Por Carlos A. Guzmán F.
OPINIÓN.-Existe una pregunta antigua, escrita hace miles de años en el primer capítulo del Génesis, que no estaba dirigida a la geografía, sino al alma humana. Tras el primer error de la historia en el Jardín del Edén, Dios llama al ser humano y le dice esta frase: ¿Dónde estás?
Dios no necesitaba una ubicación. Dios estaba abriendo una puerta. Una oportunidad para que el ser humano mirara dentro de sí y dijera: “Me equivoqué. Asumo la culpa”. Pero ¿qué respondió Adán? “Fue la mujer que me diste”. Y la mujer dijo: “Fue la serpiente”.
Ese día, no solo perdimos el Edén. Nació el hábito más destructivo de nuestra especie: el arte de culpar a otros. Adán y Eva inauguraron los dos mecanismos que destruyen nuestro potencial: la proyección y la racionalización.
“No fui yo. fue mi infancia. No fui yo, fue mi pareja, el tránsito, la economía, el destino”. El autoengaño protege al ego por un instante, pero paga un precio altísimo: te convierte en víctima de tu propia vida. Si la culpa de tu dolor o de tu estancamiento siempre la tiene alguien más, entonces el poder de cambiar tu vida también lo tiene alguien más.
Tú no eres esclavo de tus emociones ni de tus circunstancias. Fuiste creado como un ser único. Con un mapa de fortalezas y grietas que nadie más tiene. Nadie puede cumplir tu propósito por ti. Nadie va a levantarse a construir tus sueños por ti.
Asumir la responsabilidad no significa cargarse de culpa ni castigarse. Responsabilidad significa capacidad de responder. Tomar el timón y decir: “Esto es lo que me tocó, pero esto es lo que decido hacer con ello”. No sigas exigiendo tantos derechos para ti, primero cumple con tus deberes.
Hoy, en este preciso momento, esa misma pregunta vuelve a resonar para ti y para mí: ¿Dónde estás? ¿Estás en el lugar de quien justifica sus ausencias y señala con el dedo? ¿O estás listo para dar un paso al frente?
La verdadera libertad, la sanación de tu autoestima, empieza en el segundo exacto en que dejas de buscar culpables y empiezas a buscar soluciones. No importa cuántas veces te hayas caído ni cuántos errores hayas cometido en el pasado. Hoy empieza tu propio comienzo.
Asume la responsabilidad de tus actos, de tus decisiones y de tu felicidad. Porque cuando dejas de poner excusas, finalmente empiezas a tomar el control de tu destino. El primer paso para cambiar tu vida no es cambiar a los demás, sino dejar de culparlos.




