compañeros. No sé si me van a dejar en algún taller o a saber, porque hasta el arma ya me la guardaron.” Ese texto representó la última interacción. Tras esa fecha, se perdió todo rastro de su paradero.
El antecedente de las fugas en abril y la red de trata de personas
Los casos de los hermanos de Rocío y Gabriela no son hechos aislados. Justo cuando estos jóvenes realizaban sus trayectos a finales de abril e inicios de mayo, en Honduras resonaba la noticia de cinco hondureños que lograron escapar de campos de entrenamiento en Rusia tras percatarse de que serían enviados a combatir al frente. En aquella ocasión, la Cancillería hondureña logró intervenir para su repatriación.
Sin embargo, para Gabriela y Rocío el camino institucional ha sido sumamente desgastarte. Al cumplirse 15 días sin comunicación, la familia Sandoval acudió el 30 de junio a la Cancillería para interponer la denuncia correspondiente. Allí, la respuesta inicial fue contundente respecto al portal donde se inscribió el joven:
“Cuando fuimos a Cancillería… allá nos dijeron que esa página era página de trata de personas.” A pesar de esta admisión, las autoridades han argumentado limitaciones legales para actuar, señalando que la firma de contratos militares impide el acceso a información por ser catalogada como “confidencial” por el gobierno ruso.
Sin respuestas claras y enfrentando el hermetismo diplomático, tanto Gabriela Sandoval como Rocío Medina han decidido coordinar esfuerzos con comités internacionales de búsqueda de ciudadanos latinoamericanos desaparecidos o prisioneros en el conflicto ruso-ucraniano.
En esta entrevista exclusiva con Infobae, ambas hermanas hacen un llamado urgente al Gobierno de Honduras y al cuerpo diplomático para que activen canales extraordinarios de verificación humanitaria.
Su exigencia es clara: determinar si sus hermanos se encuentran con vida, si están en centros médicos de atención o en campos de prisioneros, y coordinar las gestiones diplomáticas necesarias para rescatarlos de la guerra y traerlos de vuelta a casa.




