¿Qué ocurre cuando el derecho a amar a quien uno quiera se convierte en un acto de resistencia? Esa es la pregunta que plantea Sami Hawka, cineasta de origen peruano, en Afuera todo arde, su nuevo largometraje en desarrollo, ambientado bajo una dictadura ficticia en el Perú contemporáneo.
La historia transcurre en una comunidad rural conservadora donde dos miembros de una relación poliamorosa de tres personas se casan para guardar las apariencias. Cuando el tercer amante deja al descubierto el vínculo, la pareja huye a la capital y termina envuelta en una rebelión contra el régimen.
Allí descubren que su lucha por la libertad personal es inseparable de otras batallas: los derechos indígenas, la defensa de las comunidades marginadas y la igualdad económica. El proyecto ha sido seleccionado para el Foro de Coproducciones Business Hub del Festival Internacional de Cine de Vancouver (VIFF) y para el Queer Palm Lab, programa de desarrollo vinculado al Festival de Cannes.
Una historia con raíces personales
En declaraciones a Variety, Hawka explica que los protagonistas viven en su propia burbuja y que, al salir de ella, comprenden que sufren formas de opresión que van más allá de la homosexualidad y el poliamor. La rebelión, añade, reúne también a pueblos y movimientos indígenas que reclaman sus derechos, algo que conecta con la historia colonial de Perú y sus consecuencias.
El relato es, además, una extensión de su propia experiencia como persona no binaria con raíces indígenas. Hawka pasó buena parte de su infancia en Cusco, en la sierra andina, donde asistió a una escuela intercultural, aprendió quechua y estableció vínculos con ancianos y tradiciones espirituales indígenas. Esa etapa moldeó tanto su comprensión del género como su forma de hacer cine.
Según Hawka, el colonialismo también borró la existencia de sociedades con más de dos géneros, un legado que las nuevas generaciones intentan recuperar. En Perú, recuerda, se conservan cerámicas arqueológicas que representan encuentros homosexuales entre chamanes en contextos rituales sagrados.
El poder como eje del relato
En esencia, la película aborda cómo los sistemas autoritarios restringen la capacidad de las personas para decidir sobre sus propias vidas. Para Hawka, el poder puede invisibilizar y oprimir por clase social, género, raza o privilegios económicos, y el castigo social es también una forma de ejercerlo.
Con el tiempo, los personajes entienden que su marginación los une a una lucha mayor y que solo serán libres si se suman a la resistencia. Es, en palabras de Hawka, una cuestión colectiva.
En lo visual, la propuesta contrapone escenas contemplativas en el campo, con luz natural y un tono casi documental, al ruido, los colores intensos y el caos de la ciudad. La intención es retratar los espacios tal como son en realidad.
La productora peruana FILMA+ desarrolla la cinta como coproducción internacional y busca ahora socios para su financiación. El reparto aún no está cerrado y hay conversaciones abiertas con posibles productores. Tras un periodo de estancamiento, el proyecto ha dado recientemente un gran salto.




