Ahora Youtube ya no quiere ser un Netflix, quiere volver a ser Youtube tradicional

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Por LosMocanos   
Lunes, 31 de Diciembre de 2018

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Youtube ha decidido llevar a cabo un cambio radical en su estrategia de contenidos. Su servicio de SVOD (nacido como Youtube Red, rebautizado después como Youtube Premium) tiene los días contados, apenas 3 años después de su puesta en marcha. Todo el contenido original, hasta ahora cerrado al pago de una suscripción mensual, pasará a su servicio gratuito de manera gradual, en un proceso que la compañía espera completar en 2020.

 

La noticia se recibió con sorpresa y cierta preocupación. Sin duda no es el primer fracaso de la historia en este ámbito, pero es la primera vez que un gigante tecnológico se repliega tras constatar que para pelear en el concurrido patio del SVOD no es suficiente con ser grande, popular y tener dinero. La realidad es que el modelo de suscripción dentro del sector del vídeo digital comienza a mostrar signos de fatiga. Parafraseando a John Landgraf, hemos pasado del pico televisivo al pico over the top. Youtube simplemente ha sido de los primeros en darse cuenta.
El modelo de suscripción dentro del sector del vídeo digital comienza a mostrar signos de fatiga
Un poco de historia
«Move fast. Break things». La célebre frase con la que Mark Zuckerberg animaba a sus empleados se ha convertido en leitmotiv de esta nueva generación de negocios digitales, en donde la aceleración de la innovación y la velocidad en las decisiones estratégicas se ha convertido en algo necesario para la supervivencia. Ser rápido y disruptivo equivale a progreso. Si te apalancas, mueres.

El éxito de Youtube es incontestable. Las cifras así lo demuestran. Sus casi 2.000 millones de usuarios activos mensuales (1/3 de los usuarios totales de Internet) y los más de 5.000 millones de vídeos vistos al día lo han convertido en nombre propio del negocio del vídeo on line. La apuesta por un papel más activo en el (aparentemente) próspero negocio del SVOD parecía la evolución natural de una compañía que ya había hechos sus pinitos financiando contenido original a celebrities de la talla de Amy Poelher o Jay Z.

Los movimientos de Youtube en los últimos tres años son la mejor prueba de su firme voluntad de ser mucho más que un repositorio al que subir contenidos y ver vídeo de forma gratuita. El modelo de negocio tradicional, ese que todo el mundo tiene en mente cuando oye la marca, se le estaba quedando pequeño.

El flirteo de Youtube con el modelo de suscripción comenzaba en noviembre de 2014 con Music Key, un servicio beta que, por 9,99$ al mes, ofrecía ventajas no disponibles en la versión en abierto (como acceso al contenido sin publicidad y modo offline). Youtube ya había constatado sobradamente que una de sus principales ventajas competitivas era ser cantera de un talento capaz de movilizar grandes masas de audiencia a través sus canales. Los youtubers estrella comenzaban a capitalizar fuera de la plataforma la fama lograda en ella. Las posibilidades que les ofrecía el sector audiovisual convencional, preocupado por la fuga de las audiencias más jóvenes, eran muy lucrativas.

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La capacidad de Youtube para incubar este tipo fenómenos digitales con un gran poder de convocatoria fue el empujón que necesitaban para lanzarse a la producción de contenido original, que tan buenos resultados estaba dándole a los servicios de la competencia.

Por aquel entonces, Netflix y Hulu ya se habían hecho un hueco en el entretenimiento digital del norteamericano medio; Facebook había virado su estrategia para darle mayor peso y visibilidad al vídeo; y Vessel, la startup que ofrecía acceso anticipado con publicidad a vídeos de populares creadores de contenidos dentro de un modelo de suscripción, iniciaba su actividad.

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Sencillamente no podían quedarse atrás.

En 2015 Music Key pasaba a llamarse Youtube Red, un servicio de suscripción con el que los creadores de contenido se convertían en el eje de una nueva estrategia. Su target estaba claro: el heavy user de la plataforma, para el que ver vídeos en Youtube representaba su fuente principal de entretenimiento. Youtube actuaba como intermediario que conectaba a los creadores de mayor éxito con productores especializados, con capacidad para profesionalizar su contenido y llevarlos al siguiente nivel. El compromiso era total. De hecho, la compañía renunciaba al 55% del precio de la suscripción, que abonaba a los creadores a modo de compensación por la pérdida de beneficios publicitarios.

Pero Youtube no podía confiar en que el engagement con los youtubers habituales facilitaría una transición natural del modelo gratuito con publicidad al modelo de suscripción. Pagar por algo que el usuario estaba acostumbrado a tener gratis no era suficiente. Necesitaba el impulso de los contenidos. Especialmente de la ficción seriada.

Los primeros originales llegaron en 2016, con PewDiePie como punta de lanza con una serie de los creadores y productores ejecutivos de The Walking Dead. Poco después Youtube anunciaba a bombo y platillo que había conseguido los derechos para el reboot de 'Karate Kid', 'Cobra Kai', superando las ofertas hechas por Netflix, Amazon y Hulu.

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