La Organización Mundial de la Salud (OMS) afronta una de las transiciones más delicadas de su historia reciente y España aspira a desempeñar un papel protagonista. La médica asturiana María Neira figura entre los siete candidatos oficiales para dirigir el organismo a partir de agosto de 2027.
Su candidatura, presentada por el Gobierno español, llega en un contexto de restricciones presupuestarias, consecuencias pendientes de la pandemia de covid-19 y nuevos desafíos sanitarios relacionados con el cambio climático y las enfermedades emergentes.
Una española ante el desafío de reconstruir la confianza en la OMS
Neira cuenta con más de tres décadas de experiencia internacional y dirigió durante veinte años el Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS. También fue la primera presidenta de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), donde impulsó iniciativas para prevenir la obesidad y mejorar los hábitos alimentarios. Su trayectoria combina conocimiento técnico, gestión institucional y experiencia sobre el terreno, tres elementos especialmente relevantes para una organización sometida a un intenso escrutinio internacional.
Sin embargo, dirigir la OMS implica mucho más que coordinar políticas sanitarias. La institución atraviesa dificultades financieras agravadas por la retirada de Estados Unidos, históricamente uno de sus principales contribuyentes. La pérdida de financiación estadounidense no solo compromete determinados programas, sino que también refleja el deterioro de los consensos internacionales sobre salud pública. Para Neira, recuperar la cooperación con Washington constituye una de las prioridades que ha defendido públicamente.
La elección del próximo director general enfrenta siete perfiles con experiencias y prioridades diferentes. Entre los aspirantes figuran Hans Henri Kluge, responsable regional de la OMS para Europa; Hanan Balkhy, directora regional para el Mediterráneo Oriental; y Budi Gunadi Sadikin, ministro de Sanidad de Indonesia. También concurren representantes de Catar, China y Armenia. Esta diversidad evidencia que la dirección del organismo no depende únicamente de los méritos científicos, sino también de la capacidad de construir acuerdos entre países con intereses estratégicos distintos.
El problema de fondo es que la salud mundial se ha convertido en otro escenario de competencia geopolítica. La pandemia demostró hasta qué punto las decisiones sanitarias pueden verse condicionadas por rivalidades económicas, desigualdades en el acceso a las vacunas y disputas sobre la transparencia de la información. En este contexto, el próximo liderazgo deberá recuperar la credibilidad científica sin ignorar las tensiones políticas que condicionan la cooperación internacional.
El cambio climático y la prevención marcarán la próxima década
Uno de los principales elementos de la candidatura española es su enfoque preventivo. Neira ha defendido durante años que la salud no comienza en los hospitales, sino en las condiciones ambientales y sociales en las que viven las personas. La contaminación atmosférica, el acceso al agua potable, las temperaturas extremas y la expansión de enfermedades asociadas al clima representan amenazas que exigen políticas coordinadas más allá de los sistemas sanitarios tradicionales.
Esta perspectiva plantea una diferencia importante respecto a los modelos centrados exclusivamente en responder a las emergencias. Mientras las epidemias concentran la atención internacional cuando ya se han extendido, la prevención suele recibir menos visibilidad política y presupuestaria. La capacidad de anticipar riesgos, fortalecer los sistemas sanitarios y mejorar la comunicación científica será determinante para afrontar futuras crisis sin repetir los errores que quedaron expuestos durante la pandemia.
Una oportunidad para España, pero también una prueba para la cooperación mundial
La elección se celebrará en mayo de 2027 durante la Asamblea Mundial de la Salud, después de un proceso de selección que comenzará con el foro de candidatos previsto para los días 18 y 19 de noviembre de 2026. Aunque la candidatura de Neira supone una oportunidad para reforzar la presencia española en las instituciones internacionales, su amplia experiencia no garantiza el respaldo necesario para obtener el cargo.
La cuestión decisiva no será únicamente quién dirigirá la OMS, sino qué capacidad real tendrá la organización para responder a la próxima emergencia sanitaria. La candidatura de María Neira representa una apuesta por la prevención y la cooperación científica, pero el futuro del organismo dependerá también de que los Estados recuperen su compromiso financiero y político. En un mundo donde los virus atraviesan fronteras con mayor facilidad que los acuerdos diplomáticos, reconstruir la confianza en la salud pública constituye una necesidad que trasciende cualquier candidatura nacional. @mundiario
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