Whalefall llega a los cines con una premisa tan llamativa como arriesgada: un joven buceador que queda atrapado dentro de una ballena. La película, dirigida por Brian Duffield y protagonizada por Austin Abrams, aspira a hacer por los cetáceos lo que Tiburón hizo por los escualos, pero la crítica de Variety considera que se queda muy lejos de ese objetivo.
La historia sigue a Jay Gardiner, un joven que se sumerge frente a Monastery Beach, cerca de Monterey, en California, para buscar los restos de su padre fallecido. Durante la inmersión queda enredado en los tentáculos de un calamar gigante y, segundos después, un cachalote que se alimenta de esos animales se traga a ambos. A partir de ese momento, Jay debe sobrevivir en el interior de la criatura y evitar caer en la cavidad estomacal, donde los ácidos podrían disolverlo.
Una pesadilla más incómoda que aterradora
Según la reseña, la mayor parte del metraje transcurre literalmente dentro de la ballena, entre paredes viscosas iluminadas en azul y rojo. El resultado puede resultar asqueroso en algunos momentos y algo claustrofóbico, pero en ningún caso logra dar miedo. El crítico compara el escenario con una colonoscopia diseñada por H.R. Giger y califica los efectos visuales de simplemente pasables.
El texto también lamenta que el protagonista apenas tenga con quién interactuar. En un momento dado, Jay utiliza una medusa engullida por el cetáceo para iluminar su camino, lo más parecido a un compañero que encuentra en toda la odisea. Para la publicación, la experiencia se vuelve más tediosa que emocionante.
Una adaptación que pierde el rumbo
La película adapta la novela homónima de Daniel Kraus, publicada en 2023, que se convirtió en un éxito de ventas y recibió excelentes críticas. Sin embargo, la versión de Duffield es descrita como un thriller kitsch y torpemente literal, lleno de risas involuntarias. El héroe pasa buena parte del tiempo jadeando y emitiendo gruñidos, lo que impide conectar emocionalmente con él.
La interpretación de Austin Abrams también recibe reproches. El actor, que brilló en el gran éxito de terror Resident Evil de Zach Cregger, aparece aquí como un universitario apocado que nunca demuestra tener lo necesario para salir del aprieto. El dato curioso es que, en cuestión de un mes, Abrams ha protagonizado dos películas en las que lucha contra tentáculos carnosos.
Por su parte, Josh Brolin interpreta a Mitt, el padre de Jay, un marinero tatuado, bebedor y autoritario que educa a su hijo con dureza extrema. La crítica lo compara con Quint, el personaje de Robert Shaw en Tiburón, aunque con una dosis mucho mayor de crueldad. Los flashbacks de esa relación tóxica salpican todo el relato y, en la segunda mitad, Jay descubre que las lecciones de su padre son justo lo que necesita para escapar.
El título hace referencia al fenómeno por el que el cadáver de una ballena se hunde en el fondo marino y da vida a un ecosistema entero. Una idea poderosa que, según Variety, no basta para rescatar un thriller que nunca consigue salir a flote.




