Onslaught, la nueva película de Adam Wingard, llega este viernes de la mano de A24 como un thriller de acción con estética ochentera. La historia sigue a una veterana de guerra, interpretada por Adria Arjona, que debe proteger a su hija cuando su parque de caravanas es atacado por un trío de supersoldados mejorados por el gobierno. El propio director admite que, si pudiera cambiar algo, sería añadir todavía más violencia gráfica a una trama ya de por sí brutal con los habitantes del desierto.
Pese a la dureza de las imágenes, Wingard asegura que A24 le dio total libertad creativa y que, sorprendentemente, nunca tuvo que suavizar ninguna escena. Según explica, la película logra un equilibrio entre la violencia divertida y la perturbadora sin caer en lo tortuoso, algo que atribuye al tono general de la historia más que a un exceso calculado de crudeza.
Un regreso a sus raíces independientes
Antes de dirigir superproducciones como Godzilla vs. Kong y Godzilla x Kong: The New Empire, Wingard se dio a conocer con You're Next y The Guest, protagonizada por Dan Stevens. Tras "una década trabajando sin descanso en el sistema de estudios", el cineasta sintió que había llegado el momento de retomar el tipo de cine que mejor lo representa. Según cuenta, Onslaught nació con la idea de cerrar una trilogía informal junto a esas dos primeras películas, todas escritas junto a su colaborador habitual Simon Barrett.
El director explica que Onslaught combina el espíritu de asedio de You're Next con la influencia de terror slasher de The Guest. A ese punto de partida se sumó un tema personal: Wingard se convirtió en padre mientras rodaba la última cinta de Godzilla, y esa experiencia terminó filtrándose en la historia de un padre que aprende a serlo en medio del caos.
Uno de los elementos más llamativos del filme es la relación entre el personaje de Dan Stevens, un científico alemán casi irreconocible, y el de Rebecca Hall, que interpreta a su dominatrix. Wingard cuenta que la idea surgió de una sugerencia del propio Stevens, que sintió que a su personaje le faltaba mostrarse sumiso ante su pareja, lo que terminó cambiando buena parte del tono de esa subtrama.
Un paralelismo involuntario con la actualidad
Más allá de la paternidad, el director reconoce que la película toca temas como el estrés postraumático militar, los programas secretos y el legado de operaciones como el Proyecto Paperclip. Ninguno de esos elementos, asegura, fue pensado como comentario directo sobre la actualidad, aunque sí reflejan su propia visión sobre el complejo militar-industrial.
Lo que sí tomó a Wingard por sorpresa fue el parecido entre los supersoldados enmascarados de la película y las imágenes recientes de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas que circularon meses después de rodar la cinta. El director recuerda haber visto una fotografía de varios agentes equipados frente a un vehículo y haber pensado de inmediato en la escena de sus propios antagonistas frente a un camión, una coincidencia que atribuye al instinto colectivo que suele anticipar el terror de género.
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