¿Por qué soy liberal? Devolviendo el sentido originario de la célebre expresión de Indalecio Prieto, puedo decir que soy liberal "a fuer" de haber sido socialista. Porque ser liberal es defender un sistema democrático que acepta la diversidad frente a la corrupción socialdemócrata.
Ortega y Gasset ya definió el liberalismo como "la suprema generosidad. El más noble grito que ha sonado en el planeta. La decisión de convivir con el enemigo; más aún, con el enemigo más débil" (La rebelión de las masas, 1931).
Por tanto, el liberalismo trata de la defensa de los derechos humanos, de las minorías, de la igualdad ante la ley, de la libertad religiosa, de la libertad de prensa y de expresión, de la independencia judicial y de una economía responsable que compagine el mercado libre, pero que corrija sus fallos y actúe racionalmente sobre la base de los principios de igualdad de oportunidades y de eficiencia, frente al despilfarro de la socialdemocracia.
Por encima de todo, ser liberal es tener un espíritu reformista, defender el pluralismo, ser dialogante y tolerante, y alejarse de toda postura sectaria o reduccionista, que tanto define a una socialdemocracia en decadencia. Solo entendiendo la complejidad de nuestra sociedad y desde un punto de vista pragmático se pueden tomar decisiones que beneficien al individuo y, por ende, al bien común.
Las nuevas dinámicas y estrategias de comunicación suponen un desafío para la sociedad, conduciéndola hacia nuevas formas de populismo en el siglo XXI. Precisamente por ello estoy con José María Lassalle en su libro de 2021, El liberalismo herido.
Está claro que estamos viviendo momentos delicados en los que hay que defender una nueva forma de hacer política que sitúe los principios liberales en el centro de las decisiones públicas. @mundiario




