Digger no ha conquistado a los cinéfilos, y los números lo confirman. La comedia negra de Tom Cruise y Alejandro G. Iñárritu recaudó apenas 8 millones de dólares en Norteamérica y 20 millones en todo el mundo durante su primer fin de semana, muy por debajo de los 12 a 15 millones que se esperaban solo en Estados Unidos.
Con un presupuesto de producción de entre 160 y 180 millones, al que se suman otros 100 millones en marketing, Warner Bros. necesitaría unos 350 millones en taquilla mundial para no perder dinero, según ejecutivos consultados por Variety. El estudio rebaja esa cifra a 300 millones, pero ninguna de las dos parece alcanzable. La película perdería entre 150 y 200 millones, un triste cierre para el último estreno independiente de Warner antes de su fusión con Paramount.
Las críticas pesaron más que la estrella
El nombre de Cruise no ha bastado para vender una sátira ambiental para adultos sobre un magnate petrolero que provoca un desastre global. Digger obtuvo un 51 % en Rotten Tomatoes y una nota C+ en CinemaScore. Warner intentó convertir la negatividad en reclamo con anuncios que invitaban al público a juzgar por sí mismo, una idea ingeniosa en redes que no se tradujo en entradas vendidas.
Los copresidentes del estudio, Michael De Luca y Pamela Abdy, han apostado por el cine de autor con resultados desiguales. Los pecadores fue un éxito con 371 millones frente a 90 de presupuesto, pero Joker: Folie à Deux, Mickey 17 y ¡La novia! dejaron fuertes pérdidas. El currículo de Iñárritu, con Birdman y El renacido, y el historial de Cruise justificaban la inversión, aunque hoy ni ese pedigrí garantiza carta blanca.
Tampoco funcionó fuera de Estados Unidos. Las películas de Cruise suelen hacer la mayor parte de su recaudación en el extranjero, y Warner llegó a sugerir que solo el público estadounidense había rechazado la cinta. Los datos lo desmienten: apenas 12 millones de dólares en 73 mercados internacionales.
Una promoción sin acrobacias
Cruise acostumbra a vender Misión imposible o Top Gun con sus escenas de riesgo, desde escalar el Burj Khalifa hasta pilotar cazas reales. Esta vez, su gran hazaña fue pasar seis horas en la silla de maquillaje para transformarse físicamente. Su gira de prensa incluyó el podcast New Heights, su primera portada en dos décadas para GQ y una visita a The Jennifer Hudson Show, pero esquivó cualquier pregunta incómoda y terminó polarizando al público.
El marketing tampoco ayudó. Los primeros avances funcionaron como un homenaje a sus 46 años de carrera, con imágenes de Top Gun, Jerry Maguire o Algunos hombres buenos. Resultó una elección curiosa, ya que Iñárritu presentó la película como una carta de amor a las nuevas generaciones, muchas de las cuales ni siquiera habían nacido cuando esos títulos llegaron a los cines.
La lección para Hollywood no es renunciar al riesgo creativo, sino medir mejor cuánto se invierte en él. El fracaso de Digger demuestra que ni la mayor estrella del planeta puede sostener por sí sola una propuesta que no conecta con el gran público.




