La lucha contra el cáncer podría estar entrando en una nueva etapa. Moderna y Merck han conseguido resultados prometedores con una vacuna experimental diseñada a partir del tumor de cada paciente, un avance que no solo despierta expectativas entre los investigadores, sino que también podría transformar el mercado farmacéutico mundial.
El tratamiento, denominado intismeran autogene, utiliza tecnología de ARN mensajero para ayudar al sistema inmunitario a reconocer determinadas características de las células cancerosas. A diferencia de las vacunas tradicionales, no está pensado para prevenir la aparición del cáncer en personas sanas, sino para reducir el riesgo de que la enfermedad regrese después de una intervención quirúrgica.
Según informa 20minutos, las compañías anunciaron resultados positivos en un ensayo clínico de fase 3 con 1.137 pacientes operados de melanoma. Aunque todavía deben publicarse los datos completos, el avance supone un paso importante hacia una posible autorización sanitaria. En un estudio anterior, de fase 2b, la combinación de esta vacuna con Keytruda había reducido un 49 % el riesgo de recaída o muerte frente al uso exclusivo de ese medicamento.
El interés va mucho más allá de los laboratorios. Merck comercializa Keytruda, uno de los tratamientos más vendidos del mundo, que generó alrededor de 32.000 millones de dólares en 2025. Ante el próximo vencimiento de parte de su protección de patentes, la farmacéutica busca nuevas oportunidades de crecimiento. Moderna, por su parte, encuentra en la oncología una posibilidad de ampliar el alcance de la tecnología que la hizo conocida durante la pandemia.
Entre la esperanza médica y el negocio multimillonario
Las previsiones económicas reflejan la magnitud de las expectativas. Morningstar estima que el tratamiento podría alcanzar ventas conjuntas de 16.800 millones de dólares en 2035, mientras Bank of America contempla un escenario mucho más optimista, de hasta 54.000 millones anuales. Son proyecciones, no ingresos asegurados, y dependen de que la terapia demuestre su eficacia, obtenga autorizaciones y pueda utilizarse en otros tipos de cáncer.
Precisamente ahí aparece uno de los grandes desafíos. Moderna y Merck investigan aplicaciones en tumores de pulmón, riñón y vejiga, pero cada vacuna debe fabricarse de forma individualizada, a partir de las mutaciones presentes en el cáncer de cada paciente. Producir miles de tratamientos diferentes, en plazos adecuados y con controles de calidad, representa un reto industrial considerable.
A esa complejidad se suma el coste. Algunas estimaciones sitúan el tratamiento completo en torno a los 475.000 dólares por paciente. La cifra plantea una pregunta que trasciende los resultados clínicos: ¿podrán los sistemas sanitarios garantizar el acceso a una innovación de estas características o quedará limitada a quienes puedan financiarla?
La ciencia todavía tiene pruebas importantes por superar. Los resultados detallados de fase 3 deberán confirmar la magnitud del beneficio y aclarar si la terapia también prolonga la supervivencia. Después llegará la evaluación de las autoridades sanitarias, con la posibilidad de que las primeras autorizaciones se produzcan en 2027.
El verdadero éxito de esta vacuna no debería medirse únicamente por su capacidad para convertirse en el medicamento más vendido del mundo, sino por el número de pacientes que puedan beneficiarse de ella. Si consigue combinar eficacia, seguridad y acceso, su impacto podría ser mucho más importante que cualquier récord de ventas. @mundiario




