El presidente Emmanuel Macron advirtió este domingo que quienes intentaron “derrocar la República” durante las violentas protestas registradas el sábado deberán responder ante la justicia, en una jornada marcada por enfrentamientos, saqueos y daños a edificios públicos en distintas ciudades del país.
Durante un discurso dirigido a la nación, el mandatario condenó los actos violentos y aseguró que las personas responsables de los daños tendrán que asumir las consecuencias.
“Quienes saquearon deberán pagar por los daños, y quienes buscaron derrocar la República deberán rendir cuentas”, manifestó Macron.
El gobernante atribuyó parte de los disturbios a “elementos insurreccionales de grupos radicales de extrema izquierda, acompañados por numerosos delincuentes”. No obstante, distinguió entre los manifestantes que mantienen reivindicaciones legítimas y quienes participaron en actos de destrucción y saqueo.
Según los datos citados en el reporte, las protestas dejaron más de 2,000 personas detenidas, alrededor de 500 agentes heridos y más de 1,500 comercios afectados.
La violencia se extendió por París, Marsella, Lyon y Burdeos. En Limoges, el incendio del ayuntamiento, un edificio del siglo XIX, provocó el derrumbe de parte del techo y dejó la estructura cerca de la destrucción.
Macron también cuestionó los ataques contra las fuerzas del orden y pidió al Gobierno revisar los mecanismos de recopilación de información sobre estos acontecimientos. Asimismo, afirmó que las investigaciones se realizarán con firmeza y transparencia.
Investigaciones por heridos durante las protestas
Las autoridades abrieron investigaciones por lesiones graves sufridas durante las movilizaciones. En Mulhouse, la Fiscalía inició una causa luego de que una adolescente de 17 años perdiera un ojo, mientras que otra investigación comenzó tras la pérdida de una mano de un joven manifestante en Saint-Étienne.
Las estimaciones sobre la participación en las protestas también variaron. Las autoridades calcularon que unas 550,000 personas se manifestaron en todo el país, mientras que los organizadores situaron la cifra cerca de 800,000.
Las movilizaciones fueron convocadas por un sindicato, organizaciones estudiantiles y activistas que buscaban reactivar el movimiento de los chalecos amarillos, surgido en 2018 en rechazo a la injusticia social.
Dirigentes políticos reaccionan a los disturbios
Los hechos también provocaron reacciones entre los principales dirigentes políticos franceses, en medio de las tensiones de cara a las elecciones presidenciales previstas para la próxima primavera.
La líder de extrema derecha Marine Le Pen criticó al Gobierno de Macron, al que describió como agotado y desorientado. Por su parte, el dirigente de izquierda Jean-Luc Mélenchon cuestionó la estrategia del primer ministro, Sébastien Lecornu, aunque también rechazó los saqueos y la destrucción.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, relacionó los disturbios con la inmigración y afirmó que Francia estaba “ardiendo”. Sin embargo, las autoridades francesas no atribuyeron los hechos a los inmigrantes y señalaron a grupos radicales y a personas que aprovecharon las protestas para cometer saqueos.
En varias ciudades, los daños alcanzaron ayuntamientos, comercios, una comisaría y una oficina de turismo. Ante la magnitud de los incidentes, los alcaldes de París, Marsella y Lyon solicitaron una reunión con el primer ministro.
Macron prometió hacer rendir cuentas a quienes “intentaron derrocar la República” durante las violentas protestas en Francia




